Sabio y patriota

Habrá quienes busquen velados impulsos en la abdicación del Rey. Sin embargo, creo que las grandes decisiones, aquellas que tienen dimensión trascendente, hay que analizarlas a la luz de la historia grande, no a la sombra de historietas. Por eso, querría subrayar dos de las características que concurren en la decisión del Rey: la sabiduría y el patriotismo.

No son rasgos que descubra yo ahora en la personalidad de Don Juan Carlos. A lo largo de mi trayectoria, he tenido el honor de tratar con el Rey desde dos posiciones privilegiadas: la Presidencia del Congreso y el Ministerio de Defensa. En la primera, Don Juan Carlos me recordó que al presidente de las Cortes le corresponde constitucionalmente el consejo al Rey sobre las grandes decisiones que afectan a la Corona. Al llegar al Ministerio de Defensa, tenía bien claro que el carácter de mando supremo de las Fuerzas Armadas que al Rey atribuye la Constitución no era mera retórica porque, en efecto, Don Juan Carlos, con escrupuloso respeto al carácter parlamentario de la Monarquía, ha cuidado de manera especialísima su relación con los Ejércitos de España y ha dedicado enormes esfuerzos a liderar y contribuir a la democratización, modernización e internacionalización de nuestras Fuerzas Armadas. De esta etapa recuerdo con especial fuerza el patriotismo del Rey.

La sabiduría política que el Rey ha demostrado en esta ocasión habría sorprendido a los españoles del comienzo de su reinado. Sin embargo, desde el principio demostró aquella sabiduría innata de lo político, aquel saber dónde dirigirse y dirigir al país, aquel instinto democrático de poder que le hacía conectar con la calle, con los deseos del ciudadano. El Rey que asumió la Corona por la legitimidad de las leyes fundamentales de Franco supo pilotar la transición hacia la democracia. Los clásicos tratadistas británicos sobre la Corona dicen que al Monarca le corresponde asesorar, advertir y ser advertido. A lo largo de estos años, la sabiduría política de Don Juan Carlos ha ido incrementándose en el recto ejercicio de esas funciones. Por eso ha sabido entender, quizá como ninguna otra institución, los signos de los tiempos. Y ha tomado la decisión en el momento oportuno: una nueva generación de españoles reclama un nuevo liderazgo de la Corona, encarnado en el Príncipe Don Felipe de Borbón, que demostrará su excelente preparación y capacidad.

Al servicio de todos los españoles fue el lema de su padre, Don Juan de Borbón. Al servicio de España significa ejercer la Corona y la Jefatura del Estado no para sí sino para el pueblo español. Significa saber elegir, abnegación y fortaleza para saber renunciar; anteponiendo los intereses de España por encima de la comodidad personal o el apego a las tradiciones. En esta ocasión, ha dado la máxima prueba de esa fortaleza. Ha sabido renunciar a ser Rey para servir mejor a España.

Federico Trillo-Figueroa es embajador de España en Londres y ex presidente del Congreso.

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