Sadam Husein: final

Por Said Aburish, escritor y biógrafo de Sadam Husein. Autor de Nasser, el último árabe. Traducción: José María Puig de la Bellacasa (LA VANGUARDIA, 23/11/06):

Quienes deseaban la horca para Sadam se han salido con la suya. Es verdad que su herencia se reduce a un reguero de sangre. Sin embargo, ahorcarle es a todas luces un desatino y será Iraq quien pague el precio. El juicio a Sadam empezó siendo un espectáculo pero adquirió tintes más sombríos a medida que progresaba. Para empezar, la legalidad de un tribunal formado por un Gobierno no elegido, nombrado por las fuerzas de ocupación, ya resulta altamente cuestionable. Y, aun concediéndole legitimidad, a nadie se le escapan los defectos e irregularidades en que ha incurrido. Pero en fin, admitamos que Sadam era acreedor de la pena capital: lo que cuenta son las repercusiones sobre Iraq.

En estas circunstancias, merece la pena detenerse a considerar las lecciones que se desprenden de la vida y trayectoria de Sadam Husein y que saltan a la vista del espectáculo que fue este juicio y que degeneró en farsa. Sadam accedió al poder procedente del núcleo de la tribu suní de Tikrit que se adhirió al partido socialista Baas a principios de los años cincuenta. Pobres pero orgullosos, de mentalidad claramente tribal revestida de una determinada ideología para ser aceptada, el clan de Sadam representó toda una novedad en la política árabe. Tal fusión de lo antiguo y lo nuevo ha dejado perplejo al mundo desde que el partido Baas se hizo con el poder en 1968. Por ejemplo, no es fácil conciliar las simpatías de Sadam por los avances tecnológicos con los comportamientos suyos y de su familia. A mediados de los setenta, al tiempo que Sadam trataba de hacerse con la tecnología necesaria para fabricar una bomba atómica, reñía con su hermano Barzan por el matrimonio de su sobrina con su hijo (en el mundo árabe es común el matrimonio entre primos hermanos). Sadam mantenía un pie en el siglo XX y otro en el siglo XVII o en el XVI.

Otro rasgo del carácter de Sadam es su grado de compromiso con el nacionalismo y la unidad árabes propugnadas por el Baas, por lo que cuando se convirtió en hombre fuerte y máxima autoridad del partido muchos le compararon con Naser, el líder árabe más popular desde el profeta Mahoma y figura que rozó la unificación del mundo árabe.

Se trata de una comparación indudablemente atractiva, pero a decir verdad somera y superficial. Sadam ha sido siempre más iraquí que árabe. Cuando edificaba su propio culto a la personalidad durante los años setenta y ochenta, Sadam solía compararse con los iraquíes anteriores a los árabes, a los monarcas asirios y babilonios.

Otro rasgo distintivo fue el populismo natural de Naser. Naser apelaba directamente al corazón del pueblo árabe pasando por encima de sus dirigentes. Sadam, lejos de cuestionar o desafiar a los regímenes más tradicionales, mantenía relaciones con ellos. Firmó un acuerdo de amistad y cooperación con Arabia Saudí y se sentía a gusto con el monarca jordano y los jeques del Golfo. El rey Husein actuó de intermediario entre él y la CIA.

En suma, Naser fue un revolucionario y Sadam un nacionalista. Naser disfrutaba con los baños de masas, se aupó en ellas; Sadam, en cambio, se sentía incómodo en medio de una multitud. Eran distintos hasta en el modo de educar a sus hijos. Los hijos de Naser son reservados y corteses; los de Sadam eran psicópatas y disfrutaban vigilando de cerca a la gente con los servicios secretos.

A lo largo del tiempo, Sadam mostró interés en presentarse asociado al liderazgo del pueblo árabe, pero en caso de duda siempre mostró sus preferencias por su identidad iraquí. Su mayor oportunidad se produjo en 1970, durante la guerra civil entre Jordania y la OLP. Todo el mundo daba por sentado que las fuerzas armadas estacionadas en Jordania acudirían en auxilio de la OLP, pero obedeciendo órdenes directas de Sadam, las fuerzas iraquíes se abstuvieron de proceder según lo esperado.

El traspaso de poder del partido Baas a su familia y su clan debe considerarse en este contexto. Quería las cosas claras, aspiraba a nadar siempre como el pez gordo del estanque… Y EE. UU. siguió tratando con él como figura máxima del partido Baas mucho después de que Sadam relegara al partido y encumbrara a su familia.

En 1982, por complejas razones que exceden el alcance de esta reflexión, en mi único dilatado encuentro con Sadam Husein tuve ocasión de descubrir otro rasgo: su timidez. No sólo me chocó la mano con mano blanda y mansa, sino que evitó mirarme a los ojos. Pero el hecho de rehuir el contacto visual no fue ni mucho menos el único detalle que causó mi perplejidad. Tampoco pide nunca a su interlocutor que amplíe o detalle algún punto de vista, simplemente aguarda que más adelante eventualmente lo recuerde, y así fue en aquella ocasión.

Si cabe concebir persona astuta y taimada, así es este beduino acomodado que empezó a leer y escribir a los doce años. Sadam poseía una enorme colección de zapatos de diseño italiano y dedicaba tres horas diarias a la lectura. Claro que la circunstancia más curiosa fue el motivo de nuestro encuentro: Sadam deseaba conocer mi punto de vista sobre los controles y contrapesos propios del sistema político estadounidense.

Los actuales dirigentes de Iraq harán bien siguiendo las huellas de Sadam, aprendiendo sobre todo las lecciones de su caso tan ilustrativas sobre EE. UU. y sus ambiciones imperiales. Lo que es bueno para EE. UU. en Iraq no lo es necesariamente para Iraq. Controlar a Iraq, valerse de su posición, petróleo y nivel altamente estratégicos en el seno del mundo árabe y musulmán forma parte de los planes de EE. UU. Un Iraq debilitado en el plano religioso y étnico es evidentemente más fácil de controlar. Por otra parte, los iraquíes abrigan el máximo interés depositado en la andadura de un país fuerte que hable con voz propia. La ejecución de Sadam ahondará las divisiones y fracturas que afligen Iraq debilitándolo aún más en el preciso instante en que se halla más necesitado de lo contrario… En fin, mejor habría sido considerar a Sadam papel mojado olvidándolo cuanto antes mejor.