¿Saldrá el Reino Unido de la UE?

Hay una impresión equivocada, que se encuentra en muchos sectores de la prensa europea, de que el Reino Unido desea salir de la Unión Europea. Es un tema muy complicado y fácil de malinterpretar. El primer ministro británico, David Cameron, comenzó días atrás una gira por varias capitales europeas con la intención de explicar sus intenciones a los principales líderes comunitarios, justo después de iniciar los trámites parlamentarios para que se celebre el referéndum sobre la permanencia, que presumiblemente se celebrará el próximo año. En ningún momento de su gira afirmó que Gran Bretaña desee abandonar la comunidad. De hecho, debemos tener claro dos cosas fundamentales: Cameron desea que su país permanezca en la UE y los británicos, de forma mayoritaria, también desean permanecer en el club comunitario. Esas declaraciones tal vez sorprendan a quienes se dejan engañar por los titulares de prensa.

Saldrá el Reino Unido de la UE¿Por qué ha empezado Cameron a negociar con los líderes europeos? Como parte de su campaña electoral, prometió que consultará a los británicos a través de un referéndum acerca de sus preferencias en lo que se refiere a Europa. Lo hizo principalmente porque una pequeña sección del Partido conservador y sus miembros del Parlamento son firmes euroescépticos, es decir, tienen serias dudas sobre la utilidad de pertenecer a Europa. Ésta es una actitud tradicional en un país que en los últimos cuatro siglos ha luchado contra Felipe II, Napoleón o Hitler. La promesa de Cameron sobre la consulta no surge de hostilidad alguna hacia Europa, porque él siempre ha apoyado a Europa.

En cuanto a la opinión pública, es bien sabido que puede cambiar drásticamente de un periodo a otro. Y muchos han pensado que el ascenso del partido eurófobo UKIP es un signo de la opinión británica. Pero la hostilidad hacia el Viejo Continente no es de ninguna manera tan fuerte como uno pueda pensar. En este momento, después de las elecciones generales británicas, la situación es mucho más clara. Según las últimas encuestas de opinión, tres de cada cuatro británicos -alrededor del 70% de los adultos con derecho a voto- está a favor de permanecer en la UE.

¿Por qué entonces hay tanta preocupación entre los líderes europeos sobre la pertenencia británica a la comunidad? Hay dos problemas principales, ambos bastante separados el uno del otro. El primer interrogante es qué quiere Cameron realmente; el segundo es una cuestión mucho más amplia y fundamental: ¿tiene un país miembro de la comunidad derecho a volver a negociar las condiciones de su membresía?

Hasta ahora, nadie parece saber exactamente lo que quiere el premier británico. Si tiene sus pensamientos centrados principalmente en el futuro referéndum, entonces tenemos que echar un vistazo a lo que la ciudadanía británica parece querer. Y no hay una respuesta clara a esta pregunta. En las encuestas realizadas en las semanas previas a las elecciones, sólo el 2% de los votantes consideraba a la UE como el problema más importante que enfrenta el país. Incluso aquellos que apoyaban el UKIP, el partido cuyo objetivo fundamental es la retirada británica de la UE, tenían otras preocupaciones más importantes, con sólo un 7% de ellos indicando que Bruselas es su mayor preocupación.

Sin embargo, es probable que el referéndum sea el evento más importante en la historia del actual Parlamento. A partir de los debates en la prensa británica en las últimas semanas, una cosa parece cierta: a menos que sea derrotado en el Parlamento y en un referéndum, Cameron dará un firme apoyo a la pertenencia a la Unión Europea.

Su mayor preocupación gira en torno a la inmigración, un asunto que ya fue muy importante en la década de los 60, cuando la inmigración desde las colonias británicas era el gran problema en el Reino Unido. Más recientemente, el problema ha sido sobre la inmigración procedente de la Europa oriental. Alrededor de cuatro de cada 10 votantes considera la inmigración como el problema más importante que enfrenta el país (50% entre los conservadores y el 77% entre los partidarios del UKIP). Ha habido un aumento constante en la preocupación por la inmigración, un tema sobre el que están de acuerdo todos los partidos políticos. La reciente petición de la Comisión de que el país acepte un cupo de inmigrantes procedentes de las costas mediterráneas de África no ha hecho que la gente piense positivamente sobre la política europea.

La mayoría de los británicos ahora está de acuerdo en que debe haber límites a la acogida de inmigrantes desde los países de la Europa oriental. El primer ministro quiere renegociar nuevos poderes para poder disuadir a los inmigrantes de nacionalidad europea de que se desplacen a Gran Bretaña, impidiendo o limitando, por ejemplo, que puedan acceder a beneficios de seguridad social durante los primeros cuatro años de su estancia en suelo británico. Hasta ahora, muchos inmigrantes han llegado al Reino Unido únicamente con el fin de reclamar prestaciones sociales.

En segundo lugar, Cameron está interesado en reducir el número de controles y leyes que se originan en Bruselas, sobre todo los referidos a materias sociales y económicas. A diferencia de muchos países de Europa, al Reino Unido no le gusta hacer leyes para todo. De hecho, hasta 60 parlamentarios conservadores rebeldes se están preparando para exigir que Cameron negocie un nuevo poder para los Comunes para vetar cualquier legislación de la Unión Europea. El primer ministro ha rechazado previamente este plan como «imposible». Pero también ha dado el visto bueno a un plan para rechazar el Tribunal Europeo en Estrasburgo, y mantener la jurisdicción de los tribunales británicos sobre cuestiones relativas a los derechos humanos.

En tercer lugar, lejos de querer salir de Europa, Cameron está interesado en hacer un esfuerzo de mayor unión con Europa en aspectos relacionados con la energía o la tecnología, vistos como elementos básicos en la creación de un mercado eficiente. Gran Bretaña ahora es en un miembro integral del mercado europeo y no tiene intención de abandonarlo. El Gobierno británico espera que una modificación de los aspectos políticos y sociales de pertenencia a los Veintiocho no afecte el aspecto económico. En cualquier caso, el Reino Unido tiene grandes mercados fuera de Europa, y no depende, como muchos países europeos hacen, del comercio intraeuropeo.

En cuarto lugar, Cameron insistirá en la autonomía de la libra esterlina en un mercado que está dominado por el euro. En quinto lugar, insistirá en que el Reino Unido salga del compromiso del tratado que exige «una cada vez más estrecha unión». En sexto lugar, exigirá una mayor autonomía de los parlamentos nacionales que deseen rechazar las propuestas de legislación de la UE. Estos tres últimos puntos subrayan el hecho de que Gran Bretaña es una isla, y siempre lo ha sido, y que los británicos nunca se pondrán de acuerdo con un grado de integración que amenace su carácter y sus aspiraciones.

Es probable que ninguno de estos seis puntos sea obstáculo para los demás miembros de la Unión. Angela Merkel ya ha sugerido que un acuerdo sobre todos los puntos es posible, sobre todo en vista de la muy especial posición del Reino Unido. Ciertamente, ni Alemania ni Francia quieren que Gran Bretaña abandone la UE, y lo más probable es que Cameron no insista en exigencias extremas. Aunque al final, por supuesto, es el referéndum que importa, porque el premier tiene que respetar su resultado. También tiene que tener en cuenta que los escoceses están muy a favor de la UE y que podrían resucitar el tema de la independencia si los ingleses votan a favor de abandonar el club europeo. Eso sería otra pesadilla que Cameron tendría que manejar.

Henry Kamen es historiador británico. Su última obra, publicada por La Esfera de los Libros en 2014, es España y Cataluña. Historia de una pasión.

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