Salida hacia Irak: apoyo a la dignidad del ser humano

En el 2004, por decisión política acatada con disciplina, salimos mal de Irak. Ahora, por nueva decisión política, volvemos a aquella desgarrada tierra con la cabeza alta. Confieso mi desazón ante la falta de una contundente respuesta del mundo occidental al fanático terrorismo yihadista que, diariamente, nos muestra sus salvajes agresiones a los seres más indefensos del planeta. Parece que nuestro bloque se centra en blindar nuestras fronteras para que no las pueda traspasar esa barbarie, y se cubre con contundentes declaraciones en los foros internacionales, y con lejanos bombardeos con misiles y drones, necesarios pero no suficientes. Y recuerdo que la defensiva permanente conduce a la derrota. Al terrorismo hay que plantarle cara en sus orígenes, y derrotarlo totalmente y ello exige la guerra en el suelo, esa difícil lucha en presencia de la población civil («war among the people»). Es cierto que la victoria militar no asegura por si sola el éxito final, pero en este caso es condición previa indispensable. Y eso, sin duda, exige sacrificios. ¿Están nuestras sociedades preparadas para ello? No las minusvaloremos.

Ciertamente nuestra FAS, con medios muy justos, están realizando una gran labor en sus destacamentos desplegados desde Estonia a Malí. A mi juicio nuestra presencia en Irak nos compromete de lleno y eleva nuestra categoría en la coalición internacional creada para batir el extremismo islámico. Y es un buen momento para reflexionar sobre la cortedad de nuestros presupuestos de Defensa.

Hace unos días hablé con el coronel Julio Salom, hijo de un querido compañero de promoción, jefe de la agrupación que parte hacia Irak. Es un jefe sólido, que inspira confianza. De alma legionaria, se ha forjado en unidades duras, misiones internacionales, destinos de Estado Mayor, ayudante de campo del Rey Juan Carlos, y también del Rey Felipe VI hasta que, ascendido a coronel, se le concedió el mando del Tercio «Alejandro Farnesio», 4º de La Legión de guarnición en Ronda.

Le conocí en el aeródromo de Burgos cuando en el año 93 trajo a España el cuerpo sin vida del teniente Aguilar, uno de los oficiales de La Legión caído en combate en Bosnia-Herzegovina, en la arriesgada misión de introducir plasma en el hospital musulmán de Mostar. Y recuerdo cómo se abrazó a él Carmen Montilla, la joven y bellísima ya viuda de Aguilar, y como Julio fue el soporte en el que se apoyó en esos momentos tan difíciles.

Voy a resumir en dos puntos de nuestra conversación: Primero, la Agrupación, de 300 componentes (de ellos 200 legionarios), esta instruida y lista. Segundo, solo ha tenido un problema serio: la selección del personal. Todos son voluntarios y duele dejar en tierra a excelentes soldados. Debe quedar claro que nadie preguntó sobre la gratificación que podría recibir. La generosidad de nuestra gente es impresionante. Los valores del espíritu de nuestro Ejército siguen firmes, y nuestros hombres y mujeres entienden y se suman con ilusión a la misión plenamente constitucional de defender la dignidad del ser humano dondequiera que pueda estar amenazada, en la modalidad que decida nuestro Gobierno, ya sea adiestrando a las tropas locales del lugar, o si preciso fuera, combatiendo a su lado.

He apreciado que el coronel elude el protagonismo y se preocupa por ensalzar también a los componentes de su Agrupación que no pertenecen a La Legión, aunque no puede ocultar su orgullo de que sea esta, una vez más, la que abra el camino de una nueva misión. Para mí es un fiel reflejo del hermoso verso calderoniano dedicado a la milicia: «Y así de modestia llenos, a los más viejos verás, tratando de ser lo más y de parecer lo menos».

También hablé con su madre, orgullosa de su hijo, que acababa de regresar de la despedida formal que se les había rendido en el patio de armas de la Brigada Legionaria. Como siempre, el acto rebosó de emoción, pero también de alegría y de estrechamiento de lazos entre la gran familia militar que despide a sus seres queridos.

En estos momentos en los que una parte importante de nuestra sociedad antepone los derechos a los deberes, primando el interés material sobre los valores espirituales, de cuya regeneración se habla continuamente en todos los foros, pero que emergen demasiado lentamente, no me avergüenza decir que me revive el sentir que los principios tradicionales en que se apoyan nuestros Ejércitos siguen muy firmes.

Suerte a todos los que partís hacia Irak. El pabellón español quedará alto. Que Dios os guarde.

Agustín Muñoz-Grandes, teniente general del Ejército de Tierra (2ªR)

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