Sánchez le enseña los colmillos al BCE

Pedro Sánchez enseñó el pasado viernes 4 de noviembre los colmillos como si no estuviera pisando el mármol palaciego de Viana do Castelo. Como si no fuera un presidente de Gobierno en el atril de prensa de una cumbre internacional, sino el líder de una manada de lobos.

El impuesto a la banca que impulsa su Gobierno a través de sus grupos parlamentarios (para que se apruebe rápido y, sobre todo, para evitar los informes de los órganos consultivos del Estado) será más o menos justo y será más o menos necesario. Estará mejor o peor diseñado y rendirá mejores o peores resultados.

Pero el informe del BCE no lo escribió Luis de Guindos. No lo decidió De Guindos. No lo impulsó el vicepresidente del organismo regulador. Lo pidió el Congreso. Lo redactaron los técnicos. Lo votó el consejo de gobierno del BCE. Y salió por unanimidad.

Además, este es el mismo BCE que ha comprado toda la deuda que ha emitido España desde que gobierna Sánchez. Toda. Y a precio de risa respecto a lo que le habría cobrado el mercado. Y sin preguntar.

Es decir, que no podría este Ejecutivo haberse financiado como lo ha hecho para sostener sus políticas. Tampoco podría haber vendido esa deuda a ese precio. Tal vez no podría haber protegido a "los vulnerables" del modo que lo ha hecho.

O quizás el Estado habría entrado en quiebra técnica.

Si De Guindos es el villano por haber hecho ese informe, eso significa que antes era un fiel miembro del grupo de los héroes cuando el BCE compraba esa deuda. Sí, ese mismo "ministro del PP que fue responsable del rescate financiero" y que "antes estuvo en Lehman Brothers".

Es el mismo que no responde ahora al ataque, constreñido (él sí) por el cargo institucional que ostenta. Porque sería pisotear el serrín de un pasado feo (y compartido) recordar que aquel rescate financiero lo tuvo que pedir su Gobierno de entonces para sacar del agujero no a la banca, sino a las cajas de ahorro gestionadas por políticos. El mismo Gobierno que pidió 60.000 millones a la UE para salvar entidades públicas como Caja Madrid, en la que por aquel entonces un tal Pedro Sánchez era consejero.

Unos millones que si no se han devuelto es, entre otras cosas, porque se creó otra entidad pública (la Sareb) que asumió los activos tóxicos de esas cajas y porque sus clientes fueron entregados a los bancos. Incluidos aquellos más "vulnerables".

Esa fue la solución final impulsada por la Moncloa. La de antes, con De Guindos, y la de ahora. ¿O no fue Nadia Calviño la que bendijo la operación que convirtió CaixaBank en el primer banco de España entregándole Bankia, la vieja Caja Madrid?

Alberto D. Prieto es periodista.

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