Sánchez y el destino en lo universal

Europa siempre ha sido una misión, algo que se hace, se crea, se construye. Y a lo largo de los tiempos ha hecho falta mucha inventiva, determinación y esfuerzo para llevarlo a cabo. Un trabajo interminable, un reto aún por superar en su totalidad, una posibilidad, o muchas, siempre pendientes. Europa una aventura, como la definió Bauman. Pero los europeos, a pesar de siglos de convivencia, aún tendemos a sobrevalorar la diversidad en vez de resaltar lo mucho que tenemos en común. ¿Dónde comienza Europa y dónde termina? La guerra de Ucrania plantea también esta cuestión. ¿Es un espacio geográfico, cultural, étnico, lingüístico, económico o emocional? ¿Es más Europa Rusia que Ucrania? Desde luego para mí lo son las dos.

Sánchez y el destino en lo universalPor ahora, Europa es una confederación de estados sin límites para acoger a otros semejantes democráticos. Europa no tiene límites. ¿Turquía, Israel, Canadá o Argentina, no podrían formar parte de nosotros mismos una vez cumplidos los requisitos exigibles? Europa es la otredad, un espacio que no conoce fin y desafía toda sujeción. ¿Acaso deberían tener límites la libertad y la democracia? Bauman en Europa, una aventura inacabada, cita a un poeta polaco, como él, entre la vanguardia y el gulag, que retrató al europeo como un ser "delicado, sensible, educado, alguien de palabra, que no robará al hambriento, ni denunciará a sus compañeros a los carceleros". Y a continuación añadía: "Conocí a un hombre así, era armenio". Y ¿por qué no? El esfuerzo por separar y expulsar, se ha visto constantemente superado por la admisión y la asimilación de lo externo. En Das Erbe Europas, Gadamer lo calificaba como de una "particular ventaja" de vivir con los otros, de aprender a convivir, incluso siendo de una manera distinta a nosotros. La tolerancia, con sus más y sus menos, es un factor europeo.

Hoy Europa está envejecida, amenazada por Putin. De ahí la importancia trascendental de la OTAN; la inmigración masiva proveniente de África, un continente abandonado a su suerte; las encadenadas crisis económicas y otras cuestiones más. Ha perdido gran parte de su liderazgo acosada también desde su interior por los populismos y nacionalismos. El mundo exterior ya no está siendo excitante para los europeos, ahora parece hostil y amenazador. La democracia y las libertades no solo se pueden defender encerradas en fortificaciones. La libertad es una tarea global. ¿Y esta labor la puede afrontar Europa en solitario y, en particular, España? Ceuta-Melilla-Canarias, son las fronteras de la libertad para millones de africanos. ¿Se les puede acoger a todos? ¿Qué soluciones ofrecer? Ese peligro externo amenaza también a las democracias desde dentro dando pábulo a los populismos. Es terrorífico ver las zanjas de muertos en Melilla y la poca conmiseración política. Europa, madre de la libertad y la democracia ¿puede erigirse en horrible madrasta del resto? Europa no puede seguir viviendo en el egoísmo y la insolidaridad, debe colaborar en el desarrollo social de estos pueblos de África condenados a unas vidas infrahumanas. Colaborar y evitar así la manipulación por parte de otros países que odian nuestro modelo. Por una parte, está la OTAN para defender la democracia, pero por otra parte, deberían invertirse en esa cooperación mayores fondos económicos. Adenauer, Gasperi y Schumann sentaron las bases de una Europa de política social en lugar de una política de poder. Pero el mundo no es estático y, en cada momento, hay que volver a readaptarlo todo.

En medio de este fervor europeísta y atlantista, con la bendición del presidente de los EEUU, el presidente Sánchez, al que sí hay que felicitar por la buena organización de la cumbre, debería recoger velas. Echar a todas, todos y todes del Gobierno y revisar sus relaciones humillantes y antinaturales con Bildu o los secesionistas catalanes. Que no olviden ambos que en esta reunión de la OTAN se especifica que la Alianza defenderá la integridad territorial de todos los países que la componen. Y eso quiere decir defenderla de los agentes externos e internos. Máxime cuando estos últimos han tratado de traicionar a su país y, por tanto, a la UE y a la OTAN, buscando pactos con el enemigo más frontal, en este caso, la Rusia de Putin. Las conexiones demostradas entre gentes del independentismo catalán con agentes o intermediarios rusos han quedado reveladas.

A Sánchez, después de este cuento de hadas de 48 horas, las calabazas lo siguen esperando a las puertas del Museo del Prado. Nada de todo lo malo ha desaparecido. Y él mismo nos previene que todo aún puede ser mucho peor. Y el peligro, su gran peligro, lo tiene a la vuelta de la esquina con las elecciones municipales, autonómicas y generales, caso que el país sobreviva a las duchas de agua congelada que le esperan. No se puede recibir a los mandatarios más poderosos del mundo y mantener al mismo tiempo la coalición con quienes los desprecian, apoyan a Putin y están contra la propia Unión Europea y la OTAN.

Además, por otro lado, de rechazar nuestra Constitución y detestar a la Monarquía parlamentaria. Sánchez debería aprovechar la última oportunidad que le queda, aunque pensará repetir estos mismos fastos con la presidencia europea, del último semestre del 2023, para salvar sus propios muebles y los del partido. Pero tengo la certeza de que no lo hará. Si Franco estaba encantado con Las chicas de la Cruz Roja (Luz Márquez, Conchita Velasco, Mabel Karr y Katia Loritz); Sánchez disfruta con Las chicas del Falcon (Serra, Irene, Lidia , Rodríguez y las extras Belarra y Yolanda, experta vaticanista). Por supuesto que él está al tanto de todo. Lo demás es puro teatro.

¿Cómo aprobará parlamentariamente las promesas hechas a Biden, teniendo en contra a sus propios aliados? ¿El PP lo apoyará por una cuestión de Estado a pesar de los reiterados insultos que no para de recibir? ¿Es justo y honorable que ese apoyo, seguramente necesario, ratifique la permanencia en el gobierno de los peores enemigos de nuestra democracia? Aunque ya lo hemos visto: manu militari, nunca mejor dicho, a través de decretos ley. Este PSOE autista de Sánchez, tiene que empezar a pedir socorro. O bien por la fuga de su secretario general a nuevos destinos en lo universal, que él ahora niega y por eso es mucho más verosímil; o bien por la derrota, que veremos cómo se ratifica, o no, en los próximos comicios. ¿Lastra será la heredera? ¿Nos quedará tan solo ese rostro de odio y resentimiento?

Sánchez, ahora beatífico, pide ayuda a diestro y siniestro: a los socialdemócratas y al centro derecha al que siempre ha infamado acusándolo de fascista (que lea el libro de Emilio Gentile, Quién es fascista). Totus meus, proclama el beato Sánchez, emulando el Totus tuus del Papa polaco. Él es el crisol de todas las ideologías políticas, cualquiera que le valga para sus fines. Este Gobierno, en su totalidad, está al borde de la quiebra. Incluso la ministra Calviño, cada vez más decepcionante, se ve ahogada en sus incongruencias. El Gobierno, y el propio Partido Socialista, ante las galernas que vienen, necesitan nueva tripulación. Aquí ya no es una cuestión de ideologías, Sánchez fulminó la suya; sino de sensatez y buena gestión. Pero Sánchez no lo hará y prolongará su propia demagogia. ¿Acaso los ministros antisistema no han permanecido en un vergonzoso silencio y se han tragado su escasa dignidad al ser acallados públicamente? Porque Sánchez, además de todos los atributos que cree poseer, más los que sus hagiógrafos le han añadido, está convencido de que es el mejor domador de fieras de este gran circo de varias pistas que, por ahora, se sigue llamando España.

P.D. ¿Para qué sirve la cultura? Lo hemos visto perfectamente explicado en esta reunión de la OTAN. La foto con Las meninas al fondo es lo más significativo. Eso es nuestro país. Y, sin embargo, nuestra cultura sigue estando desprotegida, con presupuestos irrisorios y con el abandono de nuestros trabajadores y creadores. Hace unos días, El Prado florecía de esplendor como se merece. Ahora volverá a tener que luchar por su sobrevivencia digna, para poder mantener la seguridad, por ejemplo, con un personal suficiente. Este presidente del Gobierno, y también los anteriores, que en esto desgraciadamente se diferencian muy poco, hubieran sido merecedores de que los empleados de la institución, en nombre del casi millón de personas que nos dedicamos a la educación y la cultura, hubieran descolgado el cuadro y que la pared desnuda fuera el verdadero fondo de la foto.

César Antonio Molina es escritor y ex ministro de Cultura. Sus dos últimos libros publicados son Las democracias suicidas (Fórcola, 2020) y Qué bello será vivir sin cultura (Destino, 2021).

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