Sánchez y el juego de las cuatro esquinas

La política es un ejercicio de rebeldía o no es. Y es una forma de desacato contra el yugo del determinismo o la tramontana del azar. La política es fuerza de voluntad basada en las convicciones y en las previsiones. Y no cabe aceptar, como mendazmente nos quiere hacer creer el Gobierno de Sánchez, que la política es el arte de la búsqueda de la excusa y la narrativa de lo inexorable. En ese marco intelectual, lógico es que se busquen pretextos imposibles para atenuar la responsabilidad, mediante la fabricación de un escudo, grosero término de la nueva política de la palabra huera.

El único escudo social que pertrecha Sánchez es el de su propia defensa, como un niño encerrado en el viejo juego de las cuatro esquinas. Porque mientras se resguarde dentro de su cuadrilátero sabe que podría tener una oportunidad de sobrevivir a su irresponsabilidad. Cuatro lados como cuatro falacias que horadan el castigado y vulnerable imaginario social del confinamiento, hasta pretender hacernos creer que el Gobierno es una víctima más, si no la primera, de esta calamidad. Para conseguir los efectos de la sofronización social, Sánchez juega a encerrar a los españoles también en el mismo cuadrado vicioso formado por cuatro afirmaciones, total o parcialmente, fraudulentas.

Primera.- La primera de ellas, propia del mejor socialismo histórico, es la socialización internacional del problema, de modo que España, como el resto de países del mundo, sufre una tragedia sin precedentes.

Sin pudor pero con conciencia, Sánchez ha llegado a afirmar que la situación es simétrica en todo el planeta, sin diferencias nacionales. Es evidente que, en términos sincrónicos, la afirmación es radicalmente falsa, toda vez que España encabeza los principales clasificaciones en términos de fallecidos por población o número de personal sanitario infectado.

Cuando Pablo Echenique exhibió en un Pleno reciente en el Congreso su condición de hombre de Ciencia, tuvo una oportunidad única para contestar a una pregunta que se formula la mayoría de los españoles y que convirtió en atinada frase la diputada Álvarez de Toledo: sabemos de qué morimos, nos falta conocer por qué.

Lamentablemente la ciencia debió abandonar en ese momento al diputado de Unidas Podemos, que sometió una vez más la razón a la guillotina de la emoción gregaria. Porque si una pandemia tiene su origen a 8.000 kilómetros de distancia de Madrid y percute de manera severa y desproporcionada en España, la Ciencia no debería callar hasta buscar una explicación.

No es simetría, Sánchez, no es simetría. Ni es simetría de resultado, ni es simetría de tiempo de respuesta. En cambio, no tienen reparos en convertir la falsa simetría internacional en asimetría interna en su bajeza para disipar culpas entre Comunidades Autónomas gobernadas por el Partido Popular.

Segunda.- La segunda esquina es la mutualización de la solución, de modo que, fieles a la minoría de edad permanente de alguna formación política en el poder, nosotros formamos parte de una conciencia edénica en la que no somos responsables ni de nuestros fallos ni de nuestras soluciones.

Siempre hay un ensalmo externo al que, como hijo pródigo, endosar el pagaré de nuestros errores, y ese Gran Hacedor se llama Europa. La Europa tecnocrática como un eterno retorno para buscar la financiación necesaria a nuestra insuficiencia de recursos. Todo ello tras un discurso entre exigente y mendicante, donde los comunistas aliados de Sánchez en su jardín con enanitos, sacuden la aldaba de la puerta en Bruselas para reclamar solidaridad, los mismos que antes negaban el proyecto europeo. Y los mismos que demonizaron el esfuerzo individual y el compromiso colectivo en favor de un bienestar personal que solo pueden proporcionar los demás, como si ellos fueran los beneficiarios del trabajo de los otros. Alguien leyó incorrectamente a Gramsci y a Marx.

Apelar ahora exclusivamente a la madre europea como si fuéramos titulares de un derecho natural que concede la arrogancia y no la fuerza de la voluntad y la superación por el esfuerzo individual, es propio de pensadores de taberna. Porque para comanditar con Europa la solución a la crisis económica, también tenemos que poner de nuestra parte. Es la responsabilidad, Sánchez, la responsabilidad.

Tercera.- La tercera esquina es la de la anteposición del criterio técnico como muralla -china para mayor escarnio- con la que contener las posibles responsabilidades políticas que pudieran derivarse. Los técnicos o los científicos se han convertido en un corifeo griego que nadie ve pero que, aparentemente, ordena nuestras vidas desde hace una semanas.

Sánchez ha convertido en realidad el mito clásico de la irresponsabilidad política de la «Administración sin Gobierno», tres años después que desde Cataluña presenciáramos el ejemplo opuesto de «Gobierno sin Administración».

Lo que olvida Sánchez es que el técnico también tiene una función prospectiva al servicio de un ministro, y que fallaron en las previsiones al tiempo que erraban, en consecuencia, en la toma de decisiones. «Prever una catástrofe es condicional: es prever lo que ocurrirá si no hiciéramos nada para impedirlo», señalaba Pierre Massé hace medio siglo, cuando cincuenta años después no hubo reacción puntual por error o negación de previsión. Y no fue por falta de información, que la hubo, y que debió jugar su papel como un anuncio de actualidad para el político o el técnico de lo previsible y de lo corregible

El buen gobierno debe basarse en el poder de la anticipación, porque es la esencia misma del ejercicio del poder

Y cuarta.- La cuarta esquina que alberga al presidente en su laberinto es la configurada por el mito/timo del sesgo de retrospección. Regresando al hombre de ciencia llamado Echenique, y a su expresión banal «capitán a posteriori» para criticar a la oposición, la política no es futurología pero tampoco es la insoportable indolencia de la nada. Y, en este sentido, la política es aceleración dinámica, que como decía Gaston Berger «cuanto más aprisa se va, más lejos deben iluminar los faros».

Lamentablemente, los faros no estaban reglados a pesar de que la noche se cernía desde Oriente. Es cierto que, una vez que acontecen los acontecimientos, existe una ventaja de análisis. Como también es cierto que el buen gobierno debe basarse en el poder de la anticipación, porque es la esencia misma del ejercicio del poder.

Cierto es también que la luz de la información puede cegar si se contempla desde demasiado cerca, como es función del buen gobierno tomar perspectiva para proyectar la realidad que se aproxima con una buena gestión de los datos. Si quien dispone de la información, se deslumbra o no sabe o no quiere procesarla, nos incapacita a todos. Allí Fernando Simón como Simón del desierto de Buñuel, un asceta sobre una columna que recita impertérrito los hechos como se suceden, después de haber negado que iban a suceder. No es futurología, una vez más, es predicción y es Ciencia.

Como proyección científica es el estudio publicado hace unos días por FEDEA en España en el que concluye que, de haber tomado las decisiones de confinamiento el 7 de marzo, una semana antes de como se produjo, el número de afectados habría descendido un 62%. Y allí está la clave porque sabemos qué es, sabemos qué habría ocurrido de anticipar algunas medidas, pero no quieren decirnos por qué. Porque saben que la ciencia es tozuda y que la casualidad no puede someter a la causalidad en una sociedad que pide explicaciones. Y las tendrán que dar.

Mario Garcés es diputado del PP por Huesca, portavoz adjunto del Grupo Parlamentario Popular y coordinador de asuntos económicos.

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