¿Se convertirá España en la primera línea del frente contra el nuevo terrorismo yihadista?

Entre los numerosos focos de violencia del continente africano destaca el del Sahel Occidental. Pese a que ya hace una década que el Sahel se ve azotado por este tipo de criminalidad, la región atraviesa un momento especialmente crítico. Prueba de ello es la reciente calificación de la zona como uno de los principales riesgos para la OTAN.

Pero ¿qué sucede en el Sahel? ¿Qué países son los más afectados por el terrorismo?

La franja al sur de nuestros vecinos magrebíes alberga el epicentro mundial del terrorismo yihadista. Burkina Faso y Malí sufren, mes tras mes, cifras históricas de violencia. Los países adyacentes (Níger, Costa de Marfil, Togo o Benín) padecen también atentados en sus territorios.

Un poco más al este, en lo que al menos hasta ahora era un foco separado de yihadismo, se encuentra la cuenca del lago Chad. Allí, las dificultades económicas y sociales causadas, entre otros muchos factores, por el calentamiento global y una galopante sequía han facilitado la implantación de grupos yihadistas en los cuatro países bañados por el lago: Nigeria, Níger, Chad y Camerún.

En el Sahel Occidental, la actividad y la presencia de los grupos terroristas (en un primer momento filiales de Al Qaeda a las que posteriormente se unieron otras afines a Dáesh), ha aumentado a un ritmo sin precedentes durante los últimos diez años.

En 2021, el número de atentados registrados superó los 1.000. Los ataques causaron la muerte de más de 4.000 personas. Y todo ello en un territorio de menor extensión que el de la Unión Europea.

Lamentablemente, en 2022 vamos camino de sobrepasar los 1.300 ataques. Estos causarán, de continuar con la tendencia actual, más de 5.000 víctimas mortales.

A la vista de esta nefasta evolución, ¿por qué nadie acude en auxilio de unos países con tan frágiles estructuras militares y políticas?

Los socios occidentales desplegaron sus propios ejércitos a principios de 2013. A la misión francesa (conocida como Serval y posteriormente como Barkhane) se unieron otras europeas dedicadas al entrenamiento militar, policial y judicial.

Destaca, además, el GAR-SI Sahel, ideado y ejecutado por la Guardia Civil española, y que refuerza a las unidades de intervención rápida de los africanos.

Pero ¿por qué no dan fruto estos ingentes esfuerzos militares?

El contraste entre los mencionados esfuerzos y el avance de los grupos terroristas es evidente. Es aquí donde las debilidades sistémicas de estos países, tanto políticas como económicas y sociales, cobran importancia. Su efecto sobre la violencia yihadista está probado, dando así paso a un nuevo enfoque en el que el peso de los programas dirigidos a la gobernanza y el desarrollo es mayor.

Pero precisamente cuando los esfuerzos parecían avanzar en esa dirección, el tablero político ha provocado un nuevo revés. Diversos países de la zona, entre los que destacan Malí y Burkina Faso, han sufrido golpes de Estado por parte de sus propios ejércitos.

Las juntas militares que ahora gobiernan han puesto en marcha políticas distintas a las anteriores. En el caso maliense, la junta militar ha provocado la salida de Francia y la suspensión de las misiones europeas ante la imposibilidad de llegar a acuerdos con las nuevas autoridades.

La inestabilidad política y la debilidad provocada por estos cambios complican la lucha antiterrorista. Esto no es sólo una ventaja para los grupos yihadistas, sino que también convierte la región en el escenario perfecto al que trasladar las actuales tensiones geopolíticas globales.

Rusia, que busca aumentar su influencia en África, ha aumentado su presencia a través de organizaciones paramilitares como Wagner, cuyas exigencias (respecto a los derechos fundamentales, la lucha contra la corrupción o la democratización de los sistemas de gobierno) son mucho menores que las de los socios europeos.

De hecho, en Malí, donde hace meses que Wagner ha desplegado sus efectivos, los resultados están lejos de ser los esperados. La última semana de julio, numerosos atentados coordinados golpearon el corazón de la junta militar de transición, cerca de la capital del país, en un alarde de fuerza de los terroristas.

Hay dos preguntas clave.

En primer lugar, ¿en qué lugar nos dejan estos cambios? Es evidente la descoordinación en la respuesta contra el terrorismo, donde la actuación conjunta es esencial. La falta de control fronterizo, además, hace que el desplazamiento de los grupos terroristas sea muy sencillo.

Por otro lado, no se debe perder de vista que, si permitimos que estos grupos continúen expandiéndose territorialmente, aumentará la probabilidad de que se cree un puente con la cuenca del lago Chad, lo que convertiría el Sahel en un gran núcleo terrorista.

En segundo lugar, ¿por qué esta zona es de interés esencial para los europeos y, en concreto, para los españoles? Si uno echa mano de un mapa verá que estos países son la frontera sur de Marruecos y Argelia. Países que juegan un papel imprescindible en nuestra supervivencia.

El deterioro de los países del Sahel generaría consecuencias continentales: fortalecimiento de las redes de crimen organizado y de tráfico de drogas, expansión del terrorismo e incremento de la capacidad de actuar de sus grupos, migraciones masivas, etcétera.

Recordemos que la inmensa mayoría de movimientos migratorios se producen dentro del continente africano y que los principales receptores de esos movimientos son, precisamente, los países mediterráneos, que también sufren las consecuencias del terrorismo y de las redes criminales.

Si nuestros vecinos magrebíes se desestabilizan, los problemas sociales, económicos y políticos que se generen allí nos acabarán afectando a nosotros.

Debemos ser conscientes de la importancia que tendría el descontrol del Sahel. Si no frenamos el avance de los grupos yihadistas allí, llegarán terroristas de otras latitudes, atraídos por la oportunidad de refugiarse y entrenarse, aumentando así su capacidad de atentar.

Y la probabilidad de que esos terroristas se acerquen a nuestras fronteras, algo que siempre ha estado y estará en su agenda, se disparará.

Marta Summers Montero es analista de Inteligencia y coordinadora del área de terrorismo yihadista en el OIET (Observatorio Internacional de Estudios sobre Terrorismo).

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