Se termina el efecto rebote por la brexit en la UE

Cuando el Reino Unido votó en 2016 por abandonar la Unión Europea, los responsables de las políticas y líderes políticos en toda Europa temieron que pronto ellos también tendrían que enfrentar una crisis similar. Los preocupaba un efecto dominó por el cual los movimientos y políticos populistas lograrían que otros estados miembros abandonaran, uno tras otro, la UE, revirtiendo un proceso de décadas de integración europea.

Pero, al menos hasta hace poco, la brexit produjo la situación opuesta. Para sorpresa de todos, la UE disfrutó dividendos por la brexit en los años posteriores al referendo en el RU. Los europeos observaron como el RU se sumía en el caos político: los británicos literalmente acopiaban alimentos y medicamentos por miedo a lo que el futuro podría depararles. Los estados miembros de la UE que habitualmente lograban muy pocos acuerdos, repentinamente se vieron unidos tras la estrategia de negociación de la Comisión Europea. El apoyo a la UE entre los europeos se disparó. El nuevo chiste era que gracias al presidente estadounidense Donald Trump y la brexit, Estados Unidos y gran Bretaña habían salvado los europeos de sí mismos por tercera vez en un siglo.

Pero es posible que, en vez de evitar una crisis en toda la UE, la brexit solo haya diferido la inevitable hora de la verdad. En las conversaciones con presidentes, primeros ministros y ministros de Relaciones Exteriores europeos durante la Conferencia de Seguridad en Múnich este año, se podía detectar un miedo palpable a que los costos de la brexit pronto comenzaran a superar sus beneficios. Muchos políticos con alcance nacional y responsables de las políticas a nivel de la UE se preocupan ahora porque el dividendo pueda tornarse una carga.

Habiendo alcanzado el acuerdo sobre el período de transición, el gobierno del primer ministro británico Boris Johnson se encuentra en la extraña posición de poder afirmar que «logró la brexit» sin haber asumido realmente ninguno de los sacrificios necesarios para abandonar la UE. Hasta el 31 de diciembre de 2020 las empresas británicas continuarán teniendo acceso ilimitado al mercado común de la UE, Gran Bretaña seguirá formando parte de la unión aduanera y los ciudadanos británicos podrán viajar libremente por Europa.

Por el momento, entonces, los costos reales por la brexit han sido básicamente nulos. Por eso, un día después de que Gran Bretaña se retirase formalmente de la UE, el periodista probrexit Daniel Hannan pudo regodearse y tuitear: «Un día ya y, de momento: no hay disturbios por alimentos / no faltan medicamentos / las autopistas no se paralizaron / no hay campamentos de inmigrantes en Kent / los precios de las viviendas no colapsaron / no aumentaron los impuestos de emergencia / no hay guerra mundial / ¿No habían dicho «No es Proyecto Miedo, sino Proyecto Realidad»?

Con una masiva mayoría parlamentaria de 80 escaños, Johnson ha podido presentarse como un mejor estadista y alguien más dinámico que sus contrapartes europeas, muchas de las cuales deben lidiar con crisis políticas propias. En Alemania, los dos partidos políticos más importantes continúan sufriendo un psicodrama gracias a los desafíos que plantean los Verdes desde la izquierda y la Alternativa para Alemania desde la (extrema) derecha. En Francia, el presidente Emmanuel Macron procura implementar una difícil reforma jubilatoria y probablemente reciba un golpe en las próximas elecciones locales el mes que viene. España e Italia, mientras tanto, tienen gobiernos débiles y divididos.

Además, Johnson está preparando un paquete de políticas económicas populistas, que no olvida estímulos fiscales y dádivas para sus electorados preferidos, al estilo de Trump. La idea es producir una mejora económica que deje al RU en condiciones de lograr resultados superiores a los de la zona del euro, al menos en el corto plazo. Si la táctica funciona, los partidos populistas en otros estados miembros de la UE verán nuevamente a gran Bretaña como un modelo (en vez de como una historia aleccionadora) para sus propias causas euroescépticas.

Para empeorar aún más las cosas, a los líderes europeos les resultará mucho más difícil mantener el impresionante nivel de unidad intra-UE logrado por Michel Barnier, el negociador en jefe de la UE para la brexit durante la primera fase de las negociaciones. Una vez que la UE comience a negociar los detalles de un acuerdo comercial y de inversión con el RU, los modelos económicos y necesidades de seguridad divergentes de los estados miembros del norte, sur, este y oeste serán mucho más difíciles de reconciliar. El gobierno de Johnson, abrazando el rol de la pérfida Albión, no dudarán en aprovechar esas divisiones.

Y, sin embargo, no cabe duda de que la Brexit acelerará la caída del RU, en el mediano y largo plazo y, gracias a ella, el país será más pobre, más inseguro y menos influyente. Aunque la transición fue diseñada específicamente para evitar un cambio abrupto o una crisis puntual, será recordada inevitablemente como un período en que se perdieron oportunidades para desacelerar la continua caída de gran Bretaña hacia un provincialismo mediocre. Por ahora, sin embargo, la infecciosa cordialidad y el pavoneo público de Johnson —quien promociona los beneficios políticos de la Brexit e ignora los costos que se avecinan por abandonar el mercado común— ocultarán esta decadencia.

En la próxima ronda de negociaciones, se preocupa el ministro francés de Relaciones Exteriores Jean-Yves Le Drian, el RU y la UE intentarán «hacerse pedazos». Mientras que el destino político de Johnson depende de mostrar a la brexit como un éxito sin costos, los intereses de la UE son exactamente opuestos. Cuanto peor se vea la brexit, más fácil será rechazar los desafíos euroescépticos en el seno de la UE.

Los líderes europeos están construyendo una nueva narrativa para mostrar que gran Bretaña sufrirá a causa de su decisión. Incluso con tantas otras crisis en ciernes —desde las guerras comerciales y tecnológicas hasta el cambio climático y el resurgimiento del Estado Islámico— la necesidad de convencer a los votantes europeos de que la brexit fue una mala idea adquiere nuevamente una importancia fundamental.

Mark Leonard is Director of the European Council on Foreign Relations.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *