Seguridad, libertad y comunidades musulmanas

Miguel Pajares es miembro del Centro de Estudios de CC OO de Cataluña (CERES) y asesor sobre inmigración en el Comité Económico y Social Europeo; y Mohamed Chaib es diputado del Parlamento de Cataluña y presidente de la asociación socio-cultural Ibn Batuta (EL PAIS, 26/07/05).

Pongamos que en nuestra comunidad de vecinos somos 30 familias, y que desde hace un tiempo hay alguien dedicado sistemáticamente a hacernos fechorías: rompe las bombillas, roba en los pisos, etc. Lo hace en nuestro bloque de viviendas y en los circundantes, pero nosotros tenemos fundados motivos para pensar que es alguien de nuestra comunidad, y también lo creen así en las otras comunidades. Un día decidimos emplearnos a fondo para encontrarlo y llevarle ante la justicia, para lo que optamos por contratar un detective al que pedimos que vigile todos nuestros movimientos. También instalamos cámaras de vigilancia. Con ello estamos aceptando ciertas incomodidades: todos los miembros de la comunidad vamos a ser vigilados. Pero lo aceptamos porque queremos descubrir al detractor, y queremos descubrirlo tanto por las fechorías que hace en nuestro bloque como por el desprestigio que nos está suponiendo ante los vecinos de otros bloques.

En estos días se habla de nuevas medidas de seguridad para la lucha contra el terrorismo. Son medidas (control de mensajes de móvil, e-mail…) que van a introducir nuevas incomodidades en nuestra vida, y a todos nos van a hacer sentir más vigilados. Pero especialmente será así para quienes forman parte de las comunidades musulmanas. Muchos musulmanes se lamentan de estar siendo objeto de sospecha, y si la vigilancia se centra más en las comunidades musulmanas, este problema crecerá. Hay que abordar el grave problema de los estereotipos que se están generando, pero hay que comenzar reconociendo que es inevitable que se produzca un plus de vigilancia sobre las comunidades musulmanas, y creemos que son éstas las primeras que lo han de reclamar. De la misma forma que en nuestra hipotética comunidad de vecinos hicimos la opción de aumentar la vigilancia en nuestro interior, ésa debe ser también la opción de las comunidades musulmanas, porque son las más interesadas en deshacerse de los malhechores que tienen en su seno.

¿Está justificado que, por el hecho de que hayan aparecido unos grupos de terroristas en varios países del mundo, que han resultado ser musulmanes, se piense que en el seno de las comunidades musulmanas puede seguir habiendo gente dispuesta a convertirse en terrorista? Fundamentalismos los hay en todas las religiones y todos son nocivos. La lucha contra todos los fundamentalismos es igual de importante en todos los casos, porque es la lucha de la razón contra la locura. Pero cuando hablamos de medidas antiterroristas, las comunidades musulmanas son las primeras interesadas en aislar el fanatismo. Y, de hecho, así lo están considerando ya muchas comunidades musulmanas en España y en el Reino Unido, cuya postura frente al fanatismo violento es firme y decidida, precisamente porque entienden que ese fanatismo nada tiene que ver con las creencias de la inmensa mayoría de los musulmanes.

¿Se reducirá nuestra libertad por causa de las nuevas medidas de seguridad? ¿Se reducirá específicamente la libertad en las comunidades musulmanas? El actual debate que se está produciendo, contraponiendo libertad a seguridad, tiene mucho de falacia. La seguridad puede lograrse sin merma de la libertad en sus aspectos fundamentales, y cuando no es así es porque lo que se buscaba no era sólo la seguridad, sino que (como ha ocurrido con ciertas medidas de la Administración de Bush) la seguridad se ha utilizado como excusa para desarrollar ciertas formas de control. En nuestra valoración sobre las nuevas medidas de seguridad, introducidas para combatir el terrorismo, creemos que lo importante es asegurar que se utilicen sólo para eso. Volviendo al símil de la comunidad de vecinos, lo que querríamos es que la información obtenida por el detective y sus cámaras de vigilancia sólo sea utilizada para detectar e inculpar al malhechor; pero el resto de la información obtenida sobre cada vecino no podrá circular entre los demás, ni podrá utilizarse con otros fines, y deberá ser destruida.

Éste es el tipo de garantías que, cuando se dan, hacen compatible la libertad con el aumento de la seguridad. La mayoría no nos sentimos menos libres por tener que pasar por cada vez más detectores en los aeropuertos y edificios públicos; lo que sí queremos es que cuando un policía registra nuestra maleta, buscando armas o drogas, no haga chanza ante el público circundante si encuentra algún objeto íntimo que le haga gracia, o no nos pregunte por el tipo de lectura que llevamos en la maleta. Lo que cuentan, por tanto, son las garantías. Y ante las nuevas medidas de seguridad, lo que ha de quedar claro son las garantías de que se usarán correctamente y sólo se usarán para lo que se dice que van a ser usadas. Las comunidades musulmanas tienen derecho a exigir que ese plus de vigilancia que van a sufrir conlleve garantías de que las cosas no se van a hacer a la ligera, que las actuaciones policiales van a estar bien fundadas, que no se van a dar palos de ciego, y que se va a ser siempre muy celoso para no difundir estereotipos. Cuando estas garantías no son efectivas, se le hace el juego a los terroristas, que justamente lo que atacan es el derecho a vivir en libertad en los países europeos, también de los musulmanes.

En esta nueva etapa de la lucha contra el terrorismo fundamentalista hay que poner especial empeño en no culpabilizar a todos los musulmanes de las acciones de los fundamentalistas. Creemos que Tony Blair ha dado una lección positiva en sus primeras reacciones a los atentados de Londres, como también la está dando Rodríguez Zapatero. Pero esta actitud debe extenderse a todos los responsables políticos y a todas las actuaciones policiales. Estamos en un momento en el que todos los esfuerzos son pocos para que no se extienda la culpabilización de toda la comunidad musulmana por las acciones de los terroristas, porque cuando ello ocurre es cuando los musulmanes estarán perdiendo su libertad, y la estaremos perdiendo todos de alguna manera.

En este debate entre libertad y seguridad es inevitable hablar de las causas del terrorismo. Hay unas que tienen que ver con la mítica religiosa y sus excesos; otras tienen que ver con la geopolítica y las situaciones que viven algunas sociedades concretas (Palestina, Irak…), y otras, con el modo en el que las sociedades europeas están integrando a las poblaciones musulmanas de origen inmigrado. Hay que preguntarse cómo es posible que unos jóvenes nacidos y educados en Europa se revelen con una agresividad y violencia terrorista tan brutal contra el país en el que se han criado y desarrollado. Sabemos que la respuesta a esto es muy compleja, pero también sabemos que hay ciertas causas sobre las que se puede actuar.

Se puede actuar contra los desequilibrios y la pobreza en el mundo, se puede fomentar la paz en las zonas en conflicto, se puede dar más poder a la ONU, se puede desarrollar la propuesta de “alianza de civilizaciones”, etc. Y todas estas cosas tienen que ver con la lucha contra el terrorismo. Quienes dicen que las injusticias que operan en el mundo no tienen nada que ver con el terrorismo internacional se equivocan. Es cierto que los líderes ubicados en el fanatismo violento serían los mismos con injusticias o sin ellas, pero su número de seguidores no sería el mismo; el éxito de su proselitismo no sería el mismo, y no sería el mismo el número de quienes se disponen a la acción terrorista.

Ahora bien, la idea que aquí queremos transmitir es que el desarrollo de nuevas medidas de seguridad (de tipo policial) y la lucha contra la injusticia a escala internacional son dos cosas que han de ir en paralelo. Ambas son necesarias, y no tiene sentido desautorizar una poniendo el acento en la otra. La geopolítica tiene que dar un vuelco para reducir las injusticias, pero, al mismo tiempo, la policía tiene que hacer su labor para detectar y detener a quienes se estén preparando para convertirse en los terroristas del próximo atentado.