Seguridad vial: cuidado con los ‘expertos’

País raro el nuestro. Cuando cerramos el mes de julio con 175 fallecidos en carretera por accidente de tráfico, tres menos que en el mismo mes del año pasado, oímos y leímos que el permiso por puntos estaba agotado, que la política de seguridad vial ya no daba para más y que los accidentes iban a subir. Es extraño que hayamos transformado en una mala noticia un buen dato como es el descenso de accidentes y víctimas en julio. Es cierto que luego hubo un fin de semana malo, y volvimos a escuchar a los expertos decir que ellos ya lo habían anunciado. Es poco serio querer sacar resultados concluyentes de los dos días y medio que dura un fin de semana, porque fines de semana los hay buenos y malos; ya deberíamos estar acostumbrados. La única conclusión plausible es que debemos tener cuidado con estos expertos.

Todos tenemos asumido que una buena noticia no vende y que España es un país al que le cuesta mirar al medio y largo plazo, que es un ejercicio recomendable pero que exige reflexión. Por ahorrarnos tal sacrificio, obviamos que la realidad es más prosaica y sencilla.

España cerró el año 2009 con 2.668 fallecidos por accidente de tráfico. Ésta es una mala noticia porque son muchos. Ahora bien, 2009 fue el sexto año consecutivo en el que bajaron los accidentes y las víctimas. Y ésta es una buena noticia.

En estos seis años, es decir, en el período 2003-2009, los fallecidos en carretera bajaron en un 52%. En la Unión Europea, el descenso medio ha sido del 36%. Bien para España.

Nuestro país, junto con Letonia, son los dos únicos miembros de la Unión Europea que han alcanzado el ambicioso objetivo de reducir en un 50% las víctimas mortales. Bien para los conductores españoles.

España tiene un índice de 58 fallecidos por millón de habitantes mientras que la media europea está en 70. Ya somos europeos también en seguridad vial.

España está por delante de Francia, de Austria o de Bélgica en el comparativo europeo, que no es poco. Hace unos años nadie lo habría dicho. Y ahora, por séptimo año consecutivo, los accidentes y las víctimas vuelven a estar bajando.

Es verdad que cada vez va a ser más difícil, que ya no podemos copiar de los mejores porque somos uno de ellos y que ahora toca avanzar a su lado.

Las declaraciones oídas o leídas estos últimos días invitan a la reflexión. En primer término, es preciso llamar la atención sobre el detalle de que hay algunos españoles que, en lugar de pensar, embisten. Nada nuevo en el horizonte. Luego, hay quienes se encuentran más a gusto sintiendo que las cosas van mal en lugar de avanzar. Hay incluso quien dice que el no haber ganado ninguna guerra en los últimos 200 años -excepto la de Perejil- ha ido conformando un carácter desconfiado que se manifiesta en el yo ya lo sabía o yo ya lo había dicho cuando aparecen los problemas. O cuando hacemos que aparezcan los problemas. Otros dicen que es el virus del mal humor, que es mucho más peligroso y está más extendido que la gripe A, que desde esta semana la OMS ya no considera pandemia. Y por último, no hay que olvidar que se acercan las elecciones y todo apunta a que se va a poner feo. Es bueno contar con ello.

La seguridad vial descansa en el cambio de hábitos y comportamientos, y eso requiere tiempo. Lo importante es el progreso continuado, y siete años de mejora de la seguridad en nuestras carreteras conforman toda una tendencia. Ya no hay marcha atrás y queda lejos aquel reguero de sangre asociado al tráfico. Todos podemos felicitarnos.

Esto de las tendencias me recuerda al calentamiento global. Si echamos la mirada sobre los últimos 50 años, nadie lo pone en discusión. Pero si nos quedamos mirando sólo un año, podremos comprobar que hay temporadas en que las temperaturas bajan, el invierno se alarga, nieva más de lo habitual y todo puede cuestionarse. En definitiva, no conviene perder de vista la serie larga.

Y en el futuro, ¿qué pasará?

Aquí es bueno mirar fuera, pues podremos comprobar que en Francia, país de referencia y del que copiamos el permiso por puntos, los fallecidos por accidente de tráfico descendieron siete años consecutivos, desde el año 2002 al 2008.

En esos siete años, los fallecidos descendieron en un 44%. En España, como ya se ha mencionado, la cifra de muertos cayó en un 52% en el sexenio que abarca de 2003 a 2009. Pues bien, el año pasado en Francia hubo seis meses en que los fallecidos bajaron, pero en los otros seis meses subieron, finalizando el año con la misma cifra que el año anterior (4.273 muertos). En los siete primeros meses de este 2010, cinco han registrado un descenso de fatalidades. En dos ha aumentado el número de víctimas y no ha pasado nada. La tendencia, aunque amortiguada, continúa siendo a la baja.

No decimos que tenga que pasar lo mismo en España, pero habrá que tenerlo en cuenta y estar preparados.

Sólo pedimos que cuando en algún mes suban los accidentes y las víctimas -todos sabemos que llegará-, no nos rasguemos las vestiduras, porque entrará dentro de la normalidad. También sabemos que a este país le gusta pasar de la épica a la depresión y que nos cuesta vivir en la normalidad. Y aunque sea algo más aburrido, deberíamos aprender a hacerlo.

Cuando en algún mes suban los accidentes oirán decir que la DGT se equivoca y que lo importante son las infraestructuras, que hay que invertir en infraestructuras. Pero en otra página del mismo diario probablemente leerán que este país se ha gastado demasiado en autopistas y autovías, que se ha derrochado en hormigón y que ha sido un error que ahora habrá que pagar.

Yo soy de los que creen que entre todos hemos hecho un inmenso esfuerzo en la mejora de las infraestructuras y que ahora toca gestionarlas, mantenerlas y conservarlas en buen estado, que no es poco. Nuevas inversiones, las justas. Vienen tiempos en que hay que recuperar la buena práctica del análisis coste-beneficio de las decisiones: habrá que preguntarse cuánto cuesta y quién lo paga. A mí me parece bien este ejercicio y creo que nos hacía buena falta.

También oirán decir que la DGT se equivoca y que lo importante es la educación y la formación. Estamos de acuerdo en que la educación es importante, pero sus resultados fructifican a medio y largo plazo, y mientras tanto no podemos sentarnos a esperar contando víctimas. La fórmula nos la da la Unión Europea cuando nos explica que la seguridad vial es un binomio de educación y de represión. La vigilancia y control también son importantes y sólo los países que disponen de sistemas de autoridad eficaces obtienen buenos resultados. Pero sin educación, formación e información se habría producido un rechazo a las necesarias campañas para el cumplimiento de la norma. Así pues, todo es importante y todo suma en un proceso lógico de avance y mejora.

Y a los que dicen que el permiso por puntos está muerto, sólo les diré que hay más de 60.000 conductores con cuatro o menos puntos. Si cometen una sola infracción más que conlleve la retirada de puntos, estos conductores pueden perder el carné. Así que todos ellos deberán conducir con cuidado, porque el permiso por puntos sigue haciendo su trabajo.

Para finalizar, quisiera lanzar una reflexión. Éste es un país maduro: cuando nos ponemos, podemos. Por algo nos llaman los prusianos del sur. Pero nos falta confianza en nosotros mismos; nos falta creérnoslo. Éste es el reto colectivo en estos tiempos de tribulaciones.

Pere Navarro, director de la Dirección General de Tráfico.