Sentimiento unitario de un editorial

Estaremos de acuerdo en que el editorial conjunto de 12 periódicos catalanes, titulado La dignidad de Catalunya, ha generado un amplísimo consenso dentro del país. Yo me sumo a él. Añado el hecho histórico que ha supuesto, sobre el cual quisiera hacer unas reflexiones. Últimamente escucho voces desde el propio catalanismo que rechazan frontalmente todo lo que hemos construido social y políticamente a lo largo de estos 30 años de democracia. Creo que se equivocan. En realidad, la respuesta unitaria de los medios de comunicación es fruto también de esta semilla. ¿Alguien se imagina este editorial 20 años atrás?

Si bien es cierta la desafección respecto a los políticos, no es menos cierto que nunca como ahora la política había sido tan participada por tanta gente. Nunca como ahora la sociedad se había organizado para defender los intereses concretos de los catalanes, sus ideas y ambiciones. Ello puede verse como una debilidad de la clase política. A mí me gusta verlo como una fortaleza de nuestra sociedad.

El camino del Estatut fue y es largo y difícil. Los partidos catalanes que estábamos a favor de él labramos durante meses el campo en el que debíamos plantar la máxima norma del país. Fruto de aquella labor aprobamos en el Parlament de Catalunya el llamado Estatut del 30 de septiembre. En aquel documento, la mayoría de los partidos catalanes encontramos recogidas nuestras aspiraciones como país. Es una hoja de ruta conjunta que siempre debemos tener presente. Una vez plantado tenía que poder arraigar y, por tanto, dar frutos. Era el momento de negociar con el Gobierno de Madrid su aprobación. Pues bien, ese trabajo también lo realizamos. Es cierto que con muchas dificultades, con renuncias y, por qué no decirlo, con un cierto descrédito general. Pero por fin llegamos a un pacto de Estado para su aprobación. Todo ello fue ratificado en referendo por el pueblo de Catalunya.
He querido llegar hasta aquí, para que se entienda que se realizó un trabajo intenso y fructífero, avalado hoy por el editorial conjunto que configura un comportamiento constructivo.
Pues bien, habiendo realizado el trabajo como se requería, resulta que nuestro árbol tiene otra amenaza: la poda del Tribunal Constitucional. Un Tribunal Constitucional desacreditado. ¿Por qué desacreditado? Pues porque claramente nos ha mostrado que, más que una sentencia jurídica, está negociando una sentencia política. Y, con todo el respeto del mundo, este no es su papel. Es en este contexto en el que aparece el editorial. Muchas voces han salido para decir que no puede presionarse al Tribunal Constitucional, que debemos dejar que haga su trabajo. Discrepo absolutamente. Desde el momento en el que el tribunal se ha convertido en un agente político, desde la hora en la que un órgano del Estado juega con los intereses de nuestro país como si se tratara de una partida de ajedrez, la sociedad catalana está absolutamente legitimada para hacer escuchar su voz. La reacción de los medios ha sido la adecuada, tanto en las formas como en el fondo. Ahora, y creo que con toda la razón del mundo, todos vuelven a fijar sus ojos en nosotros, los políticos. La sociedad nos ha dicho cuál es el común denominador sobre el que construir el consenso. El editorial de los medios catalanes nos muestra el camino. Nos dice de forma nítida cuál es la línea a seguir. Por tanto, es evidente que no podemos dejar que el futuro del Estatut quede en manos del Tribunal Constitucional. Nuestra sociedad nos pide que demos un paso más, que la voluntad del pueblo de Catalunya permanezca en nuestras instituciones. Que de forma cívica y responsable levantemos nuestra voz para defender lo que nos corresponde.
El catalanismo, durante el siglo XX, ha alcanzado grandes retos: la cohesión social, el seguir siendo, la catalanidad, un lugar en Europa y en el mundo y unas sólidas instituciones propias del autogobierno. Ahora, lo que está en crisis es otro de los viejos sueños de nuestro país: el encaje de Catalunya en España. Durante 30 años hemos hecho pedagogía. La realidad, lamentablemente, es otra. Es preciso decir que todos los esfuerzos no han sido estériles, que todo el camino recorrido nos ha cargado de razones, nos ha hecho más fuertes y, ante todo, nos ha permitido construir una realidad nacional mucho más fuerte ahora que hace 30 años.

El editorial de los periódicos y el amplísimo consenso recogido, las consultas soberanistas, la reclamación de la gestión del aeropuerto de El Prat, la asunción del agravio fiscal y su necesidad de mejora, la petición de infraestructuras del siglo XXI, son síntomas de que algo se mueve. El país desea ser partícipe de las decisiones que se toman en torno a su futuro. Algunos dicen que esto es fruto de la falta de liderazgo, y yo puedo estar de acuerdo con ello, pero aunque tuviésemos un verdadero líder al frente de las instituciones de nuestro país, este movimiento social debería existir.
Los que en la actualidad nos dedicamos a la cosa pública debemos ser capaces de interpretar todos esos movimientos. Pero, ante todo, tenemos que saber dar una respuesta. No podemos practicar la política de esperar con los brazos cruzados. El tacticismo político, el recuento de beneficios a corto plazo, no puede ser nuestro libro de cabecera. El presente y el futuro son de la política, ahora es preciso que los políticos sepamos hacerlo. Si no, alguien lo hará por nosotros.

Oriol Pujol, portavoz de CiU en el Parlament.