Seny i rauxa

En la cultura popular catalana hay un debate tradicional entre el seny (la sensatez) y la rauxa (el arrebato). Estos dos principios, aunque parezcan contradictorios, pueden darse a la vez en una misma persona. Ambas cualidades serían inherentes a los catalanes, según afirman los seguidores del modelo herderiano del Sturm und Drang. Esta posición la abrazan los separatistas y los separadores en su concepción del Volksgeist, «espíritu nacional», o alma colectiva catalana atribuida a quienes vivimos en la vieja «Marca hispánica». Seny y rauxa serían rasgos de los catalanes, inmutables a lo largo de la historia, y que les habrían diferenciado del resto de los españoles.

El seny se podría definir como la percepción ecuánime previa a la acción mediante una ausencia de pasión distorsionante en el momento de obrar o emitir un juicio, una especie de «flema inglesa» comparable a «la mesura» castellana que aparece en el Cantar de Mío Cid o a la sagesse según describen los franceses. El seny bien podría ser una característica de los catalanes que nos sentimos españoles y nos consideramos libres de nacionalismo, puesto que estamos soportando estoicamente desde hace decenios, una agresiva campaña de propaganda antiespañola a través de los medios públicos y privados al servicio de la causa separatista. Mantenemos el seny sin agresividad, pese a ser sistemáticamente insultados y vilipendiados.

Los separatistas no tienen entre sus cualidades el seny, sino la rauxa, o incluso el «odio», siendo precisos. La rauxa separadora surgió del romanticismo que engendró al nacionalismo, y este a su vez gestó el subproducto del separatismo. El independentismo catalán ha creado una erupción artificiosa de sentimientos excluyentes, ha inflamado visceralmente a la sociedad catalana y amenaza con un grave enfrentamiento civil en los próximos meses. Marcelino Menéndez y Pelayo caracterizó al gran assenyat que fuera Jaime Balmes como una persona «iluminada por la antorcha del sentido común, y asido siempre a la realidad de las cosas». Balmes fue hombre de su tiempo, de un desbordante optimismo histórico. Propuso la solución dinástica con el matrimonio de Isabel II y el conde de Montemolín, heredero del pretendiente carlista, para poner punto final a la contienda carlista.

José Ferrater Mora escribió en 1944 sobre las cuatro formas de vida catalana: la continuidad, el seny, la mesura y la ironía. Ferrater Mora decía que vivir con seny consistía en no sacrificarlo todo a una sola cosa y en integrar la sensatez, la prudencia y la cordura. Josep Pla consideraba el seny como la constatación del individualismo catalán.

Frente a la tesis del seny de los catalanes existe la antítesis de la rauxa –arrebato– que podría evidenciarse en la desmesura de Ramón Llull en la conquista de tierra santa o los arrebatos crematísticos de Salvador Dalí. La rauxa está en muchas de las reacciones históricas que tuvieron lugar en Cataluña, siempre protagonizadas por los sectores más radicales. Ya bien sean las bullangas producidas después de una mala corrida de toros o cuando los atentados anarquistas de la «Rosa del Foc», o la Cataluña asesina del Frente Popular de julio de 1936.

Jaime Vicens Vives, al señalar que las gestas subversivas han sido consideradas como efemérides patrióticas, predijo que la rauxa sería la base psicológica de las acciones subversivas catalanas, la justificación histórica del «todo o nada», la negación del ideal de compromiso y de pacto dictado por el seny colectivo. Como simiente revolucionaria, en muchas ocasiones históricas, el predominio de la rauxa ha desestabilizado a Cataluña y el resto de España.

En la lucha entre el seny de la unión y la rauxa separatista, se vislumbra la eterna confrontación entre la virtud y el pecado, una dicotomía similar a la del yin y el yang del budismo. Sin seny, la rauxa lleva a la confrontación. La rauxa debe someterse al seny. La mesura del seny debe sujetar el entusiasmo de la rauxa.

El Estado tiene ahora ante sí la posibilidad de anteponer el seny y la cordura a la rauxa y locura separatista mediante un plan de acción contundente de propaganda y afectos simbólicos. Es cuestión de voluntad y de recursos.

Ferrán Brunet, fundador de Societat Civil Catalana.

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