Ser socialista hoy

En la nueva publicación del Centre d’Estudis per la Democracia Jordi Solé Tura se reproduce un artículo de 1993 del añorado profesor en el que se preguntaba qué es ser socialista. Es un texto que plantea con fuerza el nexo entre convicciones personales y una coyuntura política que parece cuestionarlas. Nos habla de una Europa que vive momentos de confusión, de desconcierto entre las fuerzas tradicionales de derecha e izquierda, de situaciones de tensión en España.

Todo es ahora mucho más intenso y preocupante. Hace unos días, el dirigente socialista Patxi López escribía un artículo en el que trataba de resituar al PSOE tras la grave crisis de dirección que ha sacudido a toda su estructura. En el artículo, López reconocía un grave problema de adaptación: «El mundo ha cambiado, los problemas son diferentes y nuestras viejas respuestas han quedado anticuadas». El reconocimiento de que existe un problema es la premisa para tratar de resolverlo. Pero lo importante es acertar en el diagnóstico. Patxi López apunta algunos elementos, pero su diagnóstico resulta incompleto al no mencionar el cambio tecnológico y hablar genéricamente de ‘economía’, al referirse al capitalismo en la versión actual financiera, digital, especulativa y ambientalmente depredadora.

¿Hay respuesta a la ‘uberización’ del mercado de trabajo? ¿Sigue habiendo espacio para una socialdemocracia que pretenda únicamente paliar los efectos negativos que genera ese sistema a través de políticas de reducción de daños y mecanismos redistributivos que atemperen inequidades e injusticias? ¿No deberíamos plantearnos nuevas respuestas desde la inversión pública y desde las iniciativas cooperativas aprovechando las posibilidades de las plataformas digitales?

Bernie Sanders o Jeremy Corbyn, dos personajes de largo recorrido, que durante mucho tiempo han sido vistos en sus partidos como figuras exóticas que repetían conceptos de otra época, tienen ahora entre los más jóvenes los que mejor valoran su coherencia, su compromiso y su clara defensa de un cambio radical, alejado de las terceras vías de Blair y Clinton. Y lo son porque han sabido conectar los valores de siempre con los dilemas y conflictos actuales que dejan sin futuro digno y justo a las nuevas generaciones. Son muchos los que afirman que precisamente con Sanders las cosas hubieran podido ser distintas el pasado 8 de noviembre en EEUU.

No creo que sea posible ser socialista sin superar los postulados socialdemócratas tal y como han ido siendo puestos en práctica en los últimos años por los partidos que los han representado. Con la aceptación de la economía de mercado, del capitalismo, en su versión actual, financiera, digital y global, no hay espacio para poderes públicos que quieran disponer de capacidad de decisión significativa en temas clave, recuperando soberanía desde la proximidad.

No hace falta ir al programa de Erfurt del Partido Socialdemócrata Alemán de 1891, para recordar que aquella declaración de lucha contra toda opresión de clase, de raza y de sexo, está lejos de lo que hoy son las prácticas de gobierno de la socialdemocracia europea, difícilmente distinguibles, en sus programas económicos, de la ortodoxia neoliberal. La mezcla de ingenuidad (para seguir diciendo bien alto lo que uno cree) y de realismo (para poder transformar lo que no nos gusta, ya que de lo contrario no traduciríamos en hechos concretos los grandes conceptos) sigue siendo una combinación imprescindible.

Recuerda Solé Tura en el citado artículo de 1993 que «cuando hay una contradicción entre lo que uno piensa y la realidad, la culpa nunca es de la realidad, y no tiene sentido aferrarse a conceptos caducos». Estoy muy de acuerdo. Sigue habiendo «desigualdades por resolver, injusticias por reparar y prepotencias por vencer» y necesitamos nuevos conceptos para interpretar esa realidad y ser capaces de transformarla. Las pulsiones de fondo que han movido siempre a lo que llamamos izquierda, la lucha de los que padecen injusticia y no aceptan la pobreza como algo inevitable, siguen ahí. No podemos considerar la economía como algo naturalizado e indiscutible. Hay quienes pierden y quienes ganan en cada decisión que se toma.

Ser socialista hoy, para mí, es luchar contra la prepotencia y la corrupción, contra la injusticia y la desigualdad, contra un sistema que genéticamente genera esas situaciones. Y buscar nuevos aliados que quieran explorar nuevas vías para construir colectivamente y en común, alternativas dignas y justas.

Joan Subirats, Catedrático de Ciencia Política (Universitat Autònoma de Barcelona).

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