Setenta años de neurocirugía en España

En fecha reciente, la Sociedad Española de Neurocirugía ha celebrado el setenta aniversario de su constitución. Este hecho ha servido para efectuar una serie de reflexiones sobre el desarrollo y situación actual de la Neurocirugía, el de la sociedad científica que la representa y, por último y más importante, acerca de la utilidad de todos estos planteamientos para el verdadero destinatario y beneficiario: el paciente.

Una primera reflexión es acerca del papel de las sociedades científicas, las cuales deben elevar el nivel científico-técnico y además aportar a la sociedad a la que sirve elementos divulgativos que permitan incrementar los niveles de salud y de prevención de la enfermedad. De forma paralela a estos nobles fines, las sociedades científicas deben erigirse en órganos de obligada consulta por parte de las instancias administrativas de política sanitaria a nivel estatal, regional o provincial, aspecto de indiscutible necesidad de cara a la adecuada organización y planificación de la actividad médica. Pues bien, la Sociedad Española de Neurocirugía persigue todas estas metas. La Sociedad Española de Neurocirugía ha dirigido un gran esfuerzo para elevar la calidad, persiguiendo la excelencia clínica. Da prueba de ello que neurocirujanos españoles en el momento actual están presentes en foros y sociedades internacionales con puestos de extraordinaria relevancia, como la presidencia de la Sociedad Europea de Neurocirugía, la presidencia científica de la Asociación Internacional de Neurocirugía Infantil o la presidencia de la Fundación de la Federación Mundial de Sociedades de Neurocirugía. Al mismo tiempo, la Sociedad Española de Neurocirugía ha llevado a cabo una extraordinaria intensificación de cursos y programas de formación para neurocirujanos jóvenes. Este aspecto de la formación y de la educación entronca directamente con las iniciativas de la Sociedad Española de Neurocirugía y la Comisión Nacional de la Especialidad de Neurocirugía (esta última, órgano consultivo oficial del Ministerio de Sanidad) para el debate de las reformas y mejoras del sistema de formación de médicos internos residentes, unánimemente aclamado como uno de los grandes elementos de mejora de nuestra sanidad española. En este sentido se ha luchado denodadamente para contrarrestar los efectos negativos del proyecto de troncalidad, muy útil para algunas especialidades, pero tremendamente desfavorable para otras, como la Neurocirugía, cuya formación se ha visto amenazada al ser reducido el programa específico de formación a solo tres años de los cinco actuales. Una vez más, la comodidad de los administradores de la política sanitaria ha desembocado en una norma rígida e inflexible cuyo encorsetamiento y falta de imaginación han supuesto una terrible amenaza para el programa formativo español. Por suerte, el decreto de troncalidad no ha visto la luz, aunque lamentablemente en el contexto de un paralelismo con Al Capone: el temible gánster no fue a la cárcel por sus múltiples asesinatos, sino por no pagar sus impuestos. En este caso, el decreto de troncalidad no ha salido adelante, pero no debido a sus múltiples aberraciones conceptuales, sino al hecho de no haber aportado la preceptiva memoria económica. La indolencia de nuestras autoridades (con independencia del signo político) es puesta de manifiesto ante la escasa sensibilidad para revisar los criterios de acreditación de centros para la formación de especialistas, criterios que tienen más de treinta años de antigüedad, o para la adecuada planificación de centros, recursos y número de especialistas en formación como vacuna contra el desempleo y la falta de especialistas.

Pero junto a la obligada crítica constructiva sobre la base de haber trabajado y haber defendido noblemente lo que hemos entendido era mejor para la neurocirugía española, hablemos también de los logros. La Neurocirugía española, fundamentalmente desarrollada en el ámbito del sistema público, es ahora mismo una neurocirugía puntera y vanguardista para orgullo de profesionales, gestores y ciudadanos, paseándose por los foros internacionales sin ningún tipo de complejo. Muy al contrario, muestra la cuadratura del círculo de conseguir medicina de excelencia clínica en un contexto de medicina pública y de igualdad de acceso a la mejor medicina posible y de forma ilimitada para todos los pacientes, con independencia de sus circunstancias económicas o sociales. Finalmente, señalar que hemos aprovechado la feliz efeméride del septuagésimo aniversario de la creación de nuestra sociedad para honrar y reconocer el trabajo de los que nos han precedido en nuestra noble profesión, recordando que el presente y el futuro de la misma va a seguir ligado a la consecución de la mejor neurocirugía posible, incardinando sus fines con los intereses y expectativas de la sociedad a la que nos honramos en cuidar y proteger en el ámbito de nuestra actividad médica.

Miguel Ángel Arráez Sánchez, presidente de la Sociedad Española de Neurocirugía y jefe de servicio de Neurocirugía del Hospital Carlos Haya.

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