Sí, es culpa de tus padres

Vivimos en una cultura que celebra el individualismo y la independencia. Sin embargo, los humanos somos una especie exquisitamente social: prosperamos al tener buena compañía y sufrimos en aislamiento. Más que cualquier otra cosa, nuestras relaciones íntimas —o su falta— moldean y definen nuestras vidas.

Aunque ha habido muchas escuelas de pensamiento que nos ayudan a entender qué es lo que tensa o mantiene los vínculos humanos, desde la freudiana hasta la Gestalt, una de las explicaciones más estudiadas quizá sea la menos conocida por la gente: se llama teoría del apego y cada vez más hay un mayor consenso sobre su capacidad para explicar y mejorar cómo nos desenvolvemos en nuestras relaciones.

Concebida hace más de 50 años por el psicoanalista británico John Bowlby y validada científicamente por la psicóloga estadounidense Mary S. Ainsworth, especialista en desarrollo, la teoría del apego está en auge y se aplica en todos los niveles: desde los preescolares de zonas desfavorecidas hasta los programas de mentorías ejecutivas. Los expertos en los campos de la psicología, la neurociencia, la sociología y la educación mencionan que el supuesto subyacente de la teoría —que la calidad de nuestros apegos tempranos influye profundamente en nuestro comportamiento adulto— tiene una repercusión especial en una época en que la gente parece más apegada a sus celulares que a las demás personas.

Hacia el final de nuestro primer año de vida ya ha quedado marcada en nuestros cerebros de bebé una plantilla bastante indeleble sobre cómo pensamos que funcionan las relaciones, con base en la manera en que nos tratan nuestros padres u otros cuidadores importantes. Desde un punto de vista evolutivo, esto tienen sentido porque debemos descubrir pronto cómo sobrevivir en nuestro entorno inmediato.

“Si se te brinda un apego seguro, eso es genial, porque entonces tienes la expectativa de que, si estás angustiado, puedes recurrir a alguien en busca de ayuda, además de sentir que puedes ayudar a otros”, dijo Miriam Steele, la codirectora del Center for Attachment Research en la New School for Social Research, en Nueva York.

No es tan bueno si estás en el grupo del 40 al 50 por ciento de bebés que, según indica un metaanálisis de investigaciones, tienen un apego inseguro porque sus experiencias tempranas fueron por debajo de lo óptimo (sus cuidadores estaban distraídos, eran extremadamente autoritarios, eran despectivos, no eran confiables, estaban ausentes o tal vez eran amenazantes). “En casos así, tienes que ganarte tu seguridad”, dijo Steele, formando apegos seguros más adelante que te ayuden a superar tu deficiente modelo interno de funcionamiento.

Puesto que la tasa de divorcio también está entre el 40 y el 50 por ciento, parecería que no se trata de una tarea sencilla. De hecho, según los investigadores, las personas con modelos de apego inseguro tienden a sentirse atraídas por aquellos que cumplen con sus expectativas, aunque los traten mal. Pueden actuar subconscientemente de maneras que provoquen una conducta insensible, poco confiable o abusiva, la que les sea más familiar. También pueden huir de los apegos seguros porque los perciben como algo desconocido.

“Nuestro sistema de apego da preferencia a lo que ve de acuerdo con lo sucedido en el pasado”, dijo Amir Levine, un psiquiatra de la Universidad de Columbia y coautor del libro Attached, que explora la manera en que las conductas de apego afectan la neuroquímica del cerebro. “Es como buscar en Google, que autocompleta la búsqueda con base en lo que buscaste antes”.

De nuevo, esto no significa necesariamente que tu destino esté marcado. Los programas de intervención en la New School y la Universidad de Delaware están teniendo un éxito sobresaliente ayudando a los grupos de alto riesgo, como las madres adolescentes, a cambiar sus conductas de apego (a menudo transmitidas de una generación a la siguiente) y establecer relaciones más seguras. Otra estrategia de intervención basada en el apego llamada Círculo de Seguridad, con 19.000 facilitadores capacitados en 20 países, también ha mostrado ser efectiva.

Lo que estos protocolos tienen en común es promover la conciencia entre los participantes de su estilo de apego y los comportamientos de sabotaje asociados, así como instruirlos sobre la manera de equilibrar la vulnerabilidad y la autonomía en las relaciones.

Una razón por la que la teoría del apego ha “ganado tanto terreno últimamente es que sus ideas y observaciones hacen eco en nuestra vida diaria”, dijo Kenneth Levy, un profesor adjunto de Psicología en la Universidad Estatal de Pensilvania que realiza investigaciones sobre psicoterapia orientada al apego.

De hecho, si miras las categorías clásicas de estilos de apego —seguro, inseguro-ansioso, inseguro-evitativo e inseguro-desorganizado— es muy fácil encontrar cuál es aplicable a ti y a otras personas en tu vida. Las categorías se derivan de decenas de miles de observaciones a bebés y niños en proceso de aprender a caminar cuyos cuidadores los dejaban brevemente, ya fuera solos o con un extraño, y luego regresaban, lo que constituye una prueba conocida como “Situación extraña”. Las etiquetas también pueden aplicarse a la manera en que se comportan los adultos con sus seres queridos en momentos de estrés.

Los niños seguros se enojan cuando sus cuidadores se van, y se acercan a ellos con los brazos abiertos cuando regresan. Abrazan con fuerza al cuidador, quien puede calmarlos pronto. Un adulto con apego seguro también busca consuelo y apoyo en un ser querido cuando, por ejemplo, no lo tomaron en cuenta para un ascenso en el trabajo o se siente vulnerable y herido. Además, está listo para actuar de manera recíproca si la situación se revierte.

Los niños en el extremo inseguro-ansioso del espectro se molestan cuando los cuidadores se van y pueden acercarse a ellos cuando regresan. Pero no se calman con facilidad, por lo general porque su cuidador ha demostrado ser una fuente poco confiable de consuelo en el pasado. Pueden patalear y arquear la espalda como si estuvieran enojados. En la edad adulta, tienden a obsesionarse con sus relaciones y es posible que sean muy dramáticos con el fin de obtener atención. Quizá persigan a alguien que les interesa en términos amorosos, en lugar de tomarlo con calma.

Los niños inseguros-evitativos no registran su estrés cuando el cuidador se va (aunque sus hormonas del estrés y su ritmo cardiaco puedan estar por los cielos) y no muestran mucho interés cuando el cuidador regresa porque están acostumbrados a que se les ignore o rechace. Otra opción es que un padre los haya asfixiado con demasiada atención. Los adultos inseguros evitativos tienden a tener problemas para intimar y es más probable que terminen las relaciones, en especial si les está yendo bien. Es posible que no devuelvan una llamada y se resistan a hablar de sus sentimientos.

Por último, los niños y los adultos inseguros-desorganizados tienen comportamientos tanto evitativos como ansiosos de manera ilógica y errática. Esta conducta es por lo general el resultado residual de situaciones en las que el cuidador durante la infancia era amenazante o abusivo.

Las herramientas para determinar tu estilo de apego dominante incluyen la Entrevista de Apego Adulto —que está hecha para que la aplique un psicólogo clínico—, así como cuestionarios autoadministrables como la Encuesta de Estilos de Apego y Relaciones Cercanas. Sin embargo, los críticos sostienen que su exactitud depende de la habilidad y la capacitación del entrevistador en el caso de la primera, y de la autoconciencia en la segunda; lo que quizá explica por qué puedes hacer ambas pruebas y obtener resultados diferentes.

“También es posible que la gente deba verse como un continuo a través de las distintas categorías”, dijo Glenn I. Roisman, director del Laboratorio de Investigación sobre las Relaciones en la Universidad de Minnesota, en Mineápolis.

Cabe resaltar que, al igual que las personas en las categorías de inseguridad pueden tornarse más seguras cuando establecen relaciones cercanas con gente segura, las personas seguras pueden serlo menos si están con personas inseguras. “Necesitas del contexto social para mantener tu sentido de seguridad”, dijo Peter Fonagy, profesor de Psicoanálisis en el University College London.

Añadió que tener apegos seguros no consiste en ser un padre o pareja perfectos, sino en mantener la comunicación para reparar las inevitables desavenencias que ocurren. En el desgaste diario de cualquier relación, dijo el Dr. Fonagy, “si el flujo libre de la comunicación es defectuoso, la relación también lo es”.

Kate Murphy es una periodista de Houston que escribe frecuentemente para The New York Times.

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