Si estás enamorado y no lo publicas en Instagram, ¿tu relación existe?

“Mira esto”.

Mi amiga casi me restregó el teléfono en la cara. En la pantalla había una fotografía en Instagram de una pareja que ambas conocemos: ella tenía los labios fruncidos sobre un coctel espumoso en un bar oscuro y la foto había sido tomada con flash. Debajo, la descripción decía algo así como: “Publicación semanal de amor #72: cocteles sofisticados con mi bebé #MiNoviaEsMejorQueLaTuya #Semaniversario #PerdónEsMía”.

“Puaaaj”, respondí, con el sonido más vomitivo que pude hacer, apartando el teléfono de mi vista. Mi amiga soltó una carcajada, encantada de la facilidad con la que podía molestarme. Esta pareja celebra su semaniversario cada semana, sin falta. Siempre. Lo han hecho durante 72 semanas, que son como 17 meses, que es casi un año y medio. Deténganlos.

La relación de ambos lleva muy poco tiempo y ya estoy exhausta. Lo mismo le sucede a la mayoría de los amigos que tenemos en común. Las respuestas a sus publicaciones de semaniversario han ido en picada; de tener decenas de “¡Tórtolos!” y “¡Qué linda pareja, ahhhh!” en los primeros días de relación, ahora tienen solo un comentario de una de sus madres. Un arbusto seco rodando a través de los polvorientos cañones del Parque Nacional de Ya Cállense Los Dos.

En la vida real, los dos integrantes de esta pareja son buenas personas y están enamorados, y es maravilloso, pero son el terror de las redes sociales. Las publicaciones de semaniversario son solo la punta de un iceberg de vómito congelado. También hay fotografías en primer plano a las cenas que todo el tiempo hacen en casa (carita de beso #MeQuedoConElla). Hay imágenes repetidas, casi idénticas, de uno de ellos tomando una siesta junto a un gato (ojitos con corazones #TodoMío). El contenido es nauseabundo e irresistible; un carrete infinito de dos personas a quienes no les interesa mantener las pequeñas alegrías de su relación en privado.

Pero no solo son ellos. Tengo parejas de amigos que publican a diario #LaRazónDeMiAmor con párrafos dedicados solo a su pareja (y a sus dos mil seguidores), además de quince etiquetas debajo de todo eso. Conozco amigos que tienen relaciones en las que convierten una noche de pizza en casa en todo un evento. No se trata solo de ordenar pizza, sino de ¡por Dios, es el mejor novio del mundo! <3<3 ¡Noche de cita con pizza! ¡Feliz martes, amor, te amo tanto que no imagino mi vida sin ti! #Superenamorados.

Si estás enamorado y no lo publicas en InstagramMe vuelve loca. ¿Por qué la gente hace un espectáculo de sus relaciones en línea? ¿Quién es el destinatario? No comprendo el objetivo de escribir continuamente profundas declaraciones de amor, aunque se trate de un amor platónico con un amigo, para que lo vean miles de extraños. ¿Acaso lo hacen para marcar su territorio? ¿Lo hacen para que su pareja se sienta bien? ¿Para mostrarles a los demás que alguien merece que lo amen? Pero esperen: ya eligieron a esa persona…

Nuestra vida real se está mezclando con nuestra vida en línea; ya no las distinguimos. Incluso las personas normales que no son famosas alimentan su propia marca. ¿Una relación es real aunque no se presuma en Instagram? ¿La nueva definición de fobia al compromiso es una persona que elige mantener sus relaciones fuera de internet?

Si es así, tengo fobia al compromiso. Las publicaciones amorosas diarias me hacen querer tirar mi teléfono a la calle. Los videos de propuestas de matrimonio públicas hacen que me agarre la cabeza y emita gruñidos salvajes. Si tienes que recordarle al mundo lo feliz que eres, algo anda mal. Las personas felices no necesitan anunciar una y otra vez que lo son. Las personas felices simplemente lo son. ¿Y tus amigos? Ellos saben si tienes una relación sana y amorosa con solo verte y porque te conocen. No necesitas declararlo cada vez que te conectas. Estas publicaciones constantes de #MetasAmorosas son exageradas.

Las personas que parecen estar interesadas en acumular “admiradores” de su relación me intrigan particularmente. Aunque es lindo y halagador tener comentarios como “Son un ejemplo” y “Adóptenme” en las fotos con tu pareja, me parece que se genera una presión social por permanecer en una relación que en realidad podría ser perjudicial. A una de mis mejores amigas le preocupaba “decepcionar a la gente”.

Tenía fanáticos de su relación. Montones.

“Me siento muy tonta”, me dijo llorando. “Todo el mundo cree que somos perfectos. No quiero decepcionarlos”.

A ver, tomemos un poco de distancia. Como diría mi madre: “Apaga el reflector, cielo”. Tu relación o tu rompimiento no son del dominio público, a menos que lo propicies y lo fomentes. Ninguna pareja es perfecta y nadie conoce los asuntos privados que ocurren entre dos fotografías bien editadas que publicaste con buena iluminación durante las vacaciones con tu pareja. A veces, las parejas son un desastre total. ¿No te parece extraño alentar a las personas a envidiarte mientras interpretas el personaje de alguien que tiene una relación feliz?

Miren, no soy ningún monstruo. Me alegra y me emociona que mis amigos tengan relaciones amorosas. ¡Yo tengo una! ¡Y es maravillosa! No odio todas las publicaciones lindas acerca de las parejas; una que otra me hace murmurar admirada cuando estoy recostada en el sillón revisando mis redes sociales. “Aaay, míralos”, digo en la habitación vacía y le pongo me gusta con toda sinceridad y busco en los emoticones el corazón rosado con destellos, el arcoíris y el ícono de la llama.

Amo el amor. Solo que, ya saben, no precisamente cada vez que desbloqueo mi teléfono.

Krista Burton es colaboradora de la publicación en línea Rookie.

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