Silencio sobre el aceite

Por Josep Català (EL CORREO DIGITAL, 06/05/08):

Curioso fenómeno el que ocurre con los aceites: cada gobierno español tiene su cruz aceitosa en función de su color político. A la UCD le correspondió la del aceite de colza; al del PP, la del orujo, y al PSOE, la actual del de girasol. Un factor común se observa a poco de analizar tales crisis: la incompetencia en resolverlas es más o menos igual en los tres casos. Vamos, que la inopia y el mal hacer hermana a todos los planteamientos políticos. Por lo menos entre nosotros.

El ministro Bernat Soria, el presidente de la Agencia Española de Seguridad Alimentaria y Nutrición (AESAN), Félix Lobo, y el director general de la misma, José Ignacio Arranz, ya han hecho méritos suficientes como para pasar a la historia de la tecnología alimentaria hispana, no como los tres mosqueteros, en ejercicio de la lógica de actuación y de la defensa de los consumidores, sino como un auténtico trío de la bencina. En este caso, de los nunca aclarados ‘hidrocarburos alifáticos’, ya que la bencina es un ‘hidrocarburo aromático’. Sobre todo, seamos científicos.

El señor Félix Lobo, en la última rueda de prensa que realizó el trío, y en la que se anunció «el fin de la crisis», dijo, textualmente: «No estamos aquí para satisfacer la curiosidad de los periodistas» (‘ABC’, 29 abril 2008). Lo que da idea de lo que puede esperarse de la Agencia que preside. Por ejemplo, en su web (www.aesan.msc.es/aesa/web/AESA.jsp) pueden leerse actualmente (a la derecha, en letra negrita: ‘Argumentación ‘) los ‘consejos’ que ofrece a los consumidores, que, por cierto, estos días han de comenzar a pasar por la ventanilla de Hacienda a pagarles el sueldo a los tres. Unos ‘consejos’ emanados de las últimas recomendaciones de la Comisión Europea. Y así, se explica qué debe hacerse con los productos (desde patatas fritas hasta magdalenas, digo yo, porque no lo hace la AESAN) elaborados con aceite de girasol ucraniano. Y dice que será mejor tirarlos a la basura.

Lo que no se indica en el web de la AESAN es que la casi totalidad de tales productos no especifican si han sido elaborados con aceite de girasol (ucraniano o no), sino que en la etiqueta se lee, si el tamaño de la letra lo permite, ‘aceites vegetales’. Vamos: desde aceite de palma hasta el de colza, pasando por el de cártamo, por decir alguno raro. Magnífica defensa de los consumidores la que lleva a cabo la AESAN. Y estupendo recurso legal para muchos industriales, que no desean que se sepa qué tipo de aceite utilizan. Poco puede hacer, pues, el consumidor, a no ser que quiera deshacerse de media despensa.

Pero con todo, a mi modo ver y dejando de lado la posible toxicidad del aceite contaminado que nos ha llegado de Ucrania (y que, desde luego, no es tóxico en un uso puntual), lo realmente grave de la actuación ministerial es que en ningún momento ha citado su disposición de exigir responsabilidades a algunos (¿cuántos?) aceiteros españoles. En efecto: para la extracción del aceite de las semillas adecuadas (como las pipas del girasol) se utilizan siempre disolventes específicos. En el caso que nos ocupa es el hexano el disolvente paradigmático. Se trata, claro está, de un hidrocarburo alifático.

Pues bien, según la alerta comunitaria RASFF del pasado 23 de abril, el aceite contaminado procedente de Ucrania y destinado a su refinado antes de venderse el consumidor, contenía 5.790 mg/kg (!!!) de hidrocarburos alifáticos/aceites minerales. Una cifra que, por cierto, nunca ha sido difundida por el Ministerio de Sanidad y Consumo. Ese mazacote, por así decir, fue en parte refinado por algunos industriales españoles, y seguidamente envasado y puesto a la venta. El director de la AESAN ha afirmado que las partidas contaminadas que han detectado en los comercios, contienen hasta 150 mg/kg de hidrocarburos alifáticos, «una sexta parte de lo que sería peligroso para la salud», ha añadido.

Pero lo que no ha dicho, ni él ni nadie del Ministerio, es que la actual legislación española (y europea) al respecto (RD 2667/1998, BOE núm. 303, del 19 de diciembre de 1998) impone que la cantidad máxima de hexano en el aceite de girasol debe ser de 1 mg/kg. Es decir: que el vendido por algunos espabilados industriales supera en 150 veces la cantidad legal.

En un país digamos que normal esto sería suficiente como para el rápido inicio de expedientes por falta grave o muy grave contra determinados refinadores-envasadores; pero, ca, aquí ni siquiera se ha mencionado esta medida contemplada e impuesta por la legislación. Para más inri, la Asociación Nacional de Industriales Envasadores y Refinadores de Aceites Comestibles (ANIERAC), y a la que casi con total seguridad pertenecen los espabilados envasadores, no ha dicho ni ‘mu’ sobre el particular.

¿Protección al consumidor, decía usted? ¿Crisis cerrada, según el ministro Soria?

Pues qué bien.