Simone Veil

Después de agotarse en guerras civiles, guerras de religión y elecciones, que son la forma atenuada de lo anterior, las naciones se reconciliaban; antes en el culto a los santos, hoy en el culto a los héroes. Y a las heroínas. En Francia esta práctica es antigua y se remonta a Juana de Arco, pero desde que la Iglesia de Francia perdió su brillo, los franceses necesitan héroes republicanos. Con este fin, los dirigentes de la Revolución francesa, en 1791, reconvirtieron una iglesia en construcción, la renombraron Panteón e inscribieron la dedicatoria «A los grandes hombres, la Patria agradecida». En la lengua francesa clásica, un gran hombre puede ser una mujer, ya que la forma masculina es neutra. Pero ahora que las feministas cuestionan esta neutralidad, no excluyo que, en un futuro próximo, el frontispicio del Panteón se revise y se inscriba en él: A los grandes hombres y a las grandes mujeres, la Patria agradecida, con el riesgo de que los no gramáticos confundan una gran mujer con una mujer grande. Pero me estoy desviando del tema.

En el Panteón, hasta ahora, solo se ha inhumado a dos mujeres: una sabia premio Nobel de Física, Marie Curie, y una antropóloga, miembro de la resistencia contra el nazismo, Germaine Tillon. Pero hay más: la tumba de Germaine Tillon está vacía, porque su familia no aceptó que se desenterrara su ataúd para trasladarlo, según exige el protocolo, a la cripta del Panteón. Y sobre todo, ¿qué es un gran hombre, o una gran mujer? La consulta de la lista de los héroes que descansan bajo esta cúpula nos deja perplejos: encontramos a Voltaire y a Jean-Jacques Rousseau; también a Víctor Hugo y a Alejandro Dumas; pero no a Albert Camus, pues su familia lo rechazó. El Panteón no es cristiano, pero aun así nos cruzamos con el Abate Grégoire, diputado durante la Revolución, que tuvo el buen gusto de abolir la esclavitud antes de que Napoleón la restableciera. Nos encanta descubrir también a René Cassin, que redactó la Declaración Universal de los Derechos Humanos, y a Jean Monnet, negociante de Cognac que tuvo la idea genial de basar la Unión Europea en el libre comercio. Aparte de ellos, aquí reposa una cohorte de desconocidos cuyo principal mérito fue mantener estrechas relaciones con Napoleón I o con los gobiernos del momento. Pero no hay nada deshonroso en el conjunto: el Panteón sigue siendo la consagración suprema y rarísima, sobre todo si se compara con la Legión de Honor, el cordón rojo que llevan en la solapa o en la blusa treinta mil franceses y francesas que aún viven. Así pues, acaba de ser elegida para el Panteón Simone Veil, el mismo día de su funeral, por decisión del presidente Macron, que es en todo un hombre con prisas. Pero es cierto que la muerte de Simone Veil ha conmocionado a toda Francia, repentinamente recogida y unida (o casi) en torno a esta mujer de excepcional trayectoria.

Internada en Auschwitz en 1944 junto a su hermana por ser judías, allí vio morir a su madre. Ella sobrevivió, pero como escribió en sus Memorias, nunca se sale del todo de Auschwitz. Siendo una joven magistrada, la encontró Valéry Giscard D’Estaing, que la nombró ministra de Sanidad, encargada de defender la ley que autorizaba el aborto, en 1975. Lo logró con el rigor y la emoción que la caracterizaban, y con tanto talento que Simone Veil se convirtió inmediatamente en la mujer más querida por los franceses y, a la vez, la más odiada. Como primera presidenta del Parlamento Europeo, suscitó de nuevo una inmensa pasión, a favor y en contra. En aquellos años se hablaba todavía del Holocausto y Simone Veil era percibida como un actor político principal. Pero a medida que los europeos se centraban más atentamente en su pasado, Simone Veil, la superviviente, dominaba sobre Simone Veil, mujer política. Por otra parte, ¿es de derechas o de izquierdas? Llevó a cabo reformas de izquierdas con gobiernos de derechas. Si no era de izquierdas, era porque temía, por ese lado, la tendencia totalitaria. A fin de cuentas, cuando murió, el pasado 30 de junio, todos la reivindicaron: las feministas recurrieron a ella y los progresistas la acapararon, igual que los liberales. Solo la extrema derecha se negó a participar en el homenaje nacional, no porque fuese judía (aunque…), sino porque estuvo a favor del aborto y de Europa, dos líneas rojas del Frente Nacional.

El destino de los héroes y heroínas es ser recuperados; así ocurrió con Juana de Arco, que en el siglo XIX fue de izquierdas porque había surgido del pueblo, y en el XX pasó a la derecha porque era católica. Ignoramos, pues, cuál será la gloria póstuma de Simone Veil. Es improbable que tenga tan mala suerte como Mirabeau, héroe de la Revolución, trasladado al Panteón en 1794 y evacuado después por una puerta lateral, para dejar sitio a Marat, su rival, que fue excluido a su vez; el viento había cambiado.

Guy Sorman

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