Sin bragas en la discoteca

“Si vienes sin bragas, entrada + copa gratis + 100 € efectivo”. El pasado febrero, la discoteca Bailódromo Caña Dulce de Barcelona lanzó esta promoción que, como en su momento escribió el amigo Joan Ollé, además de deplorable era un test para saber cómo andamos de bolsillo y de cerebro. La patética iniciativa sumó la indignación de mucha gente en las redes, de numerosas asociaciones y de las instituciones. Ante el revuelo generado, la discoteca decidió no repetir la oferta. El sentido común impidió que las bragas se convirtieran en moneda de cambio en ese local, pero, ¿las principales discotecas no practican la discriminación?

El trato pretendidamente ventajoso para las mujeres es un reclamo usado por buena parte de los locales. A veces, de modo sutil. Por ejemplo, Otto Zutz y Opium Barcelona ofrecen “noches de chicas”, con cena gratis para ellas o entrada gratis hasta la 1 de la mañana. Otras veces, el anzuelo es más explícito y no se escuda en noches especiales. La oferta de entrada gratis para chicas hasta la 1 de la mañana es un clásico de Cocoa, la macrodiscoteca de Mataró. Basta con que ellas impriman el ‘flyer’ de la promoción y lo muestren a la entrada. Curiosamente, nunca, en ningún local, hay ofertas exclusivas para chicos.

El trato discriminatorio es más evidente en las páginas multioferta, donde según el día se ofrecen promociones para una u otra sala. Esta era la oferta que Emium Group ofrecía para el pasado martes en Opium Barcelona: “Chicas gratis hasta la 1:30 am. Después, 15€ + cava. Chicos hasta las 2:30: 15€ copa + cava”. Para el pasado jueves, Fiestaselite brindaba entrada gratis para las chicas mayores de 18 años y los chicos mayores de 21. La misma oferta se reproducía para la sala Bling Bling. Aunque son webs ajenas a las discotecas, resulta difícil creer que actúen sin un acuerdo con estas.

Pero, más allá de las promociones escritas, llega el momento de la cola y la presencia, siempre intimidante, de un portero. Y ahí, en la entrada, el control de DNI suele ser más estricto para los chicos que para las chicas. También los requisitos en la indumentaria, donde la elegancia es obligada para los chicos.

Es evidente que las facilidades para las chicas persiguen un objetivo puramente comercial: usarlas como anzuelos para los chicos que, además, consumen más bebidas que ellas. Si existen dudas sobre la táctica ‘gancho’, basta asomarse a los vídeos promocionales. Por ejemplo, el ‘Loco lunes’ de Opium Barcelona (24/04/2017) dedicado a las fiestas de Erasmus destila tal temperatura erótica que llama a la confusión. ¿Fiesta para universitarios o juerga en un prostíbulo? También las fotos de los eventos en Facebook tienen una especial predilección por las chicas. Las más atrevidas, las más sexis, siempre en primer término.

Toda esta discriminación, ¿a dónde nos lleva? A nada bueno. Ni para ellas ni para ellos. Para todos es entrar en un juego en el que se acepta a la mujer como objeto. Ellas saben que tienen ventajas por atraer a los hombres, por vestir de forma más provocadora, por erotizar su cuerpo. Ellos aceptan el mercadeo y, quizá, por pagar más, por ser más difícil su entrada, se sienten con cierto poder para reclamar alguna contraprestación. La discriminación en la entrada puede llevar a un razonamiento perverso: al fin y al cabo, ellas son solo anzuelos que pretenden atraernos a nosotros, los hombres, los importantes.

Pero, más allá de la perniciosa contribución a la desigualdad de sexos, ¿es legal esa discriminación? La ley orgánica 3/2007, de 22 de marzo, para la igualdad efectiva de mujeres y hombres, recuerda que el “artículo 14 de la Constitución española proclama el derecho a la igualdad y a la no discriminación por razón de sexo. Por su parte, el artículo 9.2 consagra la obligación de los poderes públicos de promover las condiciones para que la igualdad del individuo y de los grupos en que se integra sean reales y efectivas”.

Y por si quedaran dudas sobre el cumplimiento en los servicios privados, el artículo 69 especifica: “Todas las personas físicas o jurídicas que, en el sector público o en el privado, suministren bienes o servicios disponibles para el público (…) estarán obligadas, en sus actividades y en las transacciones consiguientes, al cumplimiento del principio de igualdad de trato entre mujeres y hombres, evitando discriminaciones, directas o indirectas, por razón de sexo”. Un epígrafe siguiente considera admisible las diferencias si están justificadas por un “propósito legítimo”. Es evidente que la promoción de la mujer-anzuelo no puede ampararse en esta puntualización.

El mundo del ocio nocturno puede ser tachado de frívolo, pero sus prácticas también inciden en la sociedad. El trato ventajoso a la mujer que hacen algunos locales no es más que un privilegio capcioso que las trata como mercancía y perpetua los estereotipos machistas de género. ¿Todas las discotecas proceden del mismo modo? No, en absoluto, y su forma de actuar no hace más que desnudar de razones los locales sexistas. Esos en los que las bragas sí son moneda de cambio.

Emma Riverola, escritora.

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