Sin compromisos en Marrakech

Hace un año, después de mucho trabajo, tuvimos en París el acuerdo del COP 21, que llegaba tarde, era demasiado pequeño aunque suficiente para empezar a caminar. Tarde porque este año ya ha sido el más caluroso jamás registrado -ya estamos en 1,2 grados respecto a los niveles preindustriales- y de los 16 años más calurosos de la historia, 14 han sido en el presente siglo (el otro fue en 1998). Y fue un acuerdo pequeño porque lo que se invierte son 91.000 millones de dólares y hasta el momento solo se han comprometido 9.100 millones (el 0,9% del PIB español) para el mayor desafío del planeta. La clave: una concreción que comporte mayor ambición. Que los estados cumplan con sus compromisos aun en un escenario catastrófico, con subidas de 2,8 a 3,1 grados.

El problema: que Trump llega en el momento más frágil, como denunció Nicolas Stern en ‘Economics of Climate Change’. Sabemos que los efectos del cambio climático son mucho más graves de los que inicialmente consideró y tenemos solo 10 años para cambiar la tendencia . ¿Es el ‘desafio Trump’ solo una excentricidad? Creo que no. Es la pulsión de un mundo que se resiste a desaparecer, el de una industria extractiva que no solo extrae energía del subsuelo sino que acumula poder, y que no quiere transitar hacia un mundo descarbonizado, porque ello supone no solo perder riqueza sino hacer que la energía deje de ser ese instrumento de control que siempre ha sido.

Trump es la reacción política al intento de frenar una tendencia: en el 2015 casi se invirtió tanto en renovables y eficiencia como en extracción y explotación de carburantes a pesar de que los combustibles fósiles -carbón, petróleo y gas- recibieron en el 2015 unos 325.000 millones (el año anterior fueron 510.000) de dólares en subsidios, mientras que las renovables recibían 150.000.

Ahí es donde se ubica Marrakech. Una cumbre que tenía que servir para determinar los sistemas de verificación, la fijación de objetivos concretos, lograr compromisos de financiación y la implementación y los instrumentos de desarrollo de la cumbre de París, y que se ha quedado en una ‘Llamada a la acción climática de Marrakech’, una declaración de buenas intenciones de los países de mantener la voluntad política con la que se alcanzó el Acuerdo de París. Era fundamental responder a Trump en lo declarativo, pero lo que había que hacer en Marrakech era algo más: responder con una agenda y un compromiso concreto.

Si Trump intenta perpetuar un modelo depredador y de control como lo que representa la industria extractiva, es necesario redoblar una agenda con compromisos aún mas poderosos que hagan de la energía, la eficiencia y las renovables un factor de enriquecimiento compartido, que permita reverdecer nuestras sociedades y, a la vez, reindustrializarlas sin deslocalizar trabajo.

¿Qué hacer? Actuar y avanzar. Vivimos en un entorno especialmente vulnerable. En el Mediterráneo la temperatura puede subir hasta 5,1 grados. Somos quienes más camino podemos recorrer. En España tenemos todo el margen, siendo uno de los países más dependientes energéticamente del exterior -20 puntos más que la media de la UE-, aumentamos emisiones cuando nuestro entorno las reduce y hemos tenido una moratoria real para no instalar más energías renovables siendo únicos poniendo un impuesto al sol para así frenar el autoconsumo.

Pero hoy ya cuesta igual producir un kilowatio con fuentes renovables que quemando combustibles fósiles -sin tener en cuenta los costes ambientales-. Un estudio reciente de la European Renewable Energies Federation, con Greenpeace y Amigos de la Tierra, explica cómo en el marco europeo es posible el abastecimiento eléctrico para más de la mitad de la población europea.

Trump es un peligro. Pero no le va a resultar tan fácil ya que invertir en fósiles necesita de una aportación de capital muy intensa, con un retorno cada vez mas incierto, sumado a fuerte contestación social. Pero la mejor respuesta no es criticar sino hacer. Hacer una política que haga del cambio de modelo energético una palanca no solo para luchar contra el cambio climático, sino para cambiar el modelo productivo y hacer que la relación entre energía y ciudadanía no sea un instrumento de control sino una palanca para democratizar la sociedad, multiplicando el autoconsumo y el desarrollo de fuentes renovables. Y es que no cumplir con París no solo es un problema ambiental. Puede ser un problema económico y social para quien no lo haga.

Joan Herrera, Patrón de la Fundación Energías Renovables.

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