Sin dinero público

¿Financiación pública para las escuelas diferenciadas? Les anticipo mi respuesta. Basado en el rendimiento académico, probablemente no. Entiendo que algún lector se quede insatisfecho. La educación es mucho más, pero como verán bastante difícil es contestar a esta pregunta de manera razonada y basándonos en la evidencia.

La dificultad principal para realizar una evaluación es la siguiente. En la mayor parte de los países, ir a una escuela diferenciada es consecuencia de una elección de los padres. Y a su vez las escuelas son diferenciadas por elección de los gestores de la escuela. Esto es como evaluar un medicamento sin elegir la muestra al azar y mezclando el principio activo con otros componentes. En este caso, podría ser que los que van a escuelas diferenciadas sean más ricos, o más educados. Y estas escuelas pueden tener profesores o una dirección más motivados.

Conozco tres estudios que intentan resolver estos problemas, pero ninguno es perfecto. Una aproximación habitual es utilizar la variación que surge al azar de un año a otro en el número de chicos y chicas en una escuela, y aprovechar que a veces hay un número muy elevado de chicos o chicas en una clase. El mejor estudio de este tipo que conozco es de hecho español, de Antonio Ciccone y Walter García-Fontes. Y es mejor porque controla el sesgo que ocurre si hay muchas repeticiones de curso utilizando la composición en el primer curso de primaria. La conclusión es que los niños son perjudicados cuando hay pocas niñas en clase. Lógicamente debería ser peor si no hay ninguna niña, pero esto no se puede decir con total seguridad con estos datos. Para las niñas en cambio es indiferente el número de niños en clase.

Otra aproximación aprovecha que en algunos países coinciden en la red pública escuelas diferenciadas y no diferenciadas. Y entrar en un tipo de escuela u otra depende del azar, o algo parecido. Un artículo de Kirabo Jackson, con datos de Trinidad y Tobago, se fija en alumnos que optaban por una escuela diferenciada, pero por pequeñas diferencias de nota, es decir, prácticamente al azar, pueden entrar o no entrar en ese tipo de escuela. Este estudio no encuentra diferencias significativas en el rendimiento excepto en aquellos estudiantes que tienen una preferencia muy fuerte por aquellas escuelas. El problema es que el efecto, cuando existe, se podría deber a que los profesores de estos colegios, o la dirección sean muy diferentes. Y en todo caso es un efecto para un grupo muy reducido de alumnos.

Para controlar este último efecto, Christian Dustmann, Hyejin Ku y Do Wan Kwak, utilizan el sistema escolar coreano, donde hay escuelas diferenciadas y además la asignación a escuelas es fruto de una lotería. Esto elimina el impacto de la autoselección de los alumnos. Pero queda el efecto de las escuelas. Para eliminar éste, los autores aprovechan que algunas escuelas cambiaron de ser diferenciadas a no diferenciadas en los años 80 y 90 debido a un cambio de política que favoreció la coeducación. Este estudio encuentra un efecto positivo de las escuelas diferenciadas.

Como ven, los estudios muestran conclusiones muy diferentes para contextos socioeconómicos asimismo diferentes. En estas condiciones yo preferiría que no hubiera una financiación pública a este tipo de escuelas. No parece que hagan daño, o no mucho, en general. Pero no está claro que sean beneficiosas. Siguiendo con la metáfora médica, la homeopatía no sirve para nada. En esas condiciones, mejor no subvencionarla. Si alguien quiere tirar su dinero con esos productos, que lo haga, pero dados los múltiples usos del dinero público sería mejor gastarlo en algo que funcione. Esto, por cierto, me parece que debería ser una regla general, no solamente aplicable a la educación diferenciada.

Antonio Cabrales es catedrático del Departamento de Economía, University College London.

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