Sin ideología no hay política

“Si no te gustan mis principios, tengo otros”.

Probablemente la expresión más utilizada en el parlamentarismo, al menos desde que tengo uso de razón.

No hay semana en la que algún diputado o senador, de cualquier condición o ideología, utilice este ya consolidado recurso retórico de Groucho Marx para atacar las contradicciones de la oposición o para hacer valer las suyas propias, modificando levemente su contenido con un adverbio de negación que, generalmente, provoca el aplauso masivo de su bancada por el contraste entre la hipocresía ajena y la firmeza propia.

El significante “principios” no ha dejado de tener cabida en política nunca, incluso en el peor de los escenarios.

Todas las formaciones saben que la alusión a las convicciones es un punto de anclaje con los votantes, que se sienten seguros sabiendo que las decisiones de sus mandatarios son previsibles y, por ende, generan una confianza bilateral entre aquellos que gestionan y aquellos que les votan para que sigan haciéndolo.

El problema es que, si bien es cierto que al significante se alude de manera constante, el significado que lo engloba ha ido perdiendo fuerza en el debate público.

Los partidos siguen defendiendo sobre el papel una serie de postulados, pero en la práctica los españoles han dejado de verles como garantes de los mismos.

Sin ideología no hay políticaY es que, aún admitiendo que hay muchos medios (políticas públicas) para conseguir un mismo fin (defensa de principios concretos), lo cierto es que muchos votantes entienden que se han desvirtuado los objetivos por los que antaño depositaban su confianza en X o Y formación.

Un nutrido grupo de militantes y cargos públicos del Partido Popular llevamos tiempo reclamando esta misma cuestión.

Sabemos que se ha tenido que priorizar lo urgente sobre lo importante, y que la crisis económica ha provocado una situación excepcional en la que la gestión ideológica podía, e incluso tal vez debía, esperar a que el temporal amainase.

El Gobierno de Mariano Rajoy ha sido el mayor garante de la estabilidad económica de los españoles y, ante eso, no cabe más que un sincero agradecimiento que estoy seguro que con perspectiva histórica será incluso mayor si cabe de lo que es en la actualidad.

Sin embargo, la excelente gestión nos ha hecho olvidar como partido que nuestra formación no puede resignarse a ser la alternativa segura cuando la gestión económica de los demás lleva a la ruina a nuestro país.

No podemos conformarnos con ser un grupo de extraordinarios gestores cuando tenemos la oportunidad, las ideas y las convicciones para construir entre todos un proyecto ilusionante para España y de futuro.

No podemos renunciar a centrarnos sólo en solventar el caos socialista (o, subsidiariamente, en mantenernos en el poder para evitar que ellos accedan a él) cuando las diferentes corrientes ideológicas que conforman el Partido Popular tienen propuestas suficientes para regenerar la vida pública española, siendo verdaderos garantes de aquellos principios comunes por los que hace tantos años muchos nos afiliamos con ilusión a este proyecto llamado PP.

Yo soy liberal, y así lo es la corriente a la que tengo el honor de representar.

Sin embargo, en nuestro partido también hay democristianos y conservadores.

Todos nosotros pensamos en soluciones que, a veces, son diferentes a la hora de conseguir objetivos comunes, pero todos tenemos respuestas a los problemas que asolan a los españoles.

Precisamente por ello reclamé en la Junta Directiva del Partido Popular del pasado lunes que es necesario que hablemos de ideas.

No es la primera vez que lo hago: ya lo manifesté, al igual que otros compañeros, en la reunión del Grupo Parlamentario Popular en el Senado la semana anterior.

También se lo dije personalmente al portavoz de nuestro grupo esos días.

Creo que es lo mejor para el partido, y que mi lealtad con la formación y con el liberalismo pasa por decir primero internamente lo que después comento externamente a través de las redes sociales o de la prensa.

Pero ya no nos basta con ofrecer un proyecto atractivo.

La ciudadanía, nuestros propios afiliados y simpatizantes y nosotros mismos, como cargos orgánicos o representativos, no podemos separar la imagen de nuestra formación de aquello que nos ha hecho tanto daño como sociedad y como partido: la corrupción.

Es imperativo dar soluciones que acaben con la percepción de impunidad instaurada en muchos españoles, con la imagen de tolerancia que aún tienen algunos ciudadanos sobre nosotros, con la falta de confianza que generamos por culpa de los delincuentes que se han aprovechado de nuestra formación.

Precisamente por todo lo anterior, la corriente liberal a la que represento ha elaborado un documento marco con una serie de propuestas que consideramos clave para el devenir del partido y de España.

Lo hemos dividido en tres bloques: regeneración, idea de España y propuestas liberales sectoriales.

Aunamos propuestas para combatir la corrupción orgánica e institucional, el modelo de Estado (y, por supuesto, la defensa de la unidad del mismo) y una batería de soluciones a los problemas que más preocupan a los españoles.

Los liberales de mayor prestigio de nuestro país han prestado su pluma para explicar cuáles son nuestras reivindicaciones ideológicas en materia de fiscalidad, educación, sanidad, cultura, política exterior, justicia o relación con los jóvenes.

Medidas realizables en su totalidad, algunas implicarían reformas estructurales de gran calado y otras son simplemente cuestión de voluntad política individual.

Buscamos, en definitiva, un debate de ideas que esperamos poder celebrar a la mayor brevedad posible en el seno del partido.

Porque entendemos que en la heterogeneidad ideológica del PP y en su pluralidad de ideas reside su condición de formación que más se asemeja a los españoles, pero en ausencia de ellas estamos condenados a ser, en el mejor de los casos, una fuerza política de auxilio por demérito de los demás más que por mérito propio.

Este documento será entregado, en primer lugar, a todos aquellos candidatos que concurran a la presidencia del partido.

Cualquiera de ellos: Mª Dolores, Soraya, José Luis, Pablo, José Ramón, José Manuel o Elio son, sin duda, garantes de que nuestra formación tendrá un líder solvente y preparado al frente.

Como también lo habría sido Alberto o cualquier otro que hubiera decidido dar el paso.

A ellos, por su entrega y dedicación, nuestro agradecimiento de antemano por tener en cuenta que el liberalismo debe ser clave en la construcción del nuevo PP.

Después lo haremos público para que todos los militantes y simpatizantes de la formación puedan aportar sugerencias y participar del debate que genere.

Creemos que el Partido Popular tiene futuro. Y es, y quiere ser, nuestra obligación recuperar la confianza de aquellos españoles que desde hace un tiempo no se han sentido identificados con nosotros y han depositado su confianza o expectativas ideológicas en otras formaciones políticas.

Pero sólo lo conseguiremos si, de una vez, entendemos que los ciudadanos no son grouchomarxistas: estos son sus principios y, aunque dejen de gustarnos o interesarnos, no van a tener otros.

Es nuestro deber conseguir que sigan encontrando en el Partido Popular su mayor garante.

Nosotros, con mucho orgullo, estamos en ello.

José Ramón Bauzá Díaz, ex presidente del Govern Balear (2011-2015), es senador por Islas Baleares.

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