Sin lugar para los oligarcas jóvenes

Mikhail Prokhorov, propietario de minas de oro en Siberia y de un equipo profesional de baloncesto en los Estados Unidos, es uno de los hombres más ricos de Rusia, con una fortuna de 18 mil millones de dólares. En junio aceptó encabezar a un partido político de centro-derecha para participar en las elecciones parlamentarias de diciembre. A sus 46 años de edad, Prokhorov aparentemente creía que su experiencia en el mundo de los negocios favorecería sus perspectivas políticas.

Prokhorov se equivocó y en septiembre renunció al partido que había dirigido. Sin embargo, el bochorno que puede estar sintiendo ciertamente es mejor que el destino que padeció Mikhail Khodorkovsky, otro oligarca ruso con ambiciones políticas que lleva ocho años en prisión desde que audazmente desafió a Putin y sus ideas sobre cómo había que administrar a Rusia.

El retiro de Prokhorov se dio apenas unos días antes del anuncio de Rusia Unida, el partido en el poder en el país, de que Putin buscaría un tercer mandato presidencial en 2012, intercambiando puestos con el actual presidente, Dmitri Medvedev, quien será primer ministro. Eso puede haber sido demasiado para Alexei Kudrin, ministro de finanzas desde 2000, cuyo desacuerdo por el aumento en el gasto de Medvedev condujo a su renuncia.

En ausencia de rostros o ideas nuevas, las únicas perspectivas en el próximo año electoral serán seguir inyectando más petrodólares a una economía en dificultades y muy ineficiente. Ese gasto desenfrenado alimentará la corrupción, la inflación y la dependencia de los recursos naturales – los tres males que Kudrin ha combatido durante toda su administración.

Si bien Prokhorov es uno entre varios oligarcas rusos respetados, Kudrin era el miembro más respetado del gobierno. La salida de ambos de la vida política se está considerando cada vez más como un síntoma de las crecientes divisiones entre la elite gobernante de la era de Putin, e incluso como presagio de una crisis política.

Efectivamente, hay muchas señales sutiles de pánico en la cúspide acerca del estado de la economía del país, pero no hay indicios de que Rusia Unida tenga un programa nuevo para hacer frente a estos desafíos en la próxima administración de Putin, además de censurar más Internet. Pero todas las señales de conflicto en el liderazgo supremo dual de Rusia –Putin y Medvedev—han desaparecido.

Hasta septiembre, Medvedev hizo grandes esfuerzos para alentar la esperanza de cambio. No obstante, Putin nunca perdió el control del aparato gubernamental, y las perspectivas de que recuperara la presidencia nunca disminuyeron. Esa esperanza siempre fue falsa. En efecto, los gobernantes de Rusia han estado en el poder desde hace casi una década. Algunos, como Kudrin, se mostraban visiblemente impacientes por un cambio, pero la mayoría seguía muy conforme con el statu quo.

Como sucedió durante la Guerra Fría, una crisis burocrática reveló súbitamente los mecanismos mediante los cuales esta élite ha ejercido el poder. Cuando renunció a su partido, Prokhorov acusó públicamente a un funcionario del Kremlin, Vladislav Surkov, de jugar sucio y lo llamó el titiritero que había “privatizado la política en Rusia”.

Surkov, subjefe de la administración presidencial desde 1999, es copresidente del “Grupo de Trabajo sobre la Sociedad Civil” –uno de varios órganos creados en 2009 para “reajustar” las relaciones ruso-estadounidenses—junto con Michael McFaul, el asesor para Rusia del presidente estadounidense, Barack Obama. El grupo de trabajo puede haber contribuido a acabar con la guerra de palabras, al menos del lado estadounidense, y McFaul ha sido nominado para ser el embajador de su país en Rusia. Pero los miembros del Senado estadounidense que deben confirmar su nombramiento harían bien en interrogarlo acerca de Surkov, un hombre que ha supervisado la destrucción de la política democrática rusa.

Al enfrentarse a Surkov, Prokhorov demostró que no estaba dispuesto a ser un títere. De hecho, Prokhorov puede ofrecerle mucho a su país. Su discurso articúlate y su éxito autolabrado son raros entre los políticos rusos. Además, en vista de que la vivienda, la atención de la salud y la educación son menos accesibles que a finales de los años ochenta, su programa político se centra en lo que se debe hacer para mejorar el capital humano de Rusia—el principal problema que retiene a la economía de Rusia.

De acuerdo con Prokhorov, la productividad en Rusia es tan solo del 6%-10% comparada con la de Estados Unidos, por lo que la economía se ve en apuros incluso cuando el precio del petróleo, su principal exportación, alcanza precios máximos. Dos millones de profesionistas educados emigraron hace poco de Rusia. Durante los últimos veinte años, la desigualdad social se ha triplicado. Prokhorov llega a la conclusión de que es una sociedad feudal en la que el monopolio político de Putin y el mal manejo económico exacerba la llamada “maldición de los recursos naturales” que aflige a muchos países exportadores de petróleo.

Un análisis desolador de los males de Rusia nunca podría ser la base de un partido político patrocinado por el Kremlin. No obstante, durante algún tiempo Prokhorov trató de jugar a la política según las reglas bizantinas que rigen las elecciones rusas –y eso beneficia a Rusia Unida, la replica que hizo Putin del partido comunista de la era soviética.

Sin embargo, jugar a la política según las reglas de Putin requiere contratar a expertos, los llamados “tecnócratas.” A pesar de su perspicacia, Prokhorov se rodeó de esas personas, magos pretenciosos que convirtieron la política rusa en el espectáculo repugnante que es ahora. Tenía la esperanza de acabar con el monopolio de Putin usando sus propias herramientas.

Ahora, el programa de Prokhorov es el único resultado tangible de los 26 millones de dólares que invirtieron él y sus amigos en su campaña. Probablemente él es el que más lamenta haber perdido tres meses de su tiempo. Aunque dice que no dejará la política del todo, hoy es como un oligarca más que tuvo que elegir entre la capitulación, la emigración y el encarcelamiento. El futuro de Kudrin es igual de oscuro.

Por Alexander Etkind, profesor de Historia Cultural de Rusia de la Universidad de Cambridge. Su libro más reciente es Internal Colonization: Russia’s Imperial Experience. Traducción de Kena Nequiz.

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