Sin renunciar a la violencia

Por Andrés Montero Gómez, presidente de la Sociedad Española de Psicología de la Violencia (EL CORREO DIGITAL, 26/10/06):

ETA no necesita armas para un proceso de desarme. Esposar a los familiares de los directivos de una armería francesa para llevarse revólveres y pistolas es un movimiento táctico destinado al proceso de negociación. En la mentalidad de ETA, el atraco es el equivalente de las acciones judiciales o policiales en España. No olvidemos que nosotros sabemos que son terroristas, pero ellos creen que son una especie de ejército de liberación que aplica el terrorismo porque luchan contra un Estado que les supera en medios. También el asesino de una mujer se dice a sí mismo que no tuvo más remedio que aplicar la violencia porque 'ella se le iba de las manos'.

La hora de ruta hacia la desaparición del terrorismo etarra estará trufada de subterfugios. Es natural que ETA no se extinga sin transmitir a los suyos que no han sido derrotados del todo. Los demás sabemos íntimamente que no sólo han sido batidos, sino incluso que si no hubieran cometido asesinatos durante estos años, el avance y el panorama políticos de Euskadi estarían, más o menos, donde están. También es cierto que algunos argumentarán que la implantación nacionalista no sería la que es sin ETA, aunque me temo que el planteamiento es falso. Los nacionalistas estarían donde están si ETA no hubiera existido, aunque es verdad que no se habrían aprovechado políticamente, directa o indirectamente y a veces, de los efectos de la violencia terrorista sobre la población. Tampoco habría posibilidad de instrumentar el terrorismo y a sus víctimas si ETA no hubiera existido. Lo que está claro es que en lo más íntimo, los más espabilados de ETA saben que han estado asesinado con un discurso prefabricado y que no han obtenido ninguno de sus objetivos. Ni los obtendrán.

Otra cosa serán los juegos malabares que ETA, el Gobierno y el PSE tendrán que escenificar para despistar y presentar como blanco aquello que es negro. El Gobierno de España necesita que la población tenga la percepción de que Batasuna renunciará a la violencia para participar en un proceso electoral. Batasuna, de su lado, necesita que sus bases no crean que abjuran del pasado violento de ETA, el brazo terrorista de la izquierda abertzale. Ahora mismo la izquierda abertzale en su conjunto debe percibir que están poniendo a la democracia contra las cuerdas, lo cual es bueno para la negociación. Lo importante para el Gobierno, y su empeño, será que esa creencia no se corresponda con la realidad de las cosas. Al final es todo un juego de subterfugios, juego trágico porque se realiza a costa de unas víctimas que, en todo el escenario, son las que menos peso tienen en la balanza de cálculos electorales, prospectivas sobre futuros políticos de unos y de otros, y ejercicios de poder.

Batasuna no renunciará a la violencia porque no es necesario. Tampoco es necesario legalizar a Batasuna. Lo venimos nombrando así -legalización- y de esa manera es coreado por los medios de comunicación por un efecto de inercia pero, en realidad, Batasuna ya no puede ser legalizada puesto que se han demostrado sus conexiones con ETA y, de seguido, procedía su suspensión en función de Ley de Partidos. Por otro lado, sostenidas también han quedado diversas imputaciones criminales en virtud del Código Penal. No es pues legalización. De lo que se trata en este momento es de que la izquierda abertzale, y especialmente sus dirigentes, puedan concurrir a las elecciones con una marca política propia. Es, por tanto, registro y alta de un nuevo partido político, salvo que quieran operar bajo las siglas ya constituidas de EHAK.

No existe ninguna exigencia legal que obligue a la nueva marca política de Batasuna a renunciar expresamente a la violencia. El único requisito es que su funcionamiento interno sea democrático y que la violencia no se encuentre ni entre sus fines ni entre sus medios. Esto es, la nueva Batasuna, con el nombre que quiera elegir, no debe promover conductas ilícitas. Si así lo hiciera, sería ilegalizada después de ser habilitada. Ahora mismo podrían presentar sus papelitos si quisieran. El mero atascadero visible sería que la nueva Batasuna se pareciera mucho a la antigua, tal vez por idéntica composición de sus estructuras, y entonces se pudiera aplicar el parámetro de fraude de ley (mismo perro con distinto collar) para no autorizarla como partido político. Es un problema salvable con poco que se esfuercen. Si la nueva marca de Batasuna está remozada es suficiente para que el Gobierno y la fiscalía del Estado salven la cara en la no incoación de un proceso ilegalizador, el escollo no será tal. Luego quedan el Congreso o el Senado para instar al Gobierno a ilegalizar, pero no parece que el PP en solitario vaya a tener demasiado éxito en ese empeño. Así que tendremos Batasuna con otro nombre sin que renuncie expresamente a la violencia. Por eso Zapatero les ha dicho que no se preocupen de la vertiente legal.