Sin vuelta atrás

Por Francisco Aldecoa, catedrático de Relaciones Internacionales y decano de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociología de la UCM (EL PERIODICO, 22/02/05):

El día siguiente al referendo abundaban los análisis políticos sobre la esperada baja participación y las consecuencias del resultado. Sin embargo, se olvida la estrecha relación existente entre los dos últimos referendos celebrados en España. Prácticamente los mismos que votamos “no” en el de la OTAN hace 19 años somos los que por los mismos motivos hemos apoyado el Tratado Constitucional ahora. A pesar de las apariencias, hemos votado “sí” el 77% del 42% de participación, mientras que entonces era el 53% del 59% del electorado. Consecuentemente, son más los españoles que ahora apoyan el Tratado Constitucional que los que dijeron sí a la permanencia española en la OTAN.

En cuanto a las razones, 19 años después, son las mismas las que me han llevado a votar “no” a la OTAN y “sí” al Tratado Constitucional de la UE. Los que apoyábamos el “no” en 1986 no queríamos militarizar el pensamiento político ni engordar la política de bloques. Pensábamos, por el contrario, que había que salir de esa lógica de enfrentamiento y girar hacia una política exterior de paz. Para ello ya se veía entonces –lo acababa de hacer el Parlamento europeo– que era necesario construir Europa políticamente, requisito para que comenzara a tener política exterior y una voz propia en el mundo.

Mirando ahora más allá de nuestro referendo cabe preguntarse qué va a pasar con la Constitución europea en el futuro inmediato. No es muy conocido que algunas de las disposiciones de la Constitución ya están siendo aplicadas con carácter anticipado por su necesidad actual. Así, la Agencia Europea de Defensa se creaba en julio pasado. Hace dos años que ha comenzado a formularse la política de vecindad y también han comenzado los trabajos para la constitución del Servicio Europeo de Acción Exterior. Se ha nombrado ya al presidente estable del Eurogrupo para los próximos dos años y medio –el primer ministro luxemburgués Juncker–. También ha entrado en funcionamiento la cláusula de solidaridad entre estados miembros para el caso de que un Estado sufra un ataque terrorista o una catástrofe natural o de origen humano.

España es el primer país que vota en referendo la Constitución europea. Hasta este momento tres estados miembros ya la han ratificado en vía parlamentaria. Son Letonia, Hungría y Eslovenia. España antecede y sirve de referente a otros 10 estados que celebrarán referendo, el resto ratificarán por vía parlamentaria. En todos los análisis políticos tres son los estados que presentan mayor riesgo de no conseguir la ratificación: el Reino Unido, Polonia y la República Checa. En la aprobación de la Constitución por el Europarlamento se da la circunstancia que en los tres casos fueron más los eurodiputados de estas nacionalidades que votaron “no” que los que votaron “sí”.

En el caso de Polonia y la República Checa parece que el referendo puede ser beneficioso, ya que la población es más europeísta que las clases políticas. Todos los interrogantes, sin embargo, se ciernen sobre la consulta británica del 2006, cuyo resultado es más que incierto.

¿Qué ocurriría en el caso de que uno (o varios estados) no lograran la ratificación? La propia Constitución europea prevé esta coyuntura: en una declaración anexa establece que, si transcurridos dos años desde la firma del Tratado (noviembre del 2006), cuatro quintos de los estados miembros hubieran ratificado (20 estados) y algunos hubieran tenido dificultades, el Consejo Europeo decidirá qué hacer. Aun cuando no es demasiado explícita, está ampliamente considerado que esta declaración ofrece salidas políticas a esta situación, esto es, que se buscará alguna fórmula política para que no naufrague por unos pocos noes la Constitución.

Algunos proponen que los que han ratificado deberían formar una vanguardia regidos por el Tratado Constitucional, tal y como propusiera Fischer en el 2000, y los de la retaguardia seguirían rigiéndose por el marco de los actuales tratados. Recientemente el excomisario Monti ha sugerido, incluso y parece que pensando en el Reino Unido, que si un Estado dice “no” a la Constitución en un referendo, debería plantearse celebrar un segundo referendo sobre si ese Estado ha de seguir perteneciendo o no a la UE. Esta segunda posibilidad se vería amparada por el nuevo derecho de retirada que contempla la Constitución europea. En cualquier caso, un “no” en la ratificación, aún cuando no tendría el efecto de hundir la Constitución, produciría un considerable retraso en su vigencia efectiva.

En la hipótesis de que la Constitución entre en vigor a finales del 2006 o principios del 2007, algunas de sus disposiciones institucionales no empezarán a aplicarse antes del 2009 o 2014, ya que así se prevé en el propio texto. El 1 de enero del 2007 la UE contará con dos miembros más, Bulgaria y Rumanía, y posiblemente en breve se ampliará también a Croacia. En estos años tendrá progresivamente una mayor presencia en el mundo, consecuencia de las vigencias anticipadas y de reunir un mayor peso específico; esto no puede sino redundar en el carácter de las relaciones internacionales, que serán cada vez más multilaterales.

Posiblemente la Constitución no dure los 50 años que vaticinara Giscard d´Estaing sino que tenga que ser reformada antes de 15. En ese momento, posiblemente Turquía ya sea miembro de la UE y la Constitución habrá sufrido reformas menores a través de sus procedimientos de revisión simplificados y se habrán establecido cooperaciones reforzadas. Por todo ello, antes de otros 19 años los españoles volveremos a ser llamados a refrendar la reforma de la Euroconstitución, ya que un precedente democrático como éste es imposible de revertir.