Síntomas de gravedad

Algunos creen que la ley no se les aplica como al resto. Las elites creen que los demás son personas insignificantes y que por eso pueden mentir impunemente. Los poderosos son arrogantes y hacen afirmaciones y tienen comportamientos arrogantes, sin pensar ni por un instante en si los demás son inteligentes o idiotas. Y, así, hemos podido leer en la prensa estos días cosas de este tipo: «Siete consejeros de la CAM se concedieron 71 millones en créditos. Los directivos de la entidad cobraron 18 millones de euros en los últimos cuatro años». El enriquecimiento fabuloso de algunos es más fácil de comprobar que la miseria de muchos.

La clase política ha reducido al mínimo sus propios sacrificios en el plan de austeridad. «La casta se defiende», se oye decir con frecuencia. Los políticos, en vez de afrontar los problemas los esconden; dan dinero a los bancos cuando éstos han especulado de todas las maneras posibles para ganar dinero olvidando el fin social de la riqueza. Suprimen servicios esenciales, como camas de hospitales, pero no suprimen puestos del Parlamento cuando la mayoría de ellos están ocupados por personas que sólo van a sentarse y a levantar la mano cuando su jefe de filas se lo manda. Los políticos, los banqueros y los especuladores financieros tienen un poder absoluto.

En lo que va de verano, un buen número de páginas de los diarios y de minutos en los informativos de las cadenas de televisión han sido dedicados a las cantidades que los clubes han pagado o están dispuestos a pagar por tres o cuatro futbolistas. Auténticas procesiones de hinchas salen a recibirlos a los aeropuertos cuando llegan a la ciudad del equipo que los ha fichado y los estadios se llenan para asistir a su presentación para escucharles decir: «Desde pequeño soñé con jugar en este club, el más grande. No me importa la plata sino los títulos que ayudaré a ganar al club». Pero su cláusula de rescisión de contrato son 100 millones de euros, cantidad que pocos de los asistentes sabrían escribir.

«Algunas fotos de moda para niñas me llegan a resultar vomitivas, porque en ellas no se ve infancia, sino un intento patético de convertir a la infancia en un simulacro diminuto de modelos adultas. Tacones, vestidos, fotos de moda. También el maquillaje para niñas, la última moda entre madres con cerebro-bótex» (P. Rahola). Niñas, en general, víctimas de las frustraciones de sus madres.

Ningún control social tiene ascendiente sobre las personas porque la globalización y ciertas ideologías han destruido las instituciones civiles, militares, políticas y religiosas, y a la propia sociedad. Los héroes de la sociedad de consumo están cansados. Los ideales morales, tan ensalzados en tiempos no muy lejanos, no tienen para sus apologistas más que el olor del pasado, la huella de una tradición que no debió ser nunca creíble. El bien y el mal han desaparecido porque el dios de las promesas y de la justicia ha muerto.

El ser humano está al socaire de una fuerza inquietante y él mismo es el monstruo que vio Kafka, un ser nacido para la muerte que se da asco a sí mismo. Una experiencia fuerte puede poner al individuo delante de una realidad difícil de aceptar: él mismo. En las ruinas que han dejado detrás de ellas sólo sigue vivo el individuo, y éste no se define por sus relaciones sociales sino por la relación consigo mismo. Los actores están determinados por defender sus derechos no por el bien social. Son muchas las interpretaciones que se dan a este hecho; una de ellas es como la respuesta en forma de rechazo pasivo del hombre moderno a su forma de existencia.

Cada uno protesta a su manera desde su fundamento sin fondo.

Para protestar contra el mundo, Lucien Freud lo pintó desnudo, animal. En esta línea de bastardías confeccionó una figuración desgarrada, profunda, desalentadora. En sus cuadros hace nido una intimidad brutal, incierta, abismal, agresiva, falta de toda piedad consigo misma; la soledad, la incomunicación, el vacío, el desencanto, la fatiga y la náusea de la sociedad de hoy. Es el pintor que desnudó el ser humano del siglo XX. Su realismo convirtió al ser humano en «obscenas moles carnales» (J. F. Yvars). Ha expresado la fealdad de lo siniestro que angustia la modernidad. De manera parecida había protestado y gritado Goya con sus pinturas negras.

En la misma ciudad y casi al mismo tiempo que el pintor, moría el huracán autodestructivo del soul. En su vida, las luces siempre generaron sombras que acabaron por empañarlo todo. Su muerte cierra una carrera arruinada por las adicciones, por el éxito fulgurante, por la inestabilidad mental y por el romanticismo autodestructivo. Como dice en una de sus canciones, cumplió con el guión que otros escribieron para ella sin contar con ella. «Te dije que yo era un problema», dice en una de sus canciones. «Es costumbre que quienes yerran paguen con la vida y el alma las culpas propias y ajenas, los hábitos que calan muy hondo en las conciencias son siempre difíciles de desterrar» (El Arcipreste).

Cuando oyen nombrar al 15-M, muchos se preguntan: ¿qué piden?, ¿qué quieren? Es, sencillamente, una protesta contra la corrupción política, contra la especulación financiera, contra la ganancia de los bancos que cobran por el mantenimiento de las cuentas mientras negocian con el dinero… Protestan contra la falta de democracia, contra la falta de oportunidades, contra el paro, contra la politización de la justicia, contra la mentira, contra las promesas no cumplidas.

Breivick, el monstruo de Noruega, cree que Europa está en peligro de ser conquistada por los enemigos de lo que él cree la libertad y el progreso de la humanidad. Cometió los atentados siendo consciente de las consecuencias que ello podía acarrearle, y aceptando de antemano los años de castigo carcelario que le podrían caer. Breivick no está arrepentido porque, aunque ha hecho algo atroz, sigue pensando que era necesario, que alguien tenía que hacerlo y considera que le ha tocado hacerlo a él. No niega ni se excusa: se justifica con frialdad.

El fanatismo se emancipa de las leyes de la razón; es decir, renuncia a la libertad de pensar. El fanático se cree en posesión de la verdad absoluta y cree que debe imponerla absolutamente; valora más sus ideas que al prójimo. Todos los terroristas de izquierdas y de derechas son gente de esta catadura.

El ser humano es un creador de símbolos que ayudan a su liberación. Los monstruos contra los que lucharon los héroes de la antigüedad, los dragones y las serpientes contra las que lucharon los santos para cristianizar Europa, y los invasores extranjeros contra los que lucharon los héroes militares y libertadores para liberar su país, son hoy el abismo y lo siniestro reflejado en la literatura, en el cine, en los juegos de los niños.

Hay acontecimientos que sacan a la luz lo que siempre debería estar oculto y ponen al ser humano de bruces ante el abismo aunque los expertos traten de remitirlos a las formas externas que los enmascaran. Se podría decir de ellos lo que dice un personaje en Apocalipsis Now: «Era como acusar a alguien de encender un cigarrillo dentro de un incendio». Un acontecimiento sólo se puede comprender dentro de un todo y el todo sólo se puede comprender analizando todos sus elementos.

Por Manuel Mandianes, antropólogo del CSIC y escritor.

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