Sir Francis Drake y el ‘Famous Voyage’

Drake, único navegante europeo tras Magallanes y Elcano que circunnavegó la tierra, siguiendo las rutas ya trazadas setenta años antes por navegantes españoles y portugueses que surcaron esas aguas y levantaron cartas geográficas de las costas y los mares de ese océano. Atraído por la mar desde su niñez, muy pronto se embarcó y conoció el mar Caribe en compañía de su pariente John Hawkins, dedicándose al asalto, pillaje de galeones y ciudades con el apoyo secreto del Gobierno británico, con la misión de espiar y destruir la práctica totalidad de las ricas colonias españolas (Indias Occidentales) asentadas en aquellas latitudes.

Financiado por altos funcionarios ingleses y con el apoyo explícito de la Reina Isabel I de Inglaterra, comenzó su ‘Famous Voyage’, como se llamó la expedición compuesta por cinco barcos: el Pelican -a la altura del estrecho de Magallanes cambió por el de Golden Hind-, de 100 toneladas, al mando de Drake; el Elisabeth, de 80 toneladas y al mando de John Winter, y el Mary Gold, de 30 toneladas. Iban acompañados por una urca (‘storeship’) de 50 toneladas y una pinaza (‘pinnace’) de 15 toneladas de apoyo a la flota.

Sir Francis Drake y el ‘Famous Voyage’El 15 de noviembre de 1577 la expedición zarpó del puerto de Plymouth y a los pocos días, obligado por un fuerte temporal, tuvo que a regresar a puerto a reparar las averías, haciéndose a la mar un mes más tarde. La navegación estuvo al borde de fracasar por culpa de las fuertes y violentas tormentas. Así, después de cruzar el océano Atlántico, tuvo que abandonar dos de sus naves en el estuario del Río de la Plata en América. En agosto de 1578 se adentró en el estrecho de Magallanes y, navegando por el océano Pacífico con una serie de violentas tormentas que se prolongaron en el tiempo, perdió el menor de los buques la pinaza, y el Elisabeth al mando de John Winter se separó de la expedición y regresó a Inglaterra. A partir de ese momento, Drake se encontró solo, sin ningún barco de reserva en que apoyarse. Estos acontecimientos no afectaron a la moral de la dotación, que decidió seguir con el plan previsto.

A lo largo de este recorrido asaltaron y desvalijaron las ciudades y barcos que fueron encontrando. En Valparaíso obtuvieron un gran botín y en Arica se apoderaron de un gran cargamento de plata procedente de las minas de Potosí, que se esperaba embarcase para España vía Panamá, y cerca de las costas de México abordaron un galeón que venía de Manila hacia Acapulco repleto de sedas, oro y metales preciosos. Siguió su periplo asaltando el puerto de El Callao y en la ciudad de Lima causó pánico y consternación saqueando palacios, iglesias y todo lo que encontraron. Así llegaron a las costas de California en el verano de 1579, descubiertas treinta y ocho años antes por la expedición de Rodríguez Cabrillo (1499-1543). Drake bautizó esas tierras con el nombre de Nova Albion. ‘Albion’, llamado así por los acantilados blancos ingleses ‘Alba’ de Dover.

Por fin, el 25 de julio de 1579 y navegando a la altura de cabo Mendocino, Drake, a bordo del Golden Hind, comenzó el regreso a Inglaterra por la ruta del cabo de Buena Esperanza, siguiendo las derrotas marcadas por los exploradores españoles, bordeando las islas de los Ladrones y la costa este de Filipinas, llegando a las islas Térnate y Tidore de las Molucas, donde proclamó una efímera soberanía de Inglaterra, arribando al puerto de Plymouth en septiembre de 1580, completando la vuelta al mundo a bordo del Golden Hinden dos años, nueve meses y diecisiete días, y siendo el primer navegante inglés que circunnavegó el globo.

A su regreso a Inglaterra, la Reina Isabel se abstuvo de hacer ninguna declaración durante los seis meses posteriores a su regreso debido a las reclamaciones y protestas presentadas por España. Pero pasado este tiempo ella misma visitó el Golden Hind y felicitó al comandante por el éxito obtenido, y recibió parte del tesoro que venía a bordo, que multiplicó con creces el dinero que ella aportó. Le recompensó con el título de caballero, convirtiéndole en sir Francis Drake.

Todavía el Caribe siguió siendo el teatro de operaciones y aventuras de sir Francis Drake. Logró apoderarse de las ciudades de Santo Domingo y Cartagena de Indias, a las que impuso elevados rescates después de incendiarlas. La expedición, patrocinada por la Reina, fue la más brillante que había salido de Inglaterra. Iba al mando conjunto de Drake y de Hawkins, y se componía de 27 velas y 2.500 hombres. Era la primera vez, desde San Juan de Ulúa, que esos dos hombres navegaban juntos y esa sería la última de ambos. Frente a Puerto Rico murió Hawkins y en Cartagena, debido a unas fiebres malignas en pleno golfo de Darién, escenario que fue de sus hazañas, falleció sir Francis Drake el 25 de enero de 1596, recibiendo sepultura en la mar donde se decía haber nacido.

Entre los siglos XVI y XVII las relaciones entre españoles e ingleses se caracterizaban por innumerables enfrentamientos navales. España protestó ante la Corte inglesa por las muchas violaciones y tropelías cometidas en sus territorios de ultramar. La piratería patrocinada por la Reina Isabel se convirtió en blanco favorito de piratas y filibusteros, que no solo la explotaban en beneficio propio, sino también en beneficio de otras naciones europeas, en especial Inglaterra. Física y psicológicamente los españoles no estaban suficientemente preparados para hacer frente y resistir el ataque de piratas y corsarios. La Reina Isabel encontró en Drake un excelente instrumento para atacar a España, con la que no estaba en guerra, pero, como sostiene el historiador inglés John W. Robertson (1866-1962), los españoles pueden con razón llamar a Drake dragón y pirata, ya que atacó sus ciudades y barcos, se apropió de sus tesoros y despreció las leyes del mar en tiempos de paz. Todo ello no es obstáculo para que sir Francis Drake -uno de los héroes más famosos de Inglaterra- deba figurar en la galería de los grandes navegantes del siglo XVI por su dominio del mar, audacia y mando, aunque muy distinto al que caracterizó el espíritu de los descubridores.

Fernando de la Guardia Salvetti fue secretario general del Instituto de Historia y Cultura Naval.

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