Siria, Irak y la movilización terrorista en España

Siria, Irak y la movilización terrorista en España: reactivación de redes latentes y eclosión del yihadismo homegrown

Tema: Mientras se reactivan redes terroristas latentes, en nuestro país se está produciendo la eclosión de un yihadismo endógeno o homegrown concentrado en las ciudades autónomas de Ceuta y Melilla.

Resumen: La movilización yihadista relacionada con Siria e Irak es en el caso español de intensidad comparativamente baja respecto a otros países europeos. Los procesos de radicalización y reclutamiento que implica se encuentran focalizados en Ceuta y Melilla. Además, esa movilización se lleva a cabo a través de redes bien articuladas, jerarquizadas y conectadas con organizaciones yihadistas basadas en el exterior; redes que permanecían en estado de latencia y que se han reactivado aprovechando la actual situación en Oriente Medio. Por otra parte, dicha movilización denota una españolización del fenómeno y que se está produciendo la eclosión de un yihadismo homegrown o endógeno en nuestro país.

Análisis

Introducción

Desde finales de 2011, miles de musulmanes radicalizados se han trasladado de sus países de origen o de residencia para integrarse en distintas organizaciones yihadistas activas en Siria y también en Irak. Aunque procedentes en su mayoría del mundo árabe, algunos miles partieron de las comunidades islámicas existentes en las sociedades occidentales, incluidas las europeas. Se estima que alrededor de unos 2.500 dejaron temporal o definitivamente sus domicilios en estas últimas para ir a Oriente Medio e incorporarse a Frente al-Nusra –rama de al-Qaeda en Siria– o el denominado Estado Islámico de Irak y Levante (EIIL), que desde junio de 2014 se presenta únicamente como Estado Islámico (EI).

Del mismo modo que esa movilización yihadista relacionada con Siria e Irak no ha incidido de manera uniforme en los países del mundo árabe, tampoco lo ha hecho en los de Europa, ni de acuerdo con la población total de cada país ni con el monto de sus respectivas colectividades musulmanas. En términos absolutos (es decir, considerando el número total de individuos implicados), dicha movilización ha afectado particularmente a Francia (900), el Reino Unido (500), Alemania (300), Bélgica (250), los Países Bajos (120) y Dinamarca (100). En términos relativos (esto es, respecto al número de musulmanes residentes), a este elenco de países particularmente afectados habría que añadir los casos de Irlanda, Finlandia, Noruega y Suecia.

¿En qué medida está afectando este fenómeno a España? ¿Cómo se produce en nuestro país? ¿Qué rasgos tienen los individuos movilizados?

Movilización yihadista de nivel bajo y muy concentrada

El número de individuos que a lo largo de los últimos casi tres años han viajado como yihadistas desde España hasta Siria e Irak se estima en unos 60. Esta cifra sería significativamente mayor de no haberse llevado a cabo varias operaciones policiales que desarticularon redes de radicalización y reclutamiento yihadista con aquellos países como destino. En cualquier caso, significa que, contrastando el dato español con los de otras naciones del mismo entorno europeo, el nivel de movilización yihadista en nuestro país es comparativamente bajo.

La población musulmana en España está principalmente constituida por inmigrantes de primera generación, algo muy parecido a lo que sucede en Italia, cuyos niveles de movilización yihadista en relación a Siria e Irak son igualmente bajos. Las estimaciones referidas a Italia sitúan en no más de 50 los individuos que se habrían trasladado a ese escenario común de insurgencia yihadista al otro lado del Mediterráneo. Ello sugiere que los países europeos en los que la actual movilización yihadista es más intensa son aquellos cuyas poblaciones musulmanas están compuestas sobre todo por segundas e incluso terceras generaciones, descendientes de inmigrantes procedentes de países con sociedades mayoritariamente musulmanas, a diferencia de lo que ocurre en los casos español e italiano.

A partir de esta evidencia es posible formular como hipótesis que, además de la combinación de otras circunstancias personales y situacionales que convierten a determinados individuos en particularmente vulnerables a las estrategias de radicalización y reclutamiento que desarrollan las aludidas organizaciones yihadistas, existe una crisis de identidad suficientemente extendida entre las mencionadas segundas y terceras generaciones de musulmanes que forman parte de nuestras sociedades europeas. Una crisis de identidad a la que la implicación en una insurgencia yihadista, percibida como exitosa ofrece un valioso sentido de pertenencia e incluso pasar a formar parte de una nueva sociedad yihadista.

Dentro de España, tampoco los implicados en la movilización yihadista relacionada con esos dos países de Oriente Medio se distribuyen uniformemente a lo largo y ancho del territorio nacional, ni siquiera en atención a las demarcaciones donde es más densa la presencia de población musulmana. Así lo corroboran los datos referidos a los 35 individuos detenidos en nuestro país desde 2013 y que en su gran mayoría estaban inmersos en redes terroristas, buena parte de cuyos integrantes se preparaban para trasladarse a Siria e Irak cuando fueron desbaratadas por la policía. Salvo tres que fueron puestos en libertad y una que ingresó en un centro de menores, los demás detenidos fueron enviados a prisión.

El 63% de esos 35 individuos detenidos desde 2013 residía únicamente en dos ciudades, Ceuta (28,6%) y Melilla (34,3%), donde vive aproximadamente sólo el 4,5% de los musulmanes establecidos en España. A ambos enclaves norteafricanos de soberanía española los caracteriza el hecho de hallarse rodeados de un entorno marroquí –correspondiente a la región administrativa de Tánger-Tetuán en el caso de Ceuta y, con relativa menor intensidad por lo que a movilización yihadista se refiere, a la zona norte de la región administrativa oriental en el caso de Melilla– del que ha salido una buena parte de los yihadistas marroquíes que se han trasladado a Siria e Irak.

Redes latentes reactivadas y conexiones organizativas

Tres de las cuatro operaciones policiales desarrolladas en España contra las redes de movilización relacionadas con Siria e Irak, pusieron de manifiesto su cariz hispanomarroquí. Ese fue el caso de las denominadas Operación Cesto, desarrollada en junio de 2013 en la Barriada del Príncipe de Ceuta, aunque con algunos remanentes en septiembre, que culminó con diez detenciones; igualmente de la Operación Azteca, del 14 marzo de 2014, en la que fueron aprehendidos tres individuos en Melilla y uno más en Málaga; y también de la llamada Operación Jáver, llevada a cabo dos meses y medio después, el 30 de mayo de 2014, como resultado de la cual se detuvo a seis individuos, todos ellos en Melilla.

La cuarta de las mencionadas actuaciones policiales, la Operación Gala, conducida en Madrid el 16 de junio de 2014, no desveló en sentido estricto la existencia de una red hispanomarroquí, pero la mayoría de los nueve detenidos son marroquíes o de origen marroquí que viajaban con frecuencia a Marruecos, donde tenían contactos. Además, otras seis personas fueron detenidas al margen de esas cuatro actuaciones policiales. Una, el 5 de enero de 2014 en el aeropuerto de Málaga, al tratarse de un individuo que retornaba de Siria e Irak; otra el 16 de junio de ese mismo año en Huelva; una más el 24 de junio en Ceuta; dos el 2 de agosto en Melilla; y, la última hasta la fecha, asimismo en Melilla, de un individuo que tenía estrechos vínculos con otros radicados en la ciudad marroquí de Nador.

Además de su cariz transnacional y más concretamente hispanomarroquí, todas las redes desmanteladas en las Operaciones Cesto, Azteca, Jáver y Gala se articulaban de forma compleja, estaban claramente jerarquizadas y mantenían conexiones con organizaciones yihadistas basadas en el exterior, desde el Frente al Nusra en Siria hasta el actualmente Estado Islámico, activas tanto en Siria como en Irak, pasando por otras entidades norteafricanas que se desenvuelven entre el sur de Argelia o de Libia y el norte de Malí, como son al-Qaeda en el Magreb Islámico (AQMI) y el Movimiento para la Unicidad y la Yihad en África Occidental (MUYAO), en principio fusionado con una escisión de aquella en al-Morabitún.

Ahora bien, al contrario de lo que se ha apuntado respecto a algún otro caso europeo, resulta de especial interés que ninguna de las cuatro redes desbaratadas en España desde 2013 eran nuevas ni se formaron tras el inicio de la contienda civil en Siria. En los cuatro casos estudiados hay individuos que ya habían estado inmersos en otras redes o células yihadistas desarticuladas en nuestro país. Así, el cabecilla de la red desmantelada en la Operación Cesto había sido ya detenido en 2006 como consecuencia de las actividades que venía desarrollando en Ceuta desde al menos 2005, aunque fue absuelto según unas disposiciones sobre terrorismo del Código Penal que no se empezarán a adecuar a las especificidades propias del terrorismo yihadista hasta finales de 2010.

Del mismo modo, el dinamizador de la red desmembrada con la Operación Azteca difundía su ideología yihadista desde al menos 2001 y escapó a una operación antiterrorista en Marruecos antes de establecerse en Melilla en 2011. Entre los detenidos en la Operación Jáver hay destacados activistas, desde al menos 2005, de Sharia4Spain. Un caso sobresaliente es el de la “Brigada al-Andalus”, desmantelada con motivo de la Operación Gala, cuyo líder perteneció en los años 90 a la célula que al-Qaeda consiguió establecer en nuestro país –conocida como la célula de Abu Dahdah–, fue a recibir entrenamiento en Afganistán, donde resultó capturado tras el 11-S y confinado en Guantánamo hasta su entrega a las autoridades judiciales españolas, que lo absolvieron por no dar validez a las pruebas de aportadas por las autoridades estadounidenses.

En suma, todas las redes dedicadas a la radicalización y el reclutamiento que han sido objeto de intervención policial desde 2013 contaban en su seno con uno o más integrantes que, a lo largo de las dos décadas precedentes, ya habían estado implicados en otras redes y células yihadistas en España que habían permanecido en estado de latencia hasta el inicio de los conflictos en el Norte de Mali y, sobre todo, en Siria. Así, individuos no detenidos con anterioridad, huidos de la justicia, o absueltos en procedimientos judiciales, aprovecharon la aparición de nuevos escenarios yihadistas para, utilizando su experiencia y contactos, actuar como agentes de radicalización y facilitadores de reclutamiento en beneficio de organizaciones terroristas establecidas en esas zonas.

La eclosión de un yihadismo españolizado y endógeno

De los 35 detenidos en España desde 2013 en relación con actividades terroristas desarrolladas en el interior de nuestro país pero vinculadas con organizaciones yihadistas basadas en Siria e Irak, 33 son varones y dos mujeres. Aunque en el pasado se detuvo igualmente a alguna mujer, por lo común pariente de un varón asimismo puesto a disposición de la justicia como sospechoso de terrorismo yihadista, entre 1996 y 2012, no fue condenada ninguna. Esas dos mujeres aprehendidas el pasado mes de agosto en Melilla suponen el 5,7% del total de detenidos y no pueden considerarse exponente de una feminización del yihadismo en España.

Con un rango de edades que se extiende desde los 14 hasta los 53 años, siempre en el momento de la detención, la moda para el conjunto de los detenidos desde 2013 se sitúa en los 26 años y la edad media en los 31,3 años, es decir 3 y 2,3 años menos, respectivamente, que para los condenados o muertos como consecuencia de actividades relacionadas con el terrorismo yihadista en España desde 1996 hasta 2012, entre quienes la moda se situaba en los 29 años y la media en los 33,6 años.

El 68,6% de los detenidos desde 2013 son, por otra parte, de nacionalidad española. Un dato sorprendente si lo comparamos con el de los yihadistas condenados o muertos en nuestro país entre 1996 y 2012, pues durante ese período solo el 16,6% del total tenía nacionalidad española. Se observa, en este sentido, una tendencia a la españolización de la actividad yihadista dentro de nuestras propias fronteras, hasta ahora propia de extranjeros residentes. Del resto de los 35 detenidos desde junio de 2013, un 14,3% son marroquíes, el 5,7% franceses y los demás, hasta el 11,4% del total, uno belga, uno tunecino, uno congoleño y otro argentino. Este último, al igual que uno de los españoles, son conversos, mientras que los demás proceden de entornos socioculturales y familiares de religión musulmana.

Pero, además de esta manifiesta españolización del yihadismo en nuestro país, los datos revelan igualmente que la mencionada movilización relacionada con Siria e Irak está produciendo en España la eclosión del terrorismo yihadista endógeno o terrorismo yihadista homegrown. De hecho, de los 24 detenidos que tienen nacionalidad española, sólo en el 12,5% de los casos se trata de individuos naturalizados, por lo común de ascendencia marroquí, mientras que el 87,5% son españoles de origen. Esa cifra es nada menos que 82,4 puntos porcentuales superior al 5,1% de españoles de origen registrados entre los condenados o muertos en nuestro país debido a su implicación en actividades de terrorismo yihadista de 1996 a 2012.

Ocurre por consiguiente que, en España, la movilización yihadista que estamos analizando está, como en el conjunto de Europa, afectando especialmente a musulmanes de segunda y tercera generación, si bien el número de éstas en nuestro país es considerablemente menor que en otras naciones del mismo ámbito cuya experiencia con flujos de inmigración procedentes de países con sociedades musulmanas antecede en décadas al caso español. Sin embargo, la totalidad de los detenidos originarios de España son individuos nacidos en Ceuta y Melilla pero de padres marroquíes reubicados en su día en el lado español de la frontera. No en vano es en Ceuta y Melilla, donde se localiza con especial densidad el segmento de musulmanes de segunda generación, aun cuando la presencia de adolescentes, jóvenes y adultos tempranos que corresponden a esa categoría va siendo perceptible en otras áreas de la geografía española.

Conclusión: La movilización yihadista relacionada con Siria e Irak, como sugiere el estudio de las operaciones policiales llevadas a cabo en España desde 2013, aunque sin alcanzar los niveles registrados en otros países europeos, afecta principalmente a musulmanes de segunda generación nacidos y residentes en Ceuta y Melilla. Implementar cualquier plan dedicado a prevenir procesos de radicalización y reclutamiento, algo apremiante, debe focalizarse en los segmentos de la estructura social más vulnerables y dónde tienden geográficamente a concentrarse. Como vemos, estamos asistiendo no ya a la españolización del yihadismo dentro de nuestras propias fronteras sino a la eclosión del mismo como fenómeno endógeno o homegrown.

Asimismo, hemos constatado que las redes de adoctrinamiento y reclutamiento relacionadas con organizaciones yihadistas activas en Siria e Irak tienen un marcado carácter hispanomarroquí. Lo que obliga a mantener, muy en particular, la estrecha colaboración antiterrorista que se actualmente se desarrolla con Marruecos. Sin olvidar que, dentro de España, esas redes son a menudo activadas a partir de los restos de otras que en el pasado fueron objeto de actuaciones policiales pero no desbaratadas en su totalidad. Ello fue a menudo debido a un inadecuado tratamiento legal de conductas propias del terrorismo yihadista, que en parte se enmendó con la reforma del Código Penal a finales de 2010. La actual movilización yihadista supone nuevos retos a las normativas nacionales antiterroristas que, para ser resueltos de manera efectiva, es preciso acordar en foros de gobernanza global.

Fernando Reinares,Investigador principal de Terrorismo Internacional del Real Instituto Elcano y catedrático de Ciencia Política en la Universidad Rey Juan Carlos. Carola García-Calvo, Investigadora del Real Instituto Elcano y profesora de Políticas de Seguridad en la UNIR.

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