Soberanía nacional, ajustes y tormentas

Tras los sustos de la pasada semana, cuando la deuda de España a 10 años se encaramó por encima del 5,5% y la prima de riesgo volvió a situarse por encima de la italiana, parece que ha regresado algo de calma. Y ello vinculado al cambio de posición de , que ahora vería con buenos ojos que a los 500.000 millones de euros del fondo de estabilidad se le sumen, hasta finales de año, los cerca de 200.000 que restan del fondo anterior.

Pero no se engañe el lector con esta parcial mejora. Y ello por algunos importantes motivos. El primero, porque el que Alemania acepte este aumento no es más que un reconocimiento de la fragilidad actual. De hecho, frente a los 700.000 millones de euros de que dispondría la UE para atender nuevas crisis, como máximo y transitoriamente hasta diciembre, el FMI exige que se alcance un mínimo de 1,5 billones para prevenir cualquier problema procedente, por ejemplo, de España.

El segundo, porque el Bundesbank y su presidente, , están en contra de la laxitud de la política monetaria de y exigen que se diseñe una estrategia de reducción lo más rápida posible. Y el tercero, porque una reactivación de la crisis de la deuda no es en absoluto impensable. Esta podría reavivarse en Portugal, donde a pesar del esfuerzo realizado (reducción del déficit público en el 2011 desde el 9,8% al 4,5% del PIB) se anticipa que no podrá regresar a los mercados en septiembre del 2013, tal y como se acordó. De hecho, , el CEO de Pimco (el más importante fondo mundial en inversión en bonos públicos, con 1,3 billones de dólares) se inclina por un inevitable, en su opinión, segundo rescate de Portugal. Pero, y ello es más importante para nosotros, la crisis podría reactivarse por problemas internos de España. Y ahí las noticias no son positivas, como mostró el aumento de las primas de riesgo de la semana pasada, reflejando la desconfianza sobre España que había destacado desde el Financial Times, insistiendo en la inevitabilidad de un rescate exterior.

En todo caso, la tregua que nos dieron los mercados a partir de diciembre parece que ha dado lugar a otra visión, más negativa, sobre la capacidad del país para hacer los ajustes a que nos obliga la UE. Y ahí hay que convenir que, como país, no lo hemos hecho bien. En el 2010 conseguimos reducir el déficit desde el 11,2% del 2009 al 9%, pero en el 2011, malhadado año de elecciones, este apenas se contuvo, y quedó en el 8,5%. En el 2012, tanto a la Comisión como a los mercados no les ha sentado nada bien que se redujera el ajuste acordado (que tenía que dejar el déficit este año en el 4,4% del PIB) ni que, por mor de las elecciones andaluzas y asturianas, se haya retrasado hasta el 30 de marzo la presentación del presupuesto. Hay temor a que las autoridades españolas no se tomen el ajuste fiscal todo lo en serio que debieran, como ha expresado , el premier italiano, en una insólita respuesta sobre la situación de Italia y el negativo impacto que España está generando sobre ella. ¡Quién lo había de decir! ¡Ahora los italianos son los cumplidores!

Finalmente, y no por ello menos importante, tampoco ha ayudado nada la proclama nacionalista de en la cumbre de hace unas semanas en la que, justamente, se aprobaba el fiscal compact que Alemania ha impuesto a la eurozona. Recuerden cómo, entonces, se permitió la bravata de afirmar que España no cumpliría en el 2012 con el acuerdo sobre déficit y que, como máximo, lo dejaría en el 5,8%. Y aunque posteriormente se rectificó un tanto, hasta alcanzar el acuerdo sobre el 5,3%, el mal ya estaba hecho. Y para muestra, el botón de las críticas a España del comisario de economía de la UE, que no ha tenido reparos en explicar públicamente los problemas que afectan a nuestro ajuste fiscal, contribuyendo indirectamente al endurecimiento de las condiciones de financiación españolas. En este contexto de tensión entre España y las autoridades europeas, no es un problema menor que haya desaparecido la plaza de la que disponía España en el consejo ejecutivo del BCE, la que ocupaba Hasta hace pocos meses, parecía que España, por su tamaño económico, iba a disponer de un asiento permanente en dicho Consejo, al igual que Alemania, Francia e Italia. Pero ahora las cosas se han torcido, y parece que los países del Norte, y Alemania entre ellos, están dispuestos a que sea Luxemburgo el sustituto de España, que pierde una posición de enorme privilegio en el diseño de la política monetaria de la Unión.

En suma, estamos haciendo los deberes, pero solo en parte. Y Europa, y los mercados, están preocupados. El espectáculo del país esperando las elecciones andaluzas para publicitar el indispensable ajuste no ha sido nada positivo. La ventana de oportunidades que el BCE ha abierto no se va a mantener indefinidamente. Los mercados se impacientan, las autoridades europeas también y el Bundesbank presiona. No perdamos el tiempo.

Josep Oliver Alonso

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