Sobre las Falkland

Por Richard Davies, consejero de las islas Falkland, conocidas como islas Malvinas en español. Traducción de María Luisa Rodríguez Tapia (EL PAÍS, 23/07/07):

Las islas Falkland son una democracia de larga tradición, dinámica y autosuficiente, que se encuentra aproximadamente a 500 kilómetros al este del extremo sur de Suramérica. Nunca hemos formado parte de Argentina y somos cultural, geográfica y étnicamente distintos de nuestro vecino, más extenso y con una política territorial agresiva. Veinticinco años después de la invasión argentina, seguimos estando profundamente agradecidos por el sacrificio de las tropas británicas que nos liberaron en 1982.

Los argumentos presentados por el doctor Taiana [ministro de Relaciones Exteriores de Argentina, en el artículo Islas Malvinas: reanudar las negociaciones bilaterales, EL PAÍS, 9-6-07] están cargados de fallos morales, históricos e intelectuales.

Fallos morales, porque ocultan un cínico intento de justificar la anexión de un vecino más pequeño y pacífico. Este tipo de ambiciones coloniales no tiene hueco en el siglo XXI. Los habitantes de las islas Falkland no tienen ningún deseo de entrar a formar parte de la expansión de Argentina.

Fallos morales, porque Argentina trata de negar que, como pueblo, tenemos derecho a decidir nuestro futuro. Negarnos ese derecho humano esencial va en contra de la justicia natural y la Carta de Naciones Unidas.

Fallos históricos, porque los ciudadanos de las islas Falkland no son “un pueblo trasplantado”. Muchos de ellos tienen antepasados que se remontan a 1840, y muchos proceden de una gran variedad de países. A lo largo de los años, hemos desarrollado una identidad y una cultura propias. Como todos los países del Nuevo Mundo, incluida Argentina, somos una nación de inmigrantes, pero ello no significa que no tengamos derecho a la autodeterminación.

Fallos históricos porque, cuando Argentina ocupó las islas en 1829, lo hizo con pleno conocimiento de que existía una reivindicación muy anterior por parte de Gran Bretaña. Los británicos protestaron inmediatamente por la ocupación y, cuando eliminaron pacíficamente la pequeña guarnición argentina, cuatro años más tarde, desde luego no expulsaron a ninguna población local. Cuando se descubrieron las islas Falkland, en el siglo XVI, estaban deshabitadas; no existía ninguna población indígena a la que oprimir, esclavizar ni erradicar.

Fallos intelectuales porque, aunque Argentina hubiera tenido derecho a alguna reivindicación histórica, los acontecimientos de hace dos siglos no anulan nuestro derecho a la autodeterminación. Debemos resolver los problemas del siglo XXI, no los del siglo XIX. La breve y fracasada aventura colonial argentina de hace 200 años no puede otorgarle derechos sobre una población que vive aquí y ha administrado y desarrollado este país desde entonces.

Fallos intelectuales porque, según un principio claramente establecido por Naciones Unidas, el futuro político de territorios como el nuestro debe decidirse con arreglo a los deseos de sus habitantes. Los ciudadanos de las islas Falkland se oponen enérgicamente a la soberanía argentina y no desean que el Gobierno británico negocie nuestra soberanía con Argentina.

Queremos continuar nuestra asociación constitucional actual con el Reino Unido. No es una relación colonial, sino una asociación voluntaria y en constante evolución, basada en nuestro derecho a la autodeterminación y que pretende darnos el máximo control posible sobre nuestras vidas. Es una situación plenamente conforme a los principios y la Carta de Naciones Unidas.

Además de utilizar la diplomacia de forma agresiva, Argentina está intentando fomentar sus ambiciones nacionalistas mediante sanciones económicas. Entre ellas está la negativa a que los vuelos chárter crucen su espacio aéreo y las amenazas a empresas que pesquen en aguas de las islas Falkland. Su reciente retirada de la Declaración Conjunta sobre Hidrocarburos de 1995 tiene escasas repercusiones prácticas, pero cierra la puerta a la posible cooperación y en el futuro e inspira poca confianza. Es fácil cerrar puertas, pero abrirlas requiere un trabajo paciente y valentía política.

La comunidad internacional no debe ignorar ni consentir el comportamiento de Argentina. Debe condenar esas tácticas y emplear su influencia para promover medidas que reduzcan la tensión e impulsen el entendimiento y la confianza. Debe exigir la cooperación en los asuntos regionales importantes. Hay muchas otras zonas del mundo en las que existen convicciones y principios muy arraigados que parecían irreconciliables y sobre los que, sin embargo, se han producido avances; no hay más que ver los casos de Gibraltar e Irlanda del Norte.

Los ciudadanos de las islas Falkland estamos de acuerdo con la idea de cooperar con Argentina en asuntos prácticos como la conservación de la naturaleza y las reservas de pescado. Estamos decididos a mejorar las relaciones entre nuestras comunidades. Por ejemplo, hemos invitado a los familiares de los soldados, marineros y pilotos argentinos que murieron en 1982 a asistir a una conmemoración por sus seres queridos este año. Creemos que estos contactos entre nuestras comunidades pueden fomentar el entendimiento y cicatrizar las heridas de la guerra.