Sobre los derechos de gays y lesbianas

El día que recibí una llamada del presidente Barack Obama para pedirme que sirviera como embajador de Estados Unidos en España y Andorra fue uno de los días de más orgullo de mi vida. No sólo porque constituye un honor servir a un presidente al que admiro de verdad o a un país que amo profundamente, sino porque mi nominación, junto con la de otros cuatro embajadores abiertamente gays, decía al mundo que Estados Unidos está comprometido con la defensa de la plena igualdad para lesbianas, gays, transexuales y bisexuales (LGTB).

Este Gobierno ha dejado claro, en palabras de la ex secretaria de Estado Hillary Clinton, que «los derechos de las personas LGTB son derechos humanos, y punto». En 2014, el décimo Día Internacional contra la Homofobia y la Transfobia ha coincidido con el 60º aniversario del caso Brown contra la Junta Nacional de Educación, legendario caso judicial en el que se sentenció que si se separa a los estudiantes de raza negra y blanca, no hay verdadera igualdad. Y en 2014 se conmemoran también el 50º aniversario de la Ley de Derechos Civiles –hito en la legislación de este tipo que impulsó John F. Kennedy– y el 45º aniversario de los disturbios de Stonewall, que condujeron el inicio del movimiento por los derechos de los homosexuales en todo el mundo. Esta confluencia resulta poderosa y significativa.

Aunque somos un país distinto al que éramos hace 50 o 60 años, tenemos mucho que aprender si recordamos las luchas y la perseverancia que caracterizaron nuestro movimiento por los derechos civiles. De hecho, el presidente Obama ha realizado un paralelismo entre la histórica batalla de nuestra sociedad contra la discriminación racial y de género, y el actual movimiento por la igualdad de los matrimonios en Estados Unidos.

Éste es un foco de la política interna de Estados Unidos, pero mientras trabajamos con todas nuestras fuerzas para garantizar que los derechos de todos los estadounidenses sean respetados dentro del país, nos esforzamos por incorporar el mismo compromiso a nuestro trabajo fuera. Defender los derechos humanos de las personas LGTB en todo el planeta constituye una parte fundamental de la política exterior de Estados Unidos y un asunto en el que somos aliados de socios que quieren hacer lo mismo. Y para hacerlo de manera eficaz, citando al vicepresidente Joe Biden, debemos predicar «no meramente con el ejemplo de nuestra fuerza, sino con la fuerza de nuestro ejemplo».

Por eso, el presidente, el vicepresidente y el secretario de Estado, John Kerry, no sólo se han convertido en voces destacadas del apoyo a los derechos de las personas LGTB, sino que han destinado recursos y están fomentando políticas para impulsarlas de manera tangible.

En 2011, el presidente Obama ordenó a todas las agencias federales que trabajan fuera del país que garanticen que la labor diplomática y de ayuda en el exterior estadounidense protege y promueve los derechos humanos de las personas LGTB. Esto significa todo: desde más prestaciones para los empleados LGTB del Gobierno y sus parejas (como plenos privilegios diplomáticos para las parejas del mismo sexo), hasta nuevos programas para proteger a refugiados y solicitantes de asilo, pasando por el lanzamiento del Global Equity Fund, una alianza de gobiernos, empresas y fundaciones con ideas afines que ha proporcionado más de 7,8 millones de dólares en más de 50 países para apoyar a grupos que trabajan por la protección de los derechos de las personas LGTB. Aunque para algunos esto puede parecer algo nuevo, se enmarca en la larga tradición estadounidense de lucha por la libertad para todos.

Si bien se ha avanzado mucho en los últimos años, queda trabajo por delante. En la primera reunión ministerial de la Asamblea General de la ONU de promoción de los derechos humanos de las personas LGTB, el secretario de Estado, Kerry, señaló que «en demasiados lugares en el mundo siguen siendo castigadas sólo por ejercer sus derechos y libertades fundamentales». Es una verdad trágica: aproximadamente 80 países en el mundo criminalizan todavía hoy la homosexualidad y cinco la definen como un delito punible con la muerte. En otros muchos lugares, las personas lesbianas, gays, transexuales y bisexuales siguen siendo vulnerables a la detención arbitraria, el acoso, la discriminación y la violencia.

Sin embargo, hay países que sirven de modelo para los demás. España es uno de ellos, al haber ido a la vanguardia, por ejemplo, de la legalización del matrimonio entre personas del mismo sexo, la adopción de niños por parte de parejas homosexuales y el apoyo a las personas transexuales. Pero a menudo, servir de ejemplo significa que es aún más importante seguir preguntando qué otras cosas se pueden hacer. Por eso formamos alianzas no sólo con los gobiernos, sino también con la gente.

Desde que llegué a España en septiembre del año pasado, me he reunido en distintas ocasiones con miembros de la comunidad LGTB. Ellos me han trasladado su preocupación, por ejemplo, por el acoso que aún existe en los colegios, los delitos de odio y la desigualdad en el lugar de trabajo. Me siento orgulloso de ofrecerles apoyo moral, usar mis buenos oficios para ayudar a llamar la atención sobre sus problemas y ponerles en contacto con el trabajo que realizan grupos como Human Rights Campaign.

Aunque Estados Unidos tiene mucho que aprender del ejemplo de España en muchos sentidos, se pueden sacar fuerzas del intercambio de experiencias y del trabajo conjunto para promover nuestros valores comunes en otros lugares del mundo y así defender mejor los derechos de las personas. Como ha dicho el presidente Barack Obama, «creemos en la dignidad humana: que todas las personas son creadas iguales, no importa quiénes sean, o qué aspecto tengan, o a quién amen, o de dónde procedan».

James Costos es embajador de Estados Unidos en España.

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