¿Solo envejecen los demás?

No hay duda de que uno de los elementos centrales del cambio de época que atravesamos es lo que podríamos denominar como la democratización generalizada de la vejez avanzada. Es decir, antes eran unos pocos los que alcanzaban edades superiores a los 80 o 85 años. Hoy esas edades son consideradas ya como habituales. No hace demasiado tiempo, las personas centenarias eran agasajadas por las autoridades como fenómenos dignos de destacar. Actualmente, si los alcaldes y alcaldesas tuvieran que ir a felicitar personalmente a los que llegan a tan provecta edad, les faltaría tiempo para atender sus otras muchas obligaciones. La esperanza de vida va creciendo y ello es sin duda una buena noticia, a pesar de que si atendemos a la opinión de comentaristas de todo tipo o si leemos los informes de organismos como el FMI, se considera que este es uno de los problemas más graves y urgentes a los que atender desde ya.

La mejora general de las condiciones de vida y el acceso universal a sistemas sanitarios avanzados han provocado en muchas partes del mundo que las perspectivas vitales hayan cambiado notablemente. Y estamos en momentos en los que la extensa generación del ‘baby boom’, fruto de la fase expansiva de la economía en los años 50 y 60, está alcanzando o va a alcanzar en breve esa edad simbólica de los 65 años. Una edad que ha acostumbrado a marcar la frontera entre edad productiva y edad dependiente y que fue inicialmente fijado por Bismarck en Prusia, en 1889, cuando la esperanza de vida rondaba los 45 años. Hoy seguimos girando alrededor de esa edad y de sus consecuencias vitales, a pesar de que cada vez los ritmos de envejecimiento y continuidad o discontinuidad laboral son enormemente diversificados y heterogéneos.

En un reciente libro de Marco Aime y Luca Borzani publicado en Italia se glosa el gran impacto de ese cambio de perspectiva en la vejez. Cada vez hay y habrá más personas de edad avanzada, más personas viejas, más ancianos, capaces de proyectar sus vidas mucho más allá de lo que antes era posible. Mientras, en cambio, los jóvenes empiezan a escasear, viven situaciones de precarización vital permanente y tienen un presente complicado. La gente que creció alrededor del mayo del 68, de la oposición a la guerra del Vietnam, de la generación ‘hippy’ y rebelde, están alcanzado edades en que antes la gente llegaba agotada, con notables achaques de salud y con perspectivas vitales muy reducidas.

No es para nada lo que ahora está ya ocurriendo. Hablando en general, las condiciones económicas de los mayores son hoy notablemente mejores, sus condiciones de salud también y una vez liberados de sus compromisos laborales, pueden emprender otros proyectos vitales antes de alcanzar situaciones de dependencia y deterioro físico. Será importante evitar que crezca lo que ahora ya empieza a ser problemático en ciertos contextos, es decir el enfrentamiento explícito o implícito entre mayores con situaciones consolidadas y cómodas, y jóvenes en precario con futuros personales y profesionales bloqueados por falta de recambio.

La estructura y divisoria clásica de edades cada vez nos sirve menos para explicar lo que acontece. El hecho de trabajar o no, no caracteriza decisivamente la situación de cada cual. Tampoco el hecho de estar estudiando o no, ya que la formación continua es algo considerado imprescindible. Y el mismo decaimiento corporal es hoy combatido con fuertes dosis de tonificación muscular y un extenso uso de la intervención quirúrgica.

Hay una edad cronológica, una edad personal que cada cual siente de distinta forma, y una edad social, que los demás proyectan sobre ti. Puedes estar estudiando, cuidando de los que te rodean, y trabajar más o menos continuadamente, sin que eso implique tener una edad determinada. La vejez no es una enfermedad y puede vivirse de distintas maneras. Mario Monti y Mick Jagger tienen la misma edad, pero no coinciden en muchas más cosas.

Lo que ahora observamos es que, a diferencia de lo que pasa con la maternidad, los que entran en esa fase de edad cronológica en la que se ha situado siempre la vejez no disponen de modelos previos de los que aprender, ya que las generaciones anteriores no disponían ni de ese capital personal previo ni de las expectativas vitales y de futuro. Las edades de las personas han roto con los estereotipos existentes y será esta nutrida generación que va llegando a la vejez la que deberá lidiar con ello, mientras quizá seguirá defendiendo que solo envejecen los demás.

Joan Subirats, Catedrático de Ciencia Política (Universitat Autònoma de Barcelona).

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