Sopuerta no quiere 'menas', pero EH Bildu sí

Manifestación de vecinos de Sopuerta contra la instalación de un centro de 'menas'.
Manifestación de vecinos de Sopuerta contra la instalación de un centro de 'menas'.

Los habitantes de Sopuerta, un pueblo de 2.700 habitantes situado en medio de la comarca de Las Encartaciones, en Bizkaia, están estas últimas semanas muy inquietos. Se han enterado de que la Diputación Foral, que es la competente en temas sociales, va a utilizar el llamado Palacio de Quintana, ahora abandonado, como centro de acogida para menas.

Los vecinos que se vienen manifestando dicen que ellos no son racistas, pero que están preocupados porque en el pueblo no hay servicios suficientes para lo que pueda traer una presencia así: desde frecuencia de autobuses entre las poblaciones del entorno y con la capital, hasta asistencia sanitaria o incluso seguridad, por si pasara algo. Ya han recabado 1.700 firmas.

Pero los representantes de la Diputación (PNV) e incluso el equipo de gobierno municipal actual (EH Bildu) dicen que los vecinos están exagerando los peligros y que demuestran poca sensibilidad ante la acogida de menores, ya que lo que menos necesitan estos para su adecuada integración es un ambiente desconfiado y no digamos ya hostil a su presencia.

Los vecinos, en cambio, recuerdan lo que pasó en municipios próximos como Arcentales o Carranza, cuando hubo experiencias parecidas que acabaron en incendios en los centros de acogida, altercados en los transportes o hurtos a viandantes.

También piensan que la Diputación siempre busca municipios como Sopuerta, pequeños y lejos de los núcleos más poblados, para atenuar el desgaste electoral que comportan estos centros.

Sopuerta es el único municipio de Encartaciones que el PNV nunca pudo controlar. Desde las primeras elecciones municipales, las de 1979, el PNV demostró que contaba con una presencia sólida en la comarca, producto de una ideologización intensiva, basada en mistificaciones históricas y victimizaciones buscadas.

Sin apenas toponimia vasca y más parecida a sus vecinas Cantabria y Burgos que al resto de Bizkaia, los habitantes de Encartaciones vieron cómo el nacionalismo iba eusquerizando artificialmente todos los nombres que podía, empezando por el de la propia comarca, que pasó a llamarse Enkarterriak.

La implantación acelerada de batzokis (sedes sociales del PNV) durante la Segunda República, y el paso del frente en la Guerra Civil, tras la caída de Bilbao, con el ejército republicano huyendo hacia Cantabria ante el empuje de las Brigadas de Navarra, convirtió las Encartaciones en terreno propicio para lo que ahora se llama memoria histórica: con muchos gudaris de la zona caídos en combate, presos en las cárceles franquistas o fusilados.

Pero en Sopuerta hubo un alcalde no nacionalista que consiguió el afecto y el apoyo de la mayoría de la ciudadanía. Fue Emilio Reina Laiseca, quien, en 1974, siendo jefe local del Movimiento, fue nombrado alcalde por primera vez, con 37 años.

A partir de ahí inició una carrera que le llevó a presentarse a las primeras elecciones democráticas sacándole unos pocos votos de ventaja al PNV, suficientes para hacerse de nuevo con la alcaldía.

Su forma de hacer campaña electoral no se basaba en las siglas de un partido, como el resto de candidatos. Él encabezaba una Agrupación Independiente de Electores que, sin hacer actos públicos de campaña como los demás, visitaba a los vecinos casa por casa, explicando su programa.

Y así fue ganando todas las municipales a partir de entonces. No consiguió, en cambio, ser alcalde en las de 1987, 1991 y 1995 porque, al no sacar en ellas mayoría absoluta, los demás partidos, PNV, EA y HB, o sea, todos los nacionalistas, se unieron en su contra.

Recordemos que a partir de 1975 ETA empezó a atentar contra los alcaldes franquistas del País Vasco, asesinando ese año al de Oyarzun y al año siguiente al de Galdácano, provocando la estampida del resto. ETA incluso buscó y asesinó a quienes en su día fueron alcaldes en periodo franquista y ya lo habían dejado.

También fueron asesinados el presidente de la Diputación de Gipuzkoa en 1976 y el de la de Bizkaia en 1977.

El objetivo estaba claro: limpiar el terreno para los candidatos nacionalistas.

A partir de entonces, nunca las diputaciones de Bizkaia y Gipuzkoa han tenido un presidente no nacionalista. Y en los municipios la tendencia ha sido similar. Baste comprobar los últimos resultados: de 251 alcaldes posibles en el País Vasco, 200 son nacionalistas. El resto son de agrupaciones independientes, la mayoría afectas al nacionalismo, y luego 12 del PSE y 2 del PP.

En Encartaciones, ahora mismo, de 98 concejales posibles, 49 son del PNV, 24 de Bildu, 23 de agrupaciones vecinales, 1 del PSE y 1 de Podemos.

Pero Emilio Reina Laiseca siguió mientras pudo. Y eso que no faltaron, entre sus competidores nacionalistas, quienes le recordaron su pasado franquista, con el riesgo que eso podía suponer para su vida.

En 2011, con 74 años, no se presentó como candidato y Bildu obtuvo el gobierno municipal. Pero en 2015, ante las peticiones de sus vecinos para que se presentara, decidió que fueran ellos y no él quienes le jubilaran. Se volvió a presentar y fue de nuevo alcalde por última vez.

En las municipales de 2019, con 82 años, ya no pudo ir casa por casa para convencer a sus vecinos. Fue entonces cuando perdió por primera vez en toda su carrera y ya ni se molestó en ir a por su acta de concejal.

Estamos seguros de que los vecinos de Sopuerta, que se quejan ahora de la más que probable implantación de un centro de menores inmigrantes en su pueblo, echan de menos un alcalde que les defienda, como Emilio Reina Laiseca.

Su ascendiente sobre la ciudadanía le venía dado por su dedicación, su conocimiento del medio y su falta de alineación partidista. De haberla tenido, y dada su condición de no nacionalista, le habría perjudicado más que ayudado.

En 1978 encontró un miliario de época romana que certificaba la pertenencia al término de Sopuerta de la Casa de Juntas de Avellaneda, el elemento de patrimonio histórico más importante de las Encartaciones, lo cual contribuyó a resolver un pleito histórico que en 2000 el Tribunal Supremo sentenció, por fin, a favor de Sopuerta.

Sólo una cosa se le podría reprochar a Emilio Reina Laiseca en su labor política de cuarenta años al frente de Sopuerta: no haber enseñado a nadie a ocupar su puesto cuando él faltara.

Tras su retirada, el nacionalismo gobierna el pueblo a placer. El actual alcalde, Félix Agustín Cuadrado Torre, de Bildu, ante el problema de la llegada de los menas, ha recomendado a sus convecinos que se tranquilicen, que no adelanten acontecimientos y que esperen a conocer "los perfiles de los menores" que vayan llegando.

O sea, dando por hecho que vendrán y que si son majos, pues qué bien.

Y si no, pues también.

Pedro Chacón es profesor de Historia del Pensamiento Político en la UPV/EHU.

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