Suprema justicia

¿Por qué será que en la mayoría de los casos donde hay que interpretar condenas de los presos de ETA se hace de espaldas a las víctimas? Es una pregunta que no solo me hago yo, en mi laberinto de tristeza, sino que se hacen miles de españoles que no han sido tocados por el terror etarra. ¿Acaso no saben algunos de los señores togados de la Audiencia Nacional que no se debería juzgar de espaldas al pueblo? Por supuesto que la justicia no puede ser subjetiva, pero ¿qué hay más objetivo que el hecho de que terroristas como Santi Potros, responsables de los atentados más sangrientos de ETA, no sean premiados con la lotería de una libertad inmerecida? Ya no esperamos que cumplan íntegras sus condenas, de tan desconfiados que estamos de que esto ocurra; solo miramos al cielo o al Supremo, aguardando que quienes tienen en sus manos la posibilidad de decidir sobre el futuro, no solo de los terroristas, sino de sus víctimas, tengan la sensibilidad y el sentido de la justicia suficientes para hacerles cumplir condenas y que al menos no sean humillantes para sus víctimas. Porque, a pesar de que la alarma social respecto al terrorismo esté dormida –por el veneno de esa falta de muertos y esa pedagogía a favor de pasar página–, esta nueva afrenta de los jueces, que han puesto en la calle a quienes la mayoría queremos ver en la cárcel, ha despertado las conciencias durmientes de muchos españoles, que han exclamado ¡qué injusticia y qué indignación!

Ver a Potros pasear por su pueblo con la comodidad de quien sabe que juega en casa, porque en Lasarte gobiernan ellos, es como una bofetada a la dignidad de las víctimas. Porque ni a Potros ni a los muchos que esperan ser liberados tras esta decisión inexplicable les tocaba salir de prisión. A mí no me engañan, yo trabajo en el Parlamento Europeo, legislando para defender esos derechos de las víctimas que tan olvidados están; y sé que una Decisión Marco no es vinculante. Y precisamente la que han aplicado ha sido interpretada de una manera expansiva y muy lejos del espíritu que la inspiró. Y me rebelo viendo cómo, por culpa de tanta premura y voluntad de favorecer a estos bestias asesinos de niños, los ciudadanos están dejando de confiar en la justicia, sobre todo en la que viene de Europa.

Me dirijo a ellos para decirles que esta Decisión Marco no obliga a los estados, sino que les aconseja, no es una Directiva ni un Reglamento, que esos sí serían de obligado cumplimiento. Esa normativa de reconocimiento de sentencias penales no estuvo pensada para aligerar las condenas a terroristas, y así lo entendieron en España quienes redactaron la ley que interpreta la Decisión Marco, impidiendo la reducción de penas por condenas cumplidas en otro estado y que rechaza beneficios penitenciarios para fallos dictados antes de 2010 dentro de la UE. Y lo hicieron para evitar interpretaciones peligrosas, como la de una parte de esa Audiencia Nacional dividida. De nada ha servido la ley, de nada la opinión contraria de la Fiscalía y del Gobierno, porque nuevamente los terroristas, de la mano de una justicia tuerta, se han beneficiado de la ceguera de unos jueces que no han querido ver lo que vería un niño. ¿Por qué y mil veces por qué?

Si hay alguien en España que merece cumplir íntegra su condena, son Santi Potros y los demás terroristas injustamente agraciados en este sorteo judicial, donde unos dicen que sí, otros que no, y el pueblo español, que apoya firmemente a sus víctimas, contempla indignado la falta de unidad entre los jueces y la dudosa legalidad de algunas de sus decisiones, como por ejemplo esta. Bueno, siempre nos quedará el Supremo. Pocos días faltan para que este máximo tribunal del Estado nos saque de esta indignante duda. Pronto sabremos si Santi Potros seguirá libre y se iniciará el camino de muchas otras injustas excarcelaciones, con una normativa europea como excusa barata, o desde arriba se hará justicia con una decisión que no repugne a la razón y en consecuencia los terroristas vuelvan al lugar de donde nunca debieron salir.

Creo que ya toca, porque las víctimas de ETA, que jamás se tomaron la justicia por su mano, piden que esta no le tiemble al Supremo a la hora de deshacer este entuerto. No solo ante quienes lloran a sus seres queridos han de rendir cuenta los jueces, sino también ante la sociedad española, que no comprende que la balanza siempre haga saltar a los más débiles, las víctimas. Si la decisión es la que nadie cabal desea, ellos serán los responsables de explicar esa suprema injusticia que a muchos nos será difícil superar. La suerte está echada.

Teresa Jiménez-Becerril, eurodiputada.

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