“Sur, paredón y después…”

Por Julio María Sanguinetti, ex presidente de Uruguay (EL PAÍS, 18/11/06):

De resultas de la reciente Cumbre Iberoamericana de Montevideo, el rey de España, don Juan Carlos, ha quedado como “facilitador” del interrumpido diálogo entre Uruguay y Argentina, relación inexplicablemente ríspida que separa a los dos países más parecidos entre sí de los 22 que allí estaban.

El bienvenido gesto del jefe de Estado español puso una sobria nota de moderación cívica entre tantos gestos de malquerencia que se advertían. Desgraciadamente, la relación está tan pedregosa que los vecinos de Gualeguaychú, la ciudad que se queja de la instalación de una planta de celulosa en Uruguay, en la otra ribera del río epónimo, no sólo levantaron esos días un muro delante del puente que une a los países, sino que ahora anuncian corte de rutas para la temporada turística, los cálidos meses de enero y febrero en que los argentinos se asolean en las playas uruguayas.

Mientras tanto, el presidente Kirchner se dirige por nota al Banco Mundial pidiéndole que no conceda un crédito a la empresa finlandesa que avanza en la construcción de su fábrica, invocando -de modo poco elegante- la intervención real. Confiamos -anhelamos- que ella logre su fruto y el diálogo se reanude. Hacemos énfasis en las palabras: la intervención “facilitadora” tendría un éxito resonante con restablecer ese diálogo que hoy no existe. Si logra que los dos gobiernos se sienten a hablar, estará cumplido y bien cumplido nuestro monarca.

A partir de allí, obviamente, dependerá de la buena voluntad de los gobiernos, porque francamente no imaginamos tan alta investidura entreverada en los vericuetos de un tema eminentemente técnico (establecer si la tecnología de una fábrica es adecuada o no) que se ha contaminado con una muy menuda polémica provincial, desmesuradamente elevada a la condición de conflicto internacional.

La cuestión de fondo es que detrás de esta crisis rioplatense está la del Mercosur. Sus instituciones no funcionan y por eso debe venir alguien del otro lado del Atlántico para que se hablen quienes provienen de la misma cuna. El presidente pro tempore del Mercosur, el presidente brasileño Lula da Silva, no fue a Montevideo alegando cansancio y optó por retratarse en tanga en una playa de Bahía, como si los presidentes no estuvieran siempre cansados y como si no quedara bastante notorio que, pese a su condición de socio mayoritario del Mercosur, no le entusiasma la idea de mediar entre Kirchner y Vásquez, dos presidentes particularmente incomunicados.

Añadamos que tampoco apareció el andariego presidente de Venezuela, con lo que la reunión ganó en sobriedad pero el bienamado Mercosur perdió en consistencia, porque se trata de su más reciente incorporación y ni siquiera ha creído del caso aparecer en ese carácter ante la cita iberoamericana.

Estas dos ausencias han sido las relevantes; las otras, a las que se ha dado mucho valor periodístico, son apenas anecdóticas ante la continuidad de un proyecto iberoamericano que sigue adelante. Eso es lo que importa.

Las Cumbres son el momento en que se revela internacionalmente la presencia de una comunidad unida por el idioma y unos valores que le son propios en el vasto espacio de la civilización occidental. O sea que la foto solamente ya vale, como expresión de una entidad cultural y política, que avanza en Estados Unidos con un 10% de su población pensando y hablando en castellano, que se proyecta en Europa como la segunda lengua extranjera luego del inglés, que posee una presencia en el Norte y en el Sur, en Europa y América.

Pero hoy por hoy poseemos mucho más, y desde la creación de la Secretaría Iberoamericana se tiene una continuidad de trabajo que viene dando frutos relevantes. Sin ir más lejos, la misma Cumbre transcurrió en paz (lo que no es poco hoy día) y con una inédita presencia de juventud, que la acompañó desde el ángulo de su mayor interés, la música popular; de periodistas de ambas costas del océano que discurrieron en profundidad sobre el tema latinoamericano; de seminarios técnicos sobre el idioma, las migraciones, el desarrollo, que aportaron base y sustento a la reunión.

Dicho de otro modo: las Cumbres son un momento de balance y diálogo, pero el esfuerzo de desarrollo de la Comunidad es permanente y él se nutre hoy de programas tan importantes como el Plan de Alfabetización que se lanzará el año que viene, instrumentado por la Organización Iberoamericana para la Educación, o el de Seguridad Social, llevado adelante por la OIS y que sería, sin duda, de una profundísima repercusión humana.

No olvidemos que todo este esfuerzo que hoy encabeza Enrique Iglesias, se suma al de la nueva Secretaría de Estado española que conduce Trinidad Jiménez, más la acción permanente del Instituto Cervantes que dirige Molina o la Fundación Carolina que dirige Rosa Conde y está otorgando becas de perfeccionamiento que van acercando a las Universidades españolas a nuestra América, hasta hace poco mirando sólo hacia el Norte, luego de que Francia, Inglaterra e Italia disminuyeran notoriamente su presencia en el ámbito educativo.

Hay también mucho para celebrar, entonces. No sólo las desavenencias entre Chávez y Fox, o entre Chávez y Alan García, o entre Evo Morales y Lula o entre el abogado Kirchner y el médico Vásquez, doctores de este Sur que, a pesar del tango, “después” del “paredón” que separa, no pueden ignorar la historia, la ineludible geografía y la cercanía de dos pueblos que sienten las mismas pasiones y viven -cada uno a su modo- la misma vida.