Susana Díaz y la plurinacionalidad

Mirando detenidamente el comienzo del debate de primarias entre los tres candidatos, es fascinante ver el andamiaje discursivo que montó Susana Díaz en torno a la plurinacionalidad. En principio se posicionó radicalmente en contra de ese concepto, y lo contrapuso a la Declaración de Granada, que es lo que ella defiende (en realidad como los otros dos candidatos).

A medida que pasaban los minutos se fue creciendo en su ataque a partir de esa supuesta diferencia. Le sirvió, en primer lugar para acusar a Pedro Sánchez de no tener una visión clara de España -que es un líder que lo mismo entra que sale de la Declaración de Granada-. Y siguió elevando el tono, le ridiculizó afirmando que su visión de España varía constantemente y que cada día de la semana saca una nueva versión de España al gusto de cada una de las Comunidades y ciudades autónomas. Utilizó este tema, en definitiva para presentar lo que a su modo de ver son los vaivenes y la falta de claridad de Pedro Sanchez. Por supuesto, esto le permitió de rechazo proclamar su firmeza y sólida visión de España, de lo que es y lo que habrá de ser: frente al mar cambiante y espumoso, ahí está la roca en la que todo el mundo puede confiar.

Probablemente esta construcción demoledora fue algo sorprendente para Pedro Sánchez. La definición del carácter plurinacional de España defendida por Pedro en su proyecto desde el 20 de febrero, cuando lo presentó, ha sido explicada hasta la saciedad, con argumentos políticos, con citas de líderes socialistas como Felipe González, incluso con estudios realizados por la Fundación Alfonso Perales, socialista y andaluza. Es más, es uno de los pocos elementos de su proyecto que no ha cambiado una coma desde entonces, aunque el ataque desmesurado de Susana Díaz podría dar a entender que había existido un cambio de criterio.

La verdad es que el asunto no da mucho de sí: el proyecto político de Pedro Sánchez es 100% constitucionalista, se fundamenta en la Constitución, en su artículo segundo (un artículo que no se propone cambiar), que establece la unidad de España, compuesta por nacionalidades y regiones. Definir esa unidad como de carácter plurinacional no significa otra cosa que utilizar el término que todo constitucionalista podría usar para definir las nacionalidades: son naciones culturales.

Y esto no es que lo diga Pedro Sánchez ahora. Ya lo dijo Gregorio Peces-Barba, socialista y padre de la Constitución, al asegurar que ” no hay más que una nación soberana que es España, que es además el poder constituyente”, pero puede haber unas “naciones culturales, que no son soberanas”. “Son naciones culturales porque tienen una cultura diferenciada, además de participar de la cultura castellana, que es la cultura común de todos”.

Europa contiene más de 100 naciones culturales que conviven en sus respectivos Estados. Afirmar el carácter plurinacional de España no puede violentar a nadie porque el término no avanza ni un ápice respecto a lo que establece la Constitución, pero sí acomoda y reafirma las especificidades culturales existentes dentro del marco de la realidad de España.

Pero esto, que es evidente, fue también refutado por Susana Díaz, que le espetó un sarcasmo a Sánchez en el que aparecía también una buena dosis de ignorancia: dijo que debía reconocerle el mérito de haber sido muy imaginativo hablando en las últimas semanas de una nación de naciones culturales…

Creo que toda esta escaramuza, que duró más de diez minutos, tenía un claro propósito: retratar a Pedro Sánchez como un líder inconsistente y ponerse ella misma como la antítesis, epítome de la firmeza y la claridad que hay que tener para conducir los destinos de España.

Patxi López, por otra parte, no entendió, o no quiso entender la construcción que estaba desarrollando Susana, y se desgañitaba diciendo que no nos perdamos en conceptos que no nos interesan. Pero además de no entenderlo, en vez de saldar rápidamente un entuerto de lo más simplón, se puso reverendo y llegó a pedir a Pedro Sánchez en un sorprendente gesto altanero que no venía a cuento, que le definiera qué es una nación.

Pedro Sánchez, ante este fuego graneado se defendió con argumentos sólidos y bien trabajados, y dio fin a la polémica de modo decisivo: recordó a Susana Díaz que ella misma, en unas declaraciones en noviembre de 2010, había asegurado que “La soberanía es indivisible, pero se puede negociar el término de nación”… A lo que ella, respondió finalmente, un poco por los bajines, que “los socialistas entendemos el fuerte carácter nacional de algunos territorios, pero si lo que pretenden es un Estado, nunca estaremos de acuerdo”. Es decir, lo que Pedro Sánchez defiende.

A mí se me ocurren dos moralejas. La primera que es que Patxi López actuó como un buen acompañante de Susana en esta refriega. Fueron al menos tres veces cuando Susana Díaz comenzó sus intervenciones con un “Como decía muy bien Patxi…” Y la segunda, que este pequeño episodio, que he intentado describir de modo pormenorizado, se me antoja una obra maestra de Susana Díaz de cómo construye una postverdad a partir, literalmente, de la nada.

Manuel Escudero es economista y colabora en el equipo de Pedro Sánchez.

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