¡Suspensión de la cuota de autónomos ya!

¡Qué decepción! O, mejor dicho, no es una decepción sino la confirmación de que, una vez más, el Gobierno ha dejado tirados en la cuneta a los autónomos de este país. Ya sean personas físicas o jurídicas, empleadores o trabajadores individuales, los autónomos suponemos esa clase de segunda a la que se le pidió arriesgar durante la crisis de 2008.

Se nos pidió apostar por nuestros talentos, poner en marcha nuestros negocios, confiar en nuestras capacidades, no esperar a que otros nos contratasen, sino que se nos instó a «hacer realidad sus sueños» poniendo en valor todo lo aprendido.

Muchas de esas personas eran y son trabajadores con muchos años de experiencia a sus espaldas, que venían de grandes empresas y multinacionales incluso, abocadas a realizar expedientes de regulación, trabajadores con muy alta cualificación y un conocimiento profundo de sus profesiones que, de la noche a la mañana, tuvieron que reinventarse y vencer el miedo para seguir.

Otros, como es mi caso, decidimos poner en marcha un proyecto profesional y personal, tras un periodo largo de formación. Tras un punto y aparte en nuestras carreras, pensarlo mucho y decidir dar un salto cualitativo. Nunca me he arrepentido, a pesar del esfuerzo y la lucha diaria que supone sacar adelante tu propio negocio.

Nosotros arriesgamos. En realidad, arriesgamos y vencemos al miedo cada día. Y si además, como es mi caso, eres autónomo contratador, sabes lo que significa llevar sobre tus hombros la responsabilidad de sacar adelante tu empresa y dar empleo a un gran número de personas en nuestro país.

Nosotros ayudamos a mejorar otra curva: la del empleo en España cada mes. Siempre arrimando el hombro, a pesar del IVA, de los impuestos, de las cargas… siempre al pie del cañón. Sin horarios, sin treguas.

Y ahora… a punto de que llegue el 31 de marzo como una guillotina, agobiados y paralizados, literalmente, ante la crisis del COVID-19, los autónomos nos encontramos solos, desamparados y con el agravante de no poder suspender, aplazar o cancelar el pago de nuestra cuota si no cumplimos una serie de requisitos que, previamente, la Tesorería de la Seguridad Social debe valorar.

Y eso que las condiciones se han flexibilizado desde el primer anuncio que hizo el presidente del Gobierno. Unas condiciones que tuvo que flexibilizar, como digo, ante el clamor de los autónomos.

En un inicio había que cesar tu negocio para poder acceder a la cancelación de cuotas o acreditar pérdidas iguales o superiores al 75%. Y la pregunta era… ¿cesar? ¿por qué? Con lo que cuesta levantar un negocio.

Dos días después, y ante las críticas, el ministro de Seguridad Social anunciaba que se podía pedir la cancelación de la cuota de autónomo con una declaración jurada que acreditara las pérdidas en tu negocio.

Y ahora… ahora vemos que el protocolo de solicitud se encuentra completamente colapsado y que, irremediablemente, el día 31 de marzo se acerca como una guillotina para cobrarnos la cuota -sea cual sea nuestra situación- si cuando llegue la fecha no tenemos aprobada nuestra solicitud, algo bastante improbable dadas las circunstancias. Una carrera contrarreloj que muchos autónomos no pueden asumir.

Además, y por si fuera poco, Tesorería de la Seguridad Social ya ha advertido a través de su cuenta de Twitter de que si no se paga la cuota a día 31 se generará una deuda con recargo. E informa también de que si se te aprueba la prestación extraordinaria después de que se te cobre la cuota, no sufras, porque podrás solicitar la devolución a través del Sistema RED. Y mi pregunta es… ¿qué tipo de ayuda es esa? ¿la que llega tarde y mal?

El presidente de los autónomos le «ruega» y le «suplica» ahora al presidente del Gobierno por carta que atienda la demanda del colectivo: ¡Suspensión de la cuota de autónomos ya! Y a ella me uno, tal y como se ha hecho en Francia y en Italia sin dilación, sin peros, sin burocracia de por medio.

¡Qué decepción señor presidente del Gobierno! Usted nos pide confianza y esfuerzos, y nosotros le pedimos compasión y sentido común. Sea valiente y póngase a nuestro lado. No es que los autónomos no queramos pagar la cuota, es que muchos no van a tener ni para pagar marzo, ni para hacer frente a recibos, seguros y un larguísimo etcétera, mientras esperamos que nuestra solicitud se apruebe. ¿De dónde va a salir el dinero para pagar esas cuotas, si no hay ingresos? La regla es directa y fácil de entender.

¿Es que no hay nadie que tenga la valentía de cancelar la cuota mientras dure esta situación? Cancele la cuota para empezar, y pida a los autónomos que entreguemos la documentación durante estos días sin generar histeria ni agobios, más de los estrictamente necesarios. Pero, en primer lugar, échenos una mano. Qué sentido tiene intentar ayudar a alguien que se ahoga pidiéndole que se ahogue primero, mientras usted realiza todos los trámites burocráticos, para sacarle del agua cuando ya no pueda reanimarlo. No tiene lógica ninguna.

No es momento de burocracias, es momento de actuar, de ser valientes, de echar una mano, de estar ahí para quienes más lo necesitan. Es fácil de entender.

El objetivo, señor presidente, es subir la persiana una vez esto pase, no bajarla para siempre. Tras la crisis del COVID-19, el autónomo y la pyme deben recobrar la actividad, reabrir y volver a funcionar, recuperar a sus trabajadores, no abandonarlos. Una crisis así no puede abocarnos a la ruina económica, a una crisis de solvencia. Cuanto menos paremos el país, menos nos costará arrancar… eso es lo lógico.

¿Qué ocurre cuando, como es mi caso, tu negocio es digital, puedes seguir realizando tu labor desde casa, pero tu facturación ha caído en picado? ¿Qué ocurre cuando quieres seguir, pero tus proyectos de futuro más inmediato se paralizan? ¿Qué ocurre cuando todo un país está en compás de espera y no invierte en nuevos proyectos? ¿Qué ocurre cuando tú abanderas una empresa como autónomo que tiene que hacer frente a mil gastos?

Sinceramente, y como autónoma contratadora, estoy decepcionada, y me consta que no soy la única. Esperaba que esta fuera la oportunidad de un Gobierno con el que no encuentro demasiadas simpatías, para empatizar de otra forma: la humanidad. ¿Qué tal aplazar o suspender la cuota de autónomos de forma instantánea? Después se verán las circunstancias de cada uno, la letra pequeña… pero el tiempo apremia y es obvio que la actividad ha caído.

En todas y cada una de las comparecencias del Gobierno, el presidente hace mención a realizar un «esfuerzo», apela a los ciudadanos y empresarios de este país, exhaustos como estamos de encajar golpes de todo tipo. También el ciudadano pide ahora al Gobierno estar a la altura, quizá adelgazar este Ejecutivo podría ser una idea, ya que es uno de los más abultados de la historia de nuestro país (y uno de los más caros). Un gesto basta…

Mientras ese gesto no llega (y me temo que no llegará, espero equivocarme), los autónomos y pymes ya se han puesto en contacto con sus proveedores y los propietarios de sus oficinas, edificios y bajos comerciales para pedirles a ellos la demora en los pagos, algo que el Gobierno no ofrece en forma de cancelación de la cuota de autónomos. Mi pregunta es… ¿por qué?

Alguien nos va a tener que explicar algún día, no sé cuál, por qué se nos anima a emprender, algo de lo que por cierto estoy muy orgullosa, para luego dejarnos en la estacada así, sin más. Me lo van a tener que explicar bien, para poderlo entender yo misma y los cerca de tres millones de autónomos de este país.

Remedios Cervantes es empresaria y autónoma.

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