Terrorismo e Internet

Gabriel Weimann, investigador del United States Institute of Peace y profesor de Comunicación de la Universidad de Haifa, Israel (LA VANGUARDIA, 30/05/04)

Aunque se debate con frecuencia el peligro que el ciberterrorismo representa para Internet, es sorprendente el escaso conocimiento sobre la amenaza que plantea el uso de la red por parte de los terroristas. Un reciente estudio realizado a lo largo de seis años pone de manifiesto que las organizaciones terroristas y sus partidarios han utilizado todas las herramientas que ofrece Internet para reclutar adeptos, recaudar fondos y lanzar una campaña de intimidación a escala mundial. También muestra con claridad que para combatir de modo eficaz el terrorismo no basta con la mera supresión de sus herramientas de Internet.

Nuestra investigación de la red en el periodo 2003-2004 ha puesto al descubierto la existencia de cientos de sedes que están al servicio de los terroristas de modos diversos, aunque veces parcialmente coincidentes.

Se ha definido a menudo el terrorismo como una forma de guerra psicológica y no hay duda de que los terroristas han tratado de librar semejante guerra a través de Internet. Existen incontables ejemplos sobre cómo se sirven de este medio sin censura para propagar desinformación, realizar amenazas que pretenden infundir miedo y sensación de indefensión, así como divulgar espantosas imágenes de sus acciones recientes. Desde el 11 de septiembre del 2001, Al Qaeda ha llenado sus sede web con una sarta de anuncios sobre un inminente “ataque a gran escala” contra objetivos estadounidenses. Tales advertencias han recibido una considerable cobertura por parte de los medios de comunicación, lo que ha contribuido a crear un sentimiento generalizado de temor e inseguridad en la opinión pública de todo el mundo y, sobre todo, en Estados Unidos. Es interesante constatar que Al Qaeda ha proclamado de manera sistemática en sus sedes que la destrucción del World Trade Center ha infligido daños psicológicos, además de materiales, a la economía estadounidense.

Internet ha ampliado significativamente las posibilidades de conseguir publicidad por parte de los grupos terroristas. Antes de la llegada de Internet, las esperanzas de conseguir publicidad para sus causas y acciones dependía de lograr la atención de la televisión, la radio y la prensa. Ahora, el hecho de que los propios terroristas controlen de manera directa el contenido de sus sedes les proporciona mayores posibilidades de influenciar el modo en que son percibidos por distintos tipos de público objetivo y manipular su imagen y las de sus enemigos. La mayoría de las sedes de terroristas no ensalzan las acciones violentas. Más bien -y con independencia de su naturaleza, móviles y ubicación geográfica-, ponen énfasis en dos temas: las restricciones que sufre la libertad de expresión y la difícil situación de sus camaradas convertidos ahora en prisioneros políticos. Ambos temas tienen una amplio predicamento entre sus propios partidarios y tienen también el propósito de despertar la simpatía del público occidental que aprecia la libertad de expresión y desaprueba las medidas que silencian la oposición política. La sede de la secta japonesa de la Verdad Suprema (Aum-Shinrikyo) ilustra bien el espíritu liberal de la ciberpropaganda terrorista. En 1995, algunos integrantes de la secta realizaron un atentado mortal con gas sarín en el metro de Tokio que costó la vida de 12 personas e intoxicó a otras 5.000. Su nueva sede en Internet es muy sofisticada y atractiva. Un diseño azulado de estilo nueva era -con relajantes aguas y el símbolo de la paloma de la paz- domina la página principal y complementa su título: “Liberación del alma, la era de la benevolencia”.

Los terroristas no sólo han demostrado tener mucha habilidad para el marketing en línea, sino también ser expertos en recopilar información de los más de mil millones de sedes que forman la telaraña mundial. Por medio de Internet pueden averiguar los horarios y la localización de objetivos tales como servicios de transporte, centrales nucleares, edificios públicos, aeropuertos y puertos, así como las medidas antiterroristas. Según el secretario de Defensa, Donald Rumsfeld, un manual de entrenamiento de Al Qaeda hallado en Afganistán explica a sus lectores que “es posible reunir al menos el ochenta por ciento de toda la información necesaria sobre el enemigo mediante el uso de fuentes públicas y sin recurrir a medios ilegales”. Un ordenador de Al Qaeda capturado contenía los detalles de la estructura arquitectónica y de ingeniería de una presa, detalles que se habían descargado de Internet y habrían permitido a los ingenieros y planificadores de Al Qaeda simular fallos catastróficos. En otros ordenadores capturados, los investigadores estadounidenses hallaron pruebas de que los técnicos de Al Qaeda habrían navegado por sedes que ofrecían programas e instrucciones de programación de los interruptores digitales que hacen funcionar las redes de energía, agua, transporte y comunicaciones.

Al igual que muchas otras organizaciones políticas, los grupos terroristas utilizan Internet para recaudar fondos. Al Qaeda, por ejemplo, siempre ha dependido en gran medida de los donativos y su red global de recaudación se apoya en sociedades benéficas, organizaciones no gubernamentales y otras instituciones financieras que disponen de sedes, salas de charla y foros en Internet. Los combatientes chechenos también han utilizado Internet para divulgar las cuentas bancarias en las que pueden hacer aportaciones sus simpatizantes. Y el Gobierno estadounidense confiscó en diciembre del 2001 los fondos y bienes de una sociedad benéfica con sede en Texas a causa de sus vínculos con Hamas.

Además de solicitar en línea ayuda financiera, los terroristas reclutan activistas usando toda la gama de tecnologías web (audio, vídeo digital, etcétera) destinadas a realzar la presentación de sus mensajes. Y, del mismo modo que las sedes comerciales rastrean a los visitantes para elaborar perfiles de consumo, las organizaciones terroristas reúnen información sobre los usuarios que navegan por sus sedes. Luego contactan a aquellos visitantes que parecen más interesados en la organización o más apropiados para trabajar en ella. Los encargados del reclutamiento pueden usar también tecnologías más interactivas para pasear en línea por salas de charla y cibercafés con el fin de buscar personas receptivas entre el público, en particular jóvenes. El Instituto SITE, un grupo de investigación radicado en Washington que vigila las comunicaciones de Al Qaeda por Internet, ha proporcionado estremecedores pormenores sobre una sofisticada oleada lanzada en el 2003 para reclutar combatientes dispuestos a viajar a Iraq para combatir a las fuerzas estadounidenses y de la coalición.

Además, Internet proporciona a los terroristas medios baratos y eficaces de interconexión. A través de Internet, estos grupos interconectados de manera flexible son capaces de mantener relaciones con sus propios integrantes y con miembros de otros grupos terroristas. Internet no solo conecta a los militantes de una misma organización terrorista, sino también a los militantes de distintos grupos. Decenas de sedes que apoyan el terrorismo en nombre de la “yihad”, por ejemplo, hacen posible que terroristas situados en lugares tan distantes como Chechenia y Malasia intercambien ideas e información práctica sobre cómo fabricar bombas, establecer células terroristas y realizar ataques. Otro ejemplo es el “Manual de venenos de los mujaidines”, que se distribuye ampliamente en línea y ofrece minuciosas instrucciones sobre cómo fabricar diversas armas.

Los terroristas utilizan Internet no sólo para aprender a fabricar bombas, sino también para planear y coordinar ataques específicos. Los miembros de Al Qaeda dependían en gran parte de Internet al planear y coordinar los ataques del 11-S. En el ordenador de Abu Zubayda, terrorista de Al Qaeda detenido y del que se dice que habría sido el cerebro de los atentados, los agentes federales encontraron miles de mensajes codificados sacados de una parte de un sede web protegida con una contraseña.

¿Cómo actuar ante el uso insidioso de un servicio público liberador? Una respuesta fácil sería restringir esa libertad. Sin embargo, en la defensa de nuestras sociedades frente al terrorismo no debemos erosionar las cualidades y los valores que las hacen merecedoras de semejante defensa. En muchos aspectos, Internet constituye una encarnación casi perfecta de los ideales democráticos de libertad de expresión y comunicación abierta; constituye un lugar de intercambio de ideas como no ha existido nunca otro. Ahora bien, si restringimos nuestra libertad de uso de Internet porque nos asustan los ataques terroristas, habremos regalado una victoria a los terroristas en detrimento de la democracia.