Tezanos ni quita ni pone rey, pero ayuda a su señor

No deja de tener su gracia que Enrique de Trastámara regalara al mercenario francés Bertrand du Guesclin la ciudad de Soria en agradecimiento por su decisiva ayuda en el combate cuerpo a cuerpo en que mató a su hermano, el rey Pedro I.

Tezanos ni quita ni pone rey, pero ayuda a su señor Javier Muñoz

Fue el famoso lance del “ni quito ni pongo rey, pero ayudo a mi señor” en la tienda del campo de Montiel en 1369. Cuando Pedro estaba encima de Enrique a punto de deshacerse de él, Du Guesclin le agarró del pie, consiguiendo que se invirtieran las posiciones y que fuera el hermano bastardo quien le apuñalara.

Es probable que el director del CIS se sintiera inspirado por esa vuelta de la tortilla que cambió la historia de nuestra alta Edad Media al divulgar el miércoles su sondeo sobre las elecciones de Castilla y León.

Al menos el vuelco de la predicción demoscópica fue tan espectacular y rotundo como aquel de hace siete siglos. Cuando todas las encuestas situaban al PP de Mañueco cómodamente por encima del PSOE de Tudanca, Tezanos se las apañó para invertir las tornas.

Tezanos ni quita ni pone rey, pero ayuda a su señorTeniendo en cuenta que sus esfuerzos y malas mañas tuvieron que superar con creces a las de Du Guesclin, pues la ventaja media de Mañueco era hasta entonces de siete escaños, también sería de justicia que la recompensa fuera mayor y que, además de Soria, se le entregara, mediante decreto en el BOE, al menos cualquier otro feudo en el que la España Vaciada, promocionada con tanto esmero por él y su partido, obtuviera representación. Y de ahí para arriba.

'Ni quito ni pongo rey'

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Los profesionales de la demoscopia ya han puesto el grito en el cielo ante la desvergüenza que ha supuesto presentar una horquilla de hasta nueve escaños —entre 25 y 34— para ejecutar ese cambiazo y situar al candidato del PSOE por encima de entre los 27 y 32 otorgados al del PP.

Cocinas al margen, es un escándalo gastarse dinero público en realizar siete mil encuestas para ofrecer un pronóstico tan vago en el que casi cabe cualquier resultado. Incluso el de que Mañueco termine ganando por los siete escaños que predecimos los demás.

Para completar la broma de mal gusto, sólo faltaba el escarnio de la filtración de los datos al tertuliano Pablo Iglesias, permitiéndole alardear de su condición de insider y sacar pecho previo por la presunta recuperación —dentro de sus paupérrimos registros— del partido que sigue tutelando como líder fáctico.

En realidad, todo este episodio, estrambote grotesco incluido, no es sino la última concreción de la tara más burda e intolerable que actualmente padece nuestro sistema democrático. Mucho más grave que la politización de la elección de los miembros del Poder Judicial. Mucho más grave incluso que el control gubernamental de la Fiscalía del Estado o los medios públicos, pues a fin de cuentas en estos organismos existen elementos de contrapeso como el Consejo Fiscal y la Junta de Fiscales o el propio Consejo de Administración de RTVE.

En el caso del CIS, si empezamos por contemplar la gran muñeca rusa que contiene a las demás, lo primero que cabe preguntarse es qué sentido tiene que una institución pública ofrezca datos sobre intención de voto cuando tantas empresas privadas compiten por hacerlo, jugándose su prestigio y recursos en el empeño.

Y si desenroscamos esta primera anomalía y pasamos a la siguiente, ¿cómo podemos aceptar que esa institución dependa orgánicamente del Ministerio de la Presidencia, funcione jerárquicamente con tan sólo un endogámico Consejo Asesor y al frente de la misma figure un miembro ‘en excedencia’ de la ejecutiva del PSOE que para colmo se permite arremeter periódicamente contra la oposición, cual si fuera un ariete parlamentario más?

Y, finalmente, penetrando ya en el corazón del bosque de esta repudiable manipulación política, ¿cómo podemos consentir que un instrumento público tan poderoso sea utilizado de manera discrecional por este descarado secuaz gubernamental para interferir sistemáticamente en todos los procesos electorales, eligiendo siempre el momento más adecuado para colocar la catapulta de la profecía autocumplida en la orientación más conveniente?

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Como se demostró recientemente con el archivo de la querella contra Tezanos, este no es un asunto con recorrido penal pues la prevaricación será imposible de demostrar, a menos que alguien testifique que recibió una orden verbal o escrita para alterar los resultados del trabajo de campo en una dirección determinada. Y Tezanos no es tan tonto como para dejar rastros de ese tipo.

Tampoco me parece buena idea impulsar una comisión de investigación parlamentaria sobre este último episodio, apoyándose en el ruido causado por la desfachatez de la filtración a Iglesias. En primer lugar, porque en el más que dudoso supuesto de que hubiera mayoría para constituirla, desde luego no la habría para sacar adelante unas conclusiones contrarias al Gobierno. Y en segundo lugar, porque cuando se desarrollara su trabajo el casus belli se habría diluido en la frenética volatilidad del tiempo político.

No, lo pertinente sería que todas las fuerzas de oposición comenzaran a trabajar en una proposición de ley destinada a garantizar la independencia del CIS, desgajándolo del Gobierno, impidiendo la llegada a su cima de alguien con significación partidista, estableciendo mecanismos de vigilancia que velen por sus buenas prácticas, limitando los sondeos sobre intención de voto y prohibiendo su interferencia en los procesos electorales.

Y que una vez que su iniciativa tampoco prosperara, esos partidos se comprometieran a incorporarla y mantenerla en sus programas electorales, hasta que la suerte política les permitiera algún día convertirla en ley. Una ley que inevitablemente serviría de pauta y modelo a las normas autonómicas que con mayor o menor descaro reproducen el modelo politizado del CIS, al servicio del gobernante de turno.

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Basta analizar el cambio del “marco conceptual” —tal y como lo definió Lakoff— que ha tenido lugar sobre las elecciones de Castilla y León para darse cuenta del inmenso poder de manipulación política que hoy por hoy queda en manos de Tezanos.

Antes del sondeo de la horquilla expandida, lo que se debatía era si Mañueco alcanzaría la mayoría absoluta o podría al menos gobernar en solitario como Ayuso, dependiendo de Vox sólo para la investidura y los presupuestos.

Ahora las cábalas que dominan las tertulias son si la región está condenada a un gobierno de coalición entre el PP y Vox o hay alguna esperanza de que las fuerzas de la izquierda, en supuesta fase de acelerada recuperación, aliadas con las emergentes candidaturas de la España Vaciada, puedan dar la sorpresa y poner fin a treinta y cinco años de Gobierno de la derecha.

Tezanos se ha comportado como el astuto jugador de billar que es, creando una dinámica en forma de carambola que favorece a la vez a Vox y a Sánchez, a Podemos y a la España Vaciada. Es decir, a todos menos al PP y al perro flaco de Ciudadanos al que sólo le faltaba que la pulga de la Covid encerrara en casa a Igea en el arranque de campaña.

No es de extrañar que en el entorno del PP proliferen ahora las dudas intempestivas sobre si era razonable que Mañueco rompiera con Igea, cuando Ciudadanos le seguía siendo fiel; sobre si era lógico celebrar elecciones en febrero en una de las regiones más frías de España, cuando se cuenta con un electorado envejecido y disperso en núcleos rurales; y sobre si es inteligente limitar la presencia en campaña de Isabel Díaz Ayuso a las mismas dos intervenciones que el resto de los barones, cuando todas las provincias la requieren como agua del 4 de mayo.

Casado y García Egea tendrán un serio problema si estas dudas se convierten dentro de dos semanas en reproches. El adelanto electoral en Castilla y León no tenía otro sentido, no tiene otro propósito que el crear un ciclo ganador que engarce Madrid con Andalucía, Andalucía con las municipales y las municipales con la Moncloa.

La contienda ha entrado en sus dos semanas decisivas. De momento da la impresión de que así como desde Génova fueron conscientes de que, por la fecha elegida, les tocaría luchar contra los elementos, no tuvieron suficiente en cuenta que se toparían también con un elemento como Tezanos.

Por eso me parecería de justicia que, si su marrullera intervención culminara con éxito y quien estaba abajo terminara arriba, la Moncloa no sólo incluyera a Soria sino también a Ávila, Burgos, Palencia, Segovia, Valladolid, Zamora y por supuesto León en el “agremán de alhelíes” que serviría de cenefa a la capa bordada que merecería este Du Guesclin 3.0.

Pedro J. Ramírez, director de El Español.

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