Tiananmen y los medios

Gorbachov inició su visita oficial a Pekín, para poner fin a un enfrentamiento de tres décadas, el 15 de mayo de 1989, en plena crisis de Tiananmen. Con él llegaron a Pekín unos 1.200 periodistas, incluidas las principales televisiones del mundo. Muchos se quedaron después para cubrir la «revolución china».

El impacto de los medios de comunicación sobre el proceso político chino se concretó de varias formas. En primera lugar, los estudiantes e intelectuales, y el público chino en general, se enteraban de lo que pasaba en Pekín a través de radios y televisiones extranjeras. En segundo lugar, los manifestantes se llegaron a convencer de que los dirigentes no se atreverían a usar la fuerza ante las televisiones de todo el mundo. Los líderes estudiantiles e intelectuales eran muy conscientes del efecto de los medios de comunicación sobre la opinión pública extranjera y los utilizaban, por ejemplo, exhibiendo pancartas escritas en inglés. La televisión norteamericana ABC llamó al Gobierno chino «tigre de papel». The Washington Post escribió que «confiaba en la caída del comunismo en China». TVGuide dijo: «¿Será capaz la televisión global de derribar a los dirigentes chinos?». El presidente de Estados Unidos, George H. Bush, que había sido jefe de la Oficina de Enlace de su país en Pekín en 1974-1975, seguía los acontecimientos en directo por televisión. El descrédito ante el mundo que acarrearía una represión violenta y las probables sanciones occidentales inhibirían a Deng de usar la fuerza. Al menos, eso pensaban los estudiantes.

En tercer lugar, las televisiones extranjeras iban convirtiendo en mitos a los principales dirigentes estudiantiles: Wuerkaixi, Wan Dan, Chai Ling. Así, los estudiantes e intelectuales, como resultado tanto del efecto mediático como del apoyo de los ciudadanos de Pekín, que ocupaban las calles en números cada vez mayores, y de la paralización y divisiones del poder, se fueron envalentonando y radicalizando, y acabaron por enrocarse, convencidos de que Deng no se atrevería a usar la fuerza. De este modo los medios de comunicación extranjeros acabaron contribuyendo, fatalmente, a un resultado que obviamente no deseaban. El informador influía de forma decisiva sobre el objeto de su información.

La CNN se convirtió en la gran televisión global informando de los sucesos de Tiananmen. Su corresponsal en Pekín en aquel entonces, Mike Chinoy, reconoce que una de las trampas de la televisión como medio es que la fuerza de la imagen prevalece sobre la importancia real de la noticia. La imagen del ciudadano deteniendo a una columna de tanques tiene mucho más impacto que el proceso de desarrollo económico de China, cuando este, el principal fenómeno geopolítico de las últimas décadas del siglo XX, es mucho más importante que aquella. La televisión refleja bien hechos concretos, pero le cuesta mucho más transmitir procesos a largo plazo. Escribe Chinoy: «Me convencí (al cabo de los años) de que mirar a China a través del cristal de la plaza de Tiananmen no iluminaba, sino que oscurecía la comprensión. La historia de Tiananmen fue perfecta para la televisión… pero la habilidad de la televisión para mostrar lo que ocurre es mayor que la de explicar el porqué… de modo que lo que sospecho que los historiadores describirán como uno de los más importantes acontecimientos de las últimas décadas del sigloXX-el ascenso de China-estaba teniendo lugar con muchos televidentes en Occidente apenas conscientes de que en la República Popular hay mucho más que los recuerdos de Tiananmen… las imágenes transmitidas en 1989 eran tan poderosas que para muchos ciudadanos y políticos era todavía imposible aceptar un punto de vista más equilibrado varios años más tarde… era una ilustración que hace reflexionar sobre el poder de la televisión que ninguna de las imágenes de mis programas ulteriores (sobre el desarrollo económico) pudiera competir con el drama del hombre enfrentándose al tanque».

Por cierto, 20 años después, TVE, la única televisión del mundo que permaneció en la plaza de Tiananmen toda la noche del 3 al 4 de junio de 1989, y la única que grabó la salida de los estudiantes por su propio pie, podría decidirse ya a recuperar aquellas imágenes, separarlas de otras con las que fueron mezcladas, editarlas adecuadamente y fijar el testimonio de los integrantes del equipo que encabezaba el corresponsal Juan Restrepo. Es una de las grandes exclusivas de sus cincuenta años de historia.

Eugenio Bregolat, ex embajador de España en China.