Todavía hay alternativas en Venezuela

 Una seguidora del presidente venezolano, Nicol√°s Maduro, en una marcha en Caracas, el 2 de febrero de 2019 Credit Meridith Kohut para The New York Times
Una seguidora del presidente venezolano, Nicol√°s Maduro, en una marcha en Caracas, el 2 de febrero de 2019. Credit Meridith Kohut para The New York Times

Un proverbio africano describe bien la preocupaci√≥n cada vez mayor sobre un enfrentamiento geopol√≠tico de las potencias mundiales por Venezuela: ‚ÄúCuando los elefantes pelean, es la hierba la que sufre‚ÄĚ.

Como sucede en muchos conflictos de poder, Venezuela es el botín de un premio más grande. Para Estados Unidos, representa la oportunidad de controlar la agenda en la región, marginar la influencia de Rusia y asegurarse de que China no avance más. En una lucha entre elefantes, son los venezolanos los que llevan las de perder.

Sin embargo, los venezolanos ya han perdido demasiado. Durante a√Īos han sufrido con una econom√≠a en ca√≠da libre y un gobierno ca√≥tico. La escala de la crisis es abrumadora: una tasa de inflaci√≥n que ha sobrepasado¬†un mill√≥n por ciento, una contracci√≥n econ√≥mica hist√≥rica, el desplome de la producci√≥n petrolera y el √©xodo de m√°s de tres millones de personas. Hoy, el riesgo es que a medida que las preocupaciones pol√≠ticas van dejando de lado los apuros diarios de los venezolanos, la situaci√≥n, que de por s√≠ ya es extrema, pueda empeorar. Al buscar un cambio de r√©gimen abrupto de todo o nada contra Nicol√°s Maduro y a favor del l√≠der de la oposici√≥n, Juan Guaid√≥, Estados Unidos ha convertido una crisis regional en una lucha de potencias mundiales. ¬ŅPor qu√© ahora?

Algunos dicen que es por el petróleo. Venezuela es uno de los países que tienen más reservas comprobadas de crudo en el mundo y está más cerca de Estados Unidos que la mayoría de los demás proveedores importantes. Marco Rubio, senador del estado de Florida en Estados Unidos, y John Bolton, asesor de Seguridad Nacional del presidente Donald Trump, se han jactado de que la presidencia de Guaidó significaría más dinero para las petroleras estadounidenses.

Pero ni en el punto m√°s √°lgido de las tensiones entre ambos pa√≠ses, cuando Hugo Ch√°vez era presidente de Venezuela, se detuvieron los embarques de petr√≥leo con direcci√≥n a Estados Unidos. Tampoco ahora. Empresas como Chevron y Halliburton contin√ļan operando en el pa√≠s. Antes de que la semana pasada se anunciaran sanciones¬†a Petr√≥leos de Venezuela (PDVSA), la compa√Ī√≠a petrolera estatal, 8 de cada 10 d√≥lares de los que recib√≠a Venezuela en ventas de petr√≥leo proven√≠an de Estados Unidos. La realidad es que Venezuela depende de Estados Unidos mucho m√°s que Estados Unidos de Venezuela.

Algunos afirman que la democracia ha impulsado al gobierno de Trump a intervenir, pero cuando el presidente de Honduras, Juan Orlando Hern√°ndez, se rob√≥ la elecci√≥n en 2017, Estados Unidos lo respald√≥. De igual modo, el secretario de Estado estadounidense, Mike Pompeo, apoy√≥ de manera t√°cita al presidente de Guatemala, Jimmy Morales, cuando anul√≥ la Cicig ‚ÄĒla comisi√≥n anticorrupci√≥n creada por las Naciones Unidas‚ÄĒ, una acci√≥n considerada antidemocr√°tica por buena parte del mundo. Adem√°s, cualquiera que afirme promover la democracia y los derechos humanos condenar√≠a el nombramiento de Elliott Abrams como enviado especial a Venezuela. Su participaci√≥n en operaciones encubiertas y su apoyo a los escuadrones de la muerte en Centroam√©rica en la d√©cada de los ochenta se han documentado extensamente.

Si no es ni el petr√≥leo ni la democracia, ¬Ņentonces qu√© motiva la presi√≥n desproporcionada del gobierno estadounidense para derrocar al chavismo y a qu√© precio para Venezuela y Am√©rica Latina? Para Estados Unidos, el cambio de r√©gimen en Venezuela significa recuperar el liderazgo sobre su ‚Äúpatio trasero‚ÄĚ, como el entonces secretario de Estado John Kerry describi√≥ a Am√©rica Latina en 2013, tras casi veinte a√Īos de marginaci√≥n.

Chávez tomó posesión como presidente por primera vez el 2 de febrero de 1999. Llegó a la presidencia en parte por la promesa de revertir la austeridad impuesta por Estados Unidos, además de las políticas de privatización y libre comercio que provocaron desigualdad y llevaron a la pobreza a millones de personas en toda la región. Al destacar el sufrimiento de la gente, Chávez ayudó a abrir paso a una nueva cepa de líderes en la región dispuestos a reivindicar una mayor independencia política de Estados Unidos.

A medida que llegaban gobiernos de izquierda al poder en toda Am√©rica Latina, usaron el repunte en los precios de las materias primas para distribuir la riqueza y disminuir la pobreza. Tambi√©n formaron alianzas estrat√©gicas para contrarrestar la influencia de Estados Unidos en los asuntos del hemisferio: estrecharon relaciones diplom√°ticas y promovieron inversiones grandes con China y Rusia, entonces en ascenso. Cuando Brasil ayud√≥ a sabotear el √Ārea de Libre Comercio de las Am√©ricas (ALCA) en 2005, qued√≥ en evidencia que la era del predominio estadounidense en la regi√≥n hab√≠a terminado. Washington hab√≠a perdido su capacidad para marcar la agenda.

Sin embargo, la marea ha vuelto de nuevo. La corrupci√≥n, los malos manejos y el agotamiento de los gobiernos de izquierda han dado lugar a gobiernos m√°s alineados con las pol√≠ticas comerciales y los intereses pol√≠ticos estadounidenses. En Argentina, Brasil, Chile, Colombia y Per√ļ nuevos l√≠deres est√°n revirtiendo las pol√≠ticas de la marea rosada que desvincularon a la regi√≥n de la influencia de Estados Unidos y la dirigieron hacia otros mercados y alianzas.

Estados Unidos no dise√Ī√≥ este cambio, pero est√° listo para tomar las riendas. La semana pasada, The Wall Street Journal inform√≥ que desde hace tiempo los funcionarios del gobierno de Trump tienen en la mira a Cuba y buscan detener los avances de China y Rusia en la regi√≥n. El cambio de r√©gimen en Venezuela lograr√≠a ambas cosas.

Es en Venezuela donde la influencia china y rusa en América Latina ha sido más fuerte, en forma de miles de millones de dólares en efectivo, crédito o ventas, en particular de armas y tecnología. Y Cuba depende de los servicios y el petróleo de Venezuela para sobrellevar las sanciones de Estados Unidos. Pero también Estados Unidos tendría una victoria simbólica: fue en Venezuela donde hace dos décadas comenzó el cambio regional que redujo su influencia.

Para Estados Unidos, el tiempo es oro. Consolidar la influencia y el liderazgo en América Latina no solo depende de lograr un cambio de régimen en Venezuela, sino de hacerlo rápido. Cada día que Maduro conserva el poder les da a Rusia y a China más ventaja para buscar un resultado que no los deje totalmente fuera de Venezuela o de la región, ya que, de quedar al margen, no solo perderían lo que han invertido, sino también futuras oportunidades para seguir haciéndolo, como argumentó recientemente The Economist.

Un resultado como ese, sin embargo, debilitaría el poder que Estados Unidos está buscando reafirmar: impulsar una estrategia en la cual el ganador se queda con todo exige una escalada rápida que finiquite la crisis, sin importar los costos. Una estrategia en la que el ganador se queda con todo le quita posibilidades a una transición pacífica en Venezuela. Margina a los grupos políticos de izquierda, tanto nacionales como extranjeros, que abandonarían a Maduro, pero en cambio se sentirían obligados a pelear hasta el final.

Hay alternativas. En América Latina y Europa han surgido llamados a la negociación para que haya elecciones libres y justas. En el pasado, Maduro ha usado las negociaciones para impedir cambios y aferrarse al poder, pero ahora el escenario es distinto. Con la mirada del mundo puesta en Venezuela, Maduro y quienes lo respaldan en casa y en el extranjero no tendrían margen para recurrir a evasivas. Las nuevas elecciones les permitirían a los venezolanos determinar su futuro en sus propios términos, lo que allanaría el terreno no solo para una presidencia legítima en el corto plazo, sino para una transición más estable a largo plazo.

De lo contrario, es la hierba a la que le tocar√° sufrir.

Alejandro Velasco es profesor asociado de Historia de América Latina en la Universidad de Nueva York y autor de Barrio Rising: Urban Popular Politics and the Making of Modern Venezuela.

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