Todos podemos ser Itaca Band

El ejercicio es sencillo. Basta con escribir ‘Itaca Band’ en Twitter y toparse de bruces con un episodio que ha resultado tan explosivo como el título del último álbum de la banda, aunque infinitamente menos artístico. Hasta el pasado viernes, los mensajes de añoranza de los admiradores del grupo se alternaban con los de suplantadores de jueces que, sin toga ni títulos, se permitían condenar a la banda sin más justicia que su voluntad. A ellos se añadían las lecciones de supuestos maestros de periodistas que atacaban al redactor de El PERIÓDICO que profundizó en el boicot que sufre el grupo de Montcada. El ‘hashtag’ utilizado, #periodistamachista, resulta ilustrativo de la historia de criminalización virtual (y real) que ha envuelto el caso.

El inicio de esta historia enmarañada es una supuesta agresión machista cometida por uno de los integrantes del grupo años atrás. De la agresión nunca se ha sabido ningún detalle. La acusación partió de una bloguera y se propagó por las redes. Algunas asociaciones la convirtieron en su causa. Nunca existió el relato de la presunta víctima. El grupo siempre ha negado los hechos. No ha habido ninguna denuncia. Tan solo un autoproclamado tribunal virtual que se erigió en juez, exigió el arrepentimiento público de la banda e impuso la condena: boicotear todos sus conciertos. Lograron que el año pasado se cancelara alguna actuación en el País Vasco. Pero este verano consiguieron dar la máxima visibilidad a su boicot en las fiestas de Sants.

Un centenar de personas interrumpieron la actuación con antorchas y pancartas. En el escenario, integrantes de otros grupos musicales acompañaban a la banda. Su solidaridad y su llamada al diálogo no sirvió de nada. Los organizadores, al ver cómo se disparaba la tensión, decidieron suspender el concierto. Desde entonces, la banda no ha vuelto a tocar. Han cancelado o les han cancelado todos los compromisos… Hasta que el viernes pasado anunciaron su regreso a los escenarios.

En rueda de prensa, acompañados por la alcaldesa de Montcada y representantes de la Direcció General d’Igualtat i de l’Institut Català de les Dones, anunciaron que se querellarán contra la persona que inició el rumor en su blog. Por ahora, no se incluye la denuncia penal ni civil contra los colectivos que han difamado ‘por inercia’, pero se hará si continúan con la calumnia. Quizá estemos ante el final de esta rocambolesca historia, pero da vértigo pensar en cómo se ha podido llegar hasta aquí.

La denuncia como arma

Para empezar, las asociaciones que promovieron el boicot se negaron sistemáticamente a dar información concreta de la acusación y reiteraron que cuestionarla suponía criminalizar a la supuesta agredida. Es cierto que la denuncia de una agresión sexista no es fácil. Por desgracia, demasiado a menudo, se convierte en un calvario en el que la víctima no siempre recibe la atención que precisa. Pero, precisamente, la lucha está ahí. En esa labor están volcadas las instituciones y las asociaciones feministas. La denuncia es el arma de la víctima. No usarla tan solo acentúa su desprotección. Y, de algún modo, perpetúa la estructura patriarcal que se quiere combatir. Sorprende, por tanto, encontrar el nombre de algunas asociaciones que se denominan feministas alentando el boicot a Itaca Band sin que medie una denuncia. ¿En qué momento decidieron que beneficiaban a las víctimas de las agresiones machistas tomándose la justicia por su mano?

“La justicia no es una mujer imparcial, es un macho patriarcal”, rezaba uno de los mensajes de apoyo al boicot. Quizá eso ha sido cierto durante siglos, lo que no sabíamos es que ahora la justicia también puede ser una versión renovada y virtual de los consejos de ancianos que dictan lapidaciones. La situación produce un escalofrío. Si despreciamos la justicia, si no acudimos a los tribunales, ¿quién emite los veredictos? ¿Una asamblea? ¿Un grupo de amigos? ¿Los miembros de un club? ¿Los camaradas de ideología?

El asunto no es una broma. Lo ocurrido con Itaca Band es una prueba fehaciente. Hasta que no se demuestre lo contrario, en nuestro Estado de derecho prevalece la presunción de inocencia. Pero, sin dar ninguna oportunidad de defenderse (solo se les ha instado a pedir perdón por una acusación que no reconocen), no se ha dudado en tratar de arruinar la carrera profesional de una persona, su honorabilidad y, en cierto modo, su vida. ¿Es frivolidad? ¿Ignorancia? ¿Hasta qué punto tanta exaltación de la desobediencia se nos está yendo de las manos? Las leyes son la defensa de los débiles. De las mujeres que sufren agresiones machistas, de las personas que son víctimas de campañas de desprestigio y de las entidades que sufren boicots.

Es terrible que esta justicia paralela se haya perpetrado bajo una supuesta defensa de las víctimas de las agresiones machistas. Lo último que se necesita es sembrar dudas sobre esa dura realidad. Las denuncias por violencia machista se han disparado un 20% en el último año. Ese es el camino a seguir. El resto, es una irresponsabilidad. Y un delito.

Emma Riverola, escritora.

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