Tratar con Hamas

Por Rory Miller, profesor de Estudios del Mediterráneo del King’s College de Londres (GEES, 10/11/05):

A comienzos de agosto, la semana previa a la desconexión unilateral de Israel de Gaza, argumenté que tras la desconexión, la pelota quedaría en el tejado de la comunidad internacional, y especialmente de la UE, en reconocer los enormes riesgos políticos y personales que el primer ministro Ariel Sharon había asumido al implementar este plan. Escribí que se debería empezar por presionar al rais palestino Mahmoud Abbás (Abú Mazén) y al partido Fatah en el poder con el fin de reestablecer el control sobre Gaza antes de las elecciones parlamentarias al consejo legislativo palestino programadas para enero.

Esto ha ocurrido. El primer ministro británico Tony Blair resumió la respuesta general a la desconexión entre los líderes de la UE cuando escribió a Sharon: ‘Admiro enormemente el valor con el que ha desarrollado e implementado esta política. Creo que está en lo cierto al ver la desconexión como una oportunidad de buscar un mejor futuro para israelíes y palestinos. Espero trabajar con usted para ayudar a lograr esto, y continuar trabajando juntos hacia una paz duradera y justa, libre del azote del terrorismo’.

Javier Solana, el jefe de política exterior de la UE, que fue el primer visitante internacional de alto nivel post-desconexión a la región (al que le siguió enseguida el ministro de exteriores francés, Philippe Douste-Blazy, y el ministro de exteriores español, Miguel Angel Moratinos), también alabó a Israel tras la desconexión. ‘Sharon tuvo la valentía de tomar la decisión, que ha implementado de un modo altamente profesional’, dijo Solana.

Junto con este aplauso a la exitosa desconexión de Israel, Blair y Solana, y la mayor parte de los restantes líderes de la UE, también han comenzado a presionar a Abbás. Blair dijo al rais de la AP que ‘claramente se necesita hacer más para que la Autoridad Palestina tenga éxito en gobernar Gaza… Su liderazgo personal será crucial. Tendrá todo nuestro apoyo’. Solana no se ha mostrado menos partidario de que ‘por el bien de la desconexión, pero también por el bien de promover un retorno a las negociaciones, la AP tiene que actuar contra los particulares y grupos que continúan utilizando la violencia’. Una declaración publicada por el Cuarteto (EE.UU., la ONU, la UE y Rusia) a finales de septiembre del 2005 seguía a una petición formal para animar a la directiva de la AP ‘a mantener el orden y desmantelar la infraestructura y las capacidades terroristas’.

Además de la voluntad de la UE de hacer responsable a la AP de no alcanzar sus expectativas, la prueba de fuego fue si estas palabras significaban algo, y si la desconexión ha contribuido realmente a cambiar la política previa de la UE que se reduce en última instancia a cómo trata con Hamas, el grupo islamista fundamentalista, que ahora es el principal jugador político y militar de Gaza.

Hamas, que intentó minar el proceso de Oslo durante los años noventa, aún no ha cambiado su posición. A finales del 2004, en el período de incertidumbre y oportunidades tras la muerte de Yasser Arafat, rechazó toda conversación de una tregua con Israel y restableció su compromiso de destruir al estado judío. También rechazó inicialmente la tregua acordada en febrero del 2005 entre Abbás y Sharon en Sharm el-Sheik. Cuando posteriormente invirtió su decisión, lo hizo por motivos tácticos. En palabras de Mohammed Nasal, un miembro veterano de Hamas, la tregua fue ‘el descanso del guerrero para reconstruir la casa palestina’. Añadió: ‘La resistencia es el único modo de liberar nuestras tierras’. Además, Hamas ha sido cada vez más abierto desde la desconexión, prediciendo Mashal en un diario publicado en árabe en Londres que ‘hoy es Gaza, mañana será el West Bank, y después será toda la tierra – es el comienzo del fin de Israel’.

Por lo tanto, no es sorprendente que desde la desconexión, los funcionarios israelíes hayan intentado advertir a la comunidad internacional, UE incluida, del peligro de que Hamas se convierta en una fuerza política de las próximas elecciones. El Ministro de Exteriores Silván Shalom dijo a los periodistas en la cumbre de la ONU de este mes que los beneficios electorales de Hamas ‘nos harían retroceder 50 años atrás’. Mientras, Ariel Sharon, el mismo mes, dijo a los miembros de la Conferencia de Presidentes de Organizaciones Judías Americanas que Israel no detendría unas elecciones que incluyeran a Hamas, pero tampoco proporcionaría ningún apoyo – lo que dificultaría que los palestinos procedieran. Añadió que la participación de Hamas, sería ‘inadmisible’ para Israel.

Así que, ¿qué responderá ahora la UE? Desde el 2001, cuando la UE decidió por primera vez seguir el precedente norteamericano y publicar su lista negra del terror anualmente, ha habido bastante debate dentro de la Comunidad acerca de si Hamas debía añadirse a esa lista. En el 2002, la UE acordó ilegalizar Izzedin al-Kassam, el ala militar de Hamas, pero la opinión de consenso continuó siendo que el ala política de Hamas tenía un papel que jugar en el proceso político y no debía ser aislada. El entonces enviado especial de la UE a Oriente Medio, Miguel Angel Moratinos, explicaba ante el comité de asuntos exteriores del Parlamento Europeo en diciembre del 2002, ‘Hamas afronta una clara elección entre el modelo turco de islam democrático y el modelo de Al-Qaeda’.

Sin embargo, el rechazo del grupo a abandonar su terrorismo desembocó en que Gran Bretaña, junto con Holanda, exigiese acciones decididas contra Hamas y pidiese la introducción de límites estrictos a las organizaciones de caridad que recaudan fondos para la organización en Europa. En junio del 2003, el secretario británico de exteriores, Jack Straw, incrementó la presión británica sobre sus socios de la UE en este tema, argumentando que las alas política y militar de la organización estaban ‘profundamente interconectadas’, y pidiendo sanciones a nivel europeo contra Hamas con el argumento de que estaba ‘intentando volar por los aires literalmente este proceso de paz’.

A pesar de la oposición de otros miembros, Francia en particular, la postura británica finalmente logró amplio apoyo en la UE en el 2004. Pero la posterior revelación por parte de Solana de que se había reunido con Hamas a finales del 2004 no sólo destacó el presente fracaso de la UE a la hora de desarrollar y aplicar un enfoque consistente a este grupo militar, sino que también destacó la presente simpatía dentro de la UE al argumento propuesto entre otros por Alistair Crooke, ex jefe del MI6 entre 1997 y el 2003 que actuó como vínculo oficial entre la UE con grupos islamistas del West Bank y Gaza: Occidente vuelve a examinar su enfoque sobre Hamas y crea un marco de debate con él y otros grupos islamistas.

El éxito de Hamas en la tercera ronda de elecciones municipales palestinas en mayo del 2005 — el grupo logró 27 escaños, en comparación con los 33 de Fatah, — también proporcionó munición para aquellos dentro de la UE aficionados a poner fin a la posición de Hamas como grupo de terror. En la práctica, el argumento presentado esta vez es que el grupo estaba logrando legitimidad a través de las urnas, lo que significa que a mediados de junio, meses antes del proceso de desconexión, tenía lugar un debate renovado de si eliminar a Hamas de la lista de terrorismo de la UE o no.

Este movimiento no sólo contó con el apoyo de esos estados miembros de la UE y altos funcionarios de la Comisión Europea que siempre habían sido escépticos ante la posibilidad de introducir a Hamas en la lista de terrorismo, sino que también parecía ganar sobre Holanda y el Reino Unido, los dos partidarios de la prohibición original de Hamas. Esta vez, por ejemplo, el ministro de exteriores holandés animó a la UE a considerar revisar sus vínculos con Hamas, dado su probable éxito en las futuras elecciones palestinas, al tiempo que la oficina de exteriores británica también reconocía estar considerando implicarse abiertamente con el grupo.

Es cierto que la UE no puede ignorar a Hamas, hoy un actor palestino relevante en la autoridad de facto en Gaza tras la desconexión. Hamas se va a convertir muy probablemente en un partido político importante en las legislativas palestinas tras las elecciones programadas para enero del 2006. Pero también es cierto que cualquier decisión de la UE de trabajar con, o de legitimar a Hamas, sin que el grupo abandone su deseo de destruir al estado judío, tensará aún más las ya muy tensas relaciones Israel-UE. Si esto no es suficiente motivo para que la UE adopte una línea dura con Hamas, también debería tener en mente que el grupo no sólo está comprometido a la destrucción de Israel, sino también a la derrota de las fuerzas democráticas y seculares entre los palestinos. Por lo tanto, conceder aceptación o legitimidad sólo retrasa las posibilidades de paz real y duradera, y convertirá Gaza en un campo de terror islamista anti-Israel y anti-occidente, imposibilitando el establecimiento de un estado palestino democrático viable, un objetivo central de la política exterior de la UE.

Cómo responda la UE a Hamas es importante, porque es probable que el grupo siga los pasos de Arafat y la OLP durante los años setenta y ochenta y centre sus intentos de ganar legitimidad internacional a través de la aceptación política en Europa. Fue una estrategia eficaz entonces — esperemos que no se repita a sí misma.