Tres debates en uno

Después de las pasadas elecciones, en un artículo publicado en EL PERIÓDICO (‘Sentir, pensar, votar’) expresaba mi temor de que ya no fuese posible un gobierno alternativo al del PP. Y que, en ese caso, el PSOE debería negociar su abstención. Darla sin condiciones, mediante la oportuna ausencia de algunos diputados, me parecía mala solución. Al contrario, se podrían exigir medidas urgentes económicas, sociales e institucionales. Desde un proceso de reforma constitucional, a cómo repartir el coste social del ajuste que Bruselas pide. O incluso un candidato alternativo a Rajoy. Aprovechar la ocasión para influir y condicionar, que es el rol de una oposición responsable.

Quizá fui demasiado racional y prematuro; recibí muchas criticas. Había mucha oposición de los militantes socialistas a entregar el gobierno a Rajoy; y cabía la esperanza de un gobierno alternativo. De hecho, el comité federal decidió negarse rotundamente a facilitar un nuevo gobierno del PP. El “no es no” de Sánchez fue decisión unánime del comité federal.

Dejé entonces de defender públicamente esa posición, aunque Rivera abjurase de su “no, nunca, jamás” y Rajoy alcanzase los 170 votos. Y lo cierto es que la actitud del PP, con el vodevil Soria-Banco Mundial por medio, no incentivaba facilitarle las cosas. Si creían en otra posibilidad, había que explorarla.

Pero en realidad, la unanimidad en el rechazo a la abstención era solo fachada. Y a medida que Sánchez se comprometía sin retorno en el “no es no”, muchos de los líderes territoriales del PSOE, y de sus viejos o nuevos enemigos, iban dejando, cada vez más claro que no lo compartían. Argumentos como “con 85 diputados no se puede gobernar” florecían en los medios.

Pero ¿es que no lo sabían cuando participaron en la decisión de votar en contra? ¿Por qué no extrajeron entonces, ni asumieron después, las consecuencias lógicas de ese planteamiento? Es evidente: decir que había que abstenerse tenía un coste frente a la militancia, que podría lastrar futuras ambiciones orgánicas.

Y así emergió el trilema imposible : ni Rajoy, ni terceras elecciones, ni gobierno alternativo. Sánchez lo intentó romper por esta tercera vía. Hubiera debido ir al comité federal a decir: rechazada la investidura de Rajoy, misión cumplida, y ¿ahora que hacemos? Cierto que las circunstancias electorales en Galicia y el País Vasco no propiciaban ese debate. Y ante el rechazo larvado o expreso de parte de la “dirigencia”, propensa a pasar a la oposición, sin atreverse a decir cómo, optó por buscar el apoyo directo de la militancia. Y convocó un proceso de primarias-congreso, que acabase antes del fin del plazo para convocar elecciones. el resto es conocido. Durante la pasada semana en el PSOE se han producido, y confundido, tres debates: sobre la estrategia para formar gobierno, la critica a Sánchez por su empeño en el no, y los condicionantes de una alternativa; sobre las ambiciones personales de poder de unos y otros; y un tercero sobre el respeto a las normas estatutarias.

Es lícito discrepar en los dos primeros temas. “Abstención” no puede ser una palabra impronunciable como fue “crisis” en la época Zapatero. Y así nos fue. Como ahora nos puede ir tras lo ocurrido. Se pueden preferir otros líderes. Pero una organización debe tener claras sus normas y cómo aplicarlas. Y lamento que no haya sido así. Los llamados «críticos» hubieran debido presentar una moción de censura, como al final hicieron en medio de la confusión. Prefirieron correr menos riesgos y hacer que dimitiera la mitad más uno de la ejecutiva, creyendo que automáticamente sería substituida por una gestora. Pero eso no se deduce de los estatutos, como al final también tuvieron que aceptar de facto. Lo único que los estatutos establecen es que el comité federal deberá convocar un congreso extraordinario.

Eso es lo que se votó el sábado. Y eso es lo que apoyé, porque entendía, y entiendo, que era un mandato imperativo de los estatutos al comité federal. La convocatoria era inevitable, pero se puede discrepar de su fecha. Sánchez quería que fuese cuanto antes, después del plazo mínimo de 40 días, y sus críticos, mucho después.

El resultado de la votación es que será después, sin que sepamos cuándo. Y Sánchez ya no es secretario general, que era el objetivo. Ahora en el PSOE todos tendrán que salir de su ambigüedad, superando el trilema, porque ir a terceras elecciones (¿con qué candidato?) sería suicida, y porque es poco razonable creer que la actual gestora vaya a impulsar la formación de un gobierno alternativo.

Ahora será Rajoy el que nos pondrá condiciones, más allá de la mera investidura. Víctima de sus divisiones, el PSOE habrá perdido en todos los frentes.

Josep Borrell, expresidente del Parlamento Europeo.

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