Tres falacias sobre Cataluña

Por Ramón Tremosa i Balcells, departamento de Teoría Económica, Universidad de Barcelona (EXPANSIÓN, 22/11/05):

El 4 de noviembre este periódico vinculaba el menor crecimiento catalán a la “inestabilidad política” y se hacían tres afirmaciones de difícil digestión.

1) En la literatura económica está muy demostrada la relación entre flujos fiscales y crecimiento económico, y por ello es dudoso que nada tiene que ver el menor crecimiento catalán con el déficit fiscal. Que en los últimos años el PIB español haya crecido por encima del europeo se debe, en buena parte, al gran efecto multiplicador causado por los fondos europeos: al ser flujos que no presentan contrapartida (a diferencia de los saldos comerciales, en donde salidas de bienes compensan entradas de dinero), los fondos europeos han supuesto un auténtico “café que llueve en el campo”. Si no fuera así no se entendería la preocupación por su reducción a medio plazo. El nuevo Estatuto catalán plantea una reducción de las aportaciones catalanas al resto del Estado: nada se sabe de las mismas (el talante de Zapatero no alcanza las balanzas fiscales), pero algo habrá en que Cataluña aporta mucho más de lo que recibe. Si no fuera así, ¿cuál sería el problema, a qué viene tanto rechazo? Se concede el concierto económico y todos tan contentos. La revista académica británica Applied Economics, una de mejores en economía regional, ha publicado un artículo cuyo explícito título es Macroeconomic effects ofCatalan fiscaldeficit with the Spanish State (vol. 37,pág. 1455-1463, 2005): para sus autores, sólo con una reducción a la mitad del déficit fiscal catalán, del 9,2% al 4,5% del PIB catalán, podrá la economía catalana recuperar la senda de convergencia en el contexto europeo, brillante desde 1986 hasta que se estanca en 1997, año en que, por cierto, con un Gobierno liberal, dicho déficit fiscal crece del 6% al 9% del PIB catalán.

2) Se afirma también que en EEUU hay estados con un déficit fiscal superior al catalán. Si entran en www.ksg.harvard.edu/centers/taubman encontrarán cuánto pagan y cuánto reciben del Gobierno federal los 52 estados. En 1999, California pagaba sólo el 1,8% de su PIB, Illinois el 4,5%, New York el 2,1% y Michigan el 3,2% (ver L’espoli fiscal, de Jordi Pons y Ramón Tremosa, 4ª edición, Editorial 3i4, Valencia, 2005). Todos ellos muy por debajo del 9,2% de Cataluña, según datos oficiales de la Generalitat para 2001. Igual que en Alemania, donde los estados contribuyentes no aportan más del 4% del PIB, el nuevo Estatuto propone una contribución catalana al resto del Estado que no cercene su crecimiento económico.

3) Que “Madrid sea la que más aporta” sólo es posible aplicando el criterio de cálculo del beneficio, menos riguroso y menos preciso que el criterio del flujo monetario: ello es así según la literatura internacional de cálculo de balanzas fiscales, si lo que se pretende es calcular el impacto sobre el crecimiento económico de la actuación del sector público en un territorio. Madrid sólo es la que más aporta si consideramos como válido el supuesto de que las inversiones del Estado en Madrid benefician “por igual” a todos los ciudadanos del Estado, tanto si viven en la capital como en Girona o las Baleares, lo que permite centrifugar ficticiamente un gasto hecho en la capital a las otras autonomías. Que Madrid sea la que más aporta no refleja la imagen fiel de su economía en gran crecimiento, impulsada por faraónicas infraestructuras públicas. Exactamente lo contrario que en Cataluña, donde la insuficiencia de capital público no permite al capital privado desplegar todo su potencial de crecimiento. Como en la contabilidad, diferentes maneras de amortizar el inmovilizado afectan en gran medida el resultado contable: no todos los métodos de cálculo son iguales.

Gastoliquidado Coincido con Ángel de la Fuente cuando pidió en 2003 una memoria anual territorializada del gasto liquidado, no presupuestado, del Estado por territorios: en caso de no haberla, y aún hoy no la tenemos, “el Estado perderá el debate por incomparecencia”. Hoy, las encuestas de La Vanguardia muestran que el 70% de los catalanes cree que el déficit fiscal catalán frena el crecimiento económico catalán (25.07.2005) y que el 82% quiere que la Generalitat recaude todos los impuestos de Cataluña (09-10-2005). Y subiendo.

Antoni Zabalza, hace un año en Mallorca, machacó las balanzas fiscales no oficiales que FUNCAS publica desde 1996, justo el año en que dejaron de publicarse las balanzas oficiales en España (y en las que Madrid aparecía con déficit fiscal cero). Ante Pablo Alcaide, Zabalza las criticó duramente por su falta de metodología y rigor: en 2003 sus autores reconocen que “contienen un elemento importante de opinión personal”. El conseller Castells explica una anécdota de cuando era miembro del Tribunal de Cuentas Europeo, que publica las balanzas fiscales en la UE: ante un belga que pedía aplicar el criterio del beneficio, para disimular los beneficios de la capitalidad, un griego afirmó que cambiaba todo los fondos de cohesión griegos por 10.000 eurofuncionarios en Atenas. Y también Guillem López- Casasnovas comenta irónicamente cómo, ante el traslado de la CMT a Barcelona, se habla de “deportación” (Bustelo) y se presenten todo tipo de recursos en contra (Comunidad, Ayuntamiento): si se beneficia por igual a todos los españoles desde Madrid, ¿ello no vale desde Barcelona?

Por una vez vamos a hablar de dinero para desmentir a Cambó, para quien el catalán es el más romántico y sentimental de los pueblos de España: también sugirió Cambó que sería peor para la economía catalana una democracia centralista, donde Cataluña sólo dispusiera del 16% de los votos y no tuviera capacidad negociadora efectiva, que una dictadura unipersonal influenciable. El crecimiento económico y el nivel de vida de Cataluña están hoy en juego. Mucho de todo esto hay detrás del sí del 90% del Parlamento catalán al nuevo Estatuto.