Trump: riesgos y oportunidades

Algunas ideas básicas: Es imposible tratar de entender la vida americana aplicando una óptica europea. Son dos sistemas profundamente distintos. Estamos viviendo a escala mundial una convulsión sociológica y política que ha generado una ola de nacionalismos, populismos y racismos que parece incontrolable, y que afecta de manera muy concreta y muy intensa a todos los países desarrollados.

No basta con descalificar estos movimientos ni estas actitudes. Es incluso una reacción contraproducente. La descalificación los robustece y los amplía.

El origen de esos movimientos tiene que ver con una reacción anti-élites y anti-establishment, y también con el papel de los medios de comunicación, que tienden a la radicalización y al sectarismo, y con el comportamiento del estamento político, que ya ha agotado casi todas las paciencias ciudadanas. Es el estamento más alejado de la realidad social.

El establishment –entendiéndolo en el sentido anglosajón– además de asustarse y denigrar a sus críticos, tendrá que empezar a pensar si no es este el momento de poner en marcha un auténtico proceso autocrítico y reconocer que tiene más culpas de las que piensa, muchas más obligaciones de las que asume y un marketing deplorable de su protagonismo en la vida real. Está claro que la estrategia tiene que ser radicalmente distinta. Seguir perdiendo elecciones y referéndums sin cesar es poco brillante.

América es el país más desigual del mundo y el crecimiento constante de la desigualdad es una realidad en todos los países desarrollados y, entre ellos, y de forma destacada, España. En Estados Unidos un gran porcentaje de la población gana ahora menos que hace una década y algo similar pasa en Europa. Habrá que aceptar que esta realidad no puede aceptarse como algo positivo e irreversible.

Hay que asumir el triunfo de Trump y en vez de limitarse a magnificar los posibles riesgos, lo inteligente será concentrarse en las oportunidades que se abren en política exterior, en economía y en general en todos los sectores. Un acuerdo en concreto entre Rusia y los Estados Unidos sobre Siria podría ayudar a resolver sustancialmente el problema de los refugiados, en el que Europa ha vuelto a demostrar su incapacidad para una política común. La paz en Siria podría mejorar profundamente la convivencia mundial.

En el terreno económico, Donald Trump ya está siendo advertido que sus tendencias aislacionistas pueden tener un precio demasiado alto. Sería suicida sobrepasarse y podemos dar por seguro que no lo hará. La apertura internacional les conviene y les interesa más a ellos. El presidente ejecutivo en Estados Unidos tiene sin duda un poder fuerte, pero no es ciertamente ilimitado. Donald Trump no tiene la menor experiencia política y se va enterar pronto de unas reglas de juego inviolables y de las complejidades y las restricciones que implican. Será un baño de realismo y moderación. Hay muchos republicanos que no están de acuerdo con la mayoría de sus mensajes extremos, y sus congresistas y senadores –va a dominar ambas Cámaras– le explicarán con toda claridad que hay cosas que no se pueden hacer. Habrá sin duda cambios en la política americana, pero estarán suficientemente vigilados y controlados.

España tendrá que mantener su vinculación europea a ultranza, pero ello no puede impedir buscar desde ya una política de relación privilegiada con los Estados Unidos, un país con el que tenemos además de vínculos militares y económicos importantes, la presencia cada vez más significativa de una comunidad hispana de la que tendremos que interesarnos de verdad, la presencia conjunto en Iberoamérica y muchas raíces culturales históricas que ya empiezan a desvelarse con fuerza. No podemos aspirar a un status similar al de Gran Bretaña, pero sí estamos en condiciones de reclamar una relación más completa y más favorable, algo que venimos sin hacer con la seriedad y constancia necesarias.

Una última consideración. Entender a fondo lo que ha pasado llevará algún tiempo. Vamos a tardar varias semanas en valorar lo que ha pasado y más aún en conocer sus consecuencias. Como solía reclamar en su tiempo Pío Cabanillas, es urgente esperar.

Pero habrá que estar muy atento a todas las reacciones que van a emanar de una situación sorprendente e inesperada, que no hay que dramatizar en forma alguna y que puede ser el estímulo necesario para que muchos asuntos pendientes se afronten con la fuerza y la decisión que necesitan, y también para que se tomen las precauciones que sean necesarias.

Una postdata. Siempre he intentado ayudar al partido demócrata. He asistido a la mayoría de sus convenciones. Barack Obama me parece uno de los mejores presidentes que ha tenido su país. Me hubiera costado votar a Hillary Clinton, pero nunca habría votado a Donald Trump, ni tampoco a Bernie Sanders, que era aún más radical.

Antonio Garrigues Walker, jurista.

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