Trump, un peligro inmediato

El presidente de Estados Unidos es incompetente, infantil y peligroso. Sé que al escribir esto suscitaré reacciones diversas. Pero no soy partidista: cuando voto en Estados Unidos, al ser ciudadano francés y estadounidense, me inclino por el Partido Republicano. Mi juicio y la elección de las palabras, por desgracia, son objetivos. Si alguien lo duda, le invito a ver la entrevista que concedió Donald Trump a la cadena de televisión Fox Business News el 12 de abril. Este canal es la televisión oficial de Trump, y está a su servicio, como podría estarlo Pravda al de los dirigentes soviéticos. Trump relata entusiasmado el bombardeo de un aeropuerto sirio el 7 de abril, en respuesta a un ataque químico atribuido al régimen de Bashar al Asad. La decisión de lanzar misiles, nos dice Trump, la tomó cuando vio en la televisión «bebés» agonizantes. La autenticidad de esas imágenes y el origen de las bombas químicas no se verificaron, aunque el presidente de Estados Unidos tuviera los medios. ¡Ah! Y no fue él quien vio esas terribles imágenes, sino que fue su hija Ivanka la que le habló de los «bebés». En ese momento, Trump almorzaba con el presidente chino, Xi Jinping. Llegan al postre: los detalles son importantes, Trump nos satura. El postre era una tarta de chocolate, «la mejor del mundo», asegura Trump, que informa al presidente chino, por si este no hubiera pillado la gastronomía estadounidense. A la mitad del postre, advierten a Trump de que hay 59 misiles listos para ser lanzados desde un barco estadounidense. Trump da la orden y se lo notifica al presidente chino, que «se amolda». Los dos terminan su postre como si al otro lado de los misiles no hubiera víctimas y suponiendo que, detrás de ese lanzamiento, hay una estrategia para terminar la guerra. Pero no: Trump dice a la periodista de Fox que ha bombardeado… Irak. La periodista le corrige: «Siria». A Trump le molesta esta observación, ¡Siria, Irak, qué más da! Retoma la descripción de la tarta. Está extasiado con el alcance de esos misiles, que descubre como un niño que abriera sus regalos de Navidad. No se trata de estrategia, pues esta respuesta –sin autorización del Congreso de Estados Unidos ni de la ONU– no ha servido de nada: el aeropuerto sirio está intacto, el conflicto continúa. Trump ha jugado bien, la combinación de chocolate y misiles que hacen pum le ha proporcionado una alegría irresistible.

Ejército europeo «El mundo no puede estar sin vigilancia, a menos que se deje el campo libre, más de lo que ya lo está, a todos los dictadores y a todos los delirios. Solo un Ejército europeo podría sustituir al Ejército estadounidense»

Segundo pum catapum: el 13 de abril, Trump suelta, al este de Afganistán, una bomba convencional, la mayor del arsenal estadounidense, sobre una base talibán. Treinta y seis muertos. ¿Los han contado sabiendo que esta bomba destruye todo en un radio de un kilómetro? Pensándolo bien, 36 para un proyectil tan grande, no impresiona a nadie. Quiénes son, no se sabe. ¿Se incluye este bombardeo en una estrategia de conjunto? No más que en Siria. Pero Trump ha hecho explotar su juguete y se adivina que el Ejército estadounidense está encantado, porque ningún presidente, hasta ahora, había autorizado el lanzamiento de esta bomba.

Tercer ejemplo: el 31 de marzo, Trump ordena a la marina de guerra desplegarse a lo largo de las costas de Corea del Norte. Dos semanas después, la prensa estadounidense descubre que la flota se dirigía de hecho hacia Indonesia, pero el ministro de Defensa no había osado contradecir a Trump. Dentro de dos semanas, se dice, esta armada llegará a Corea. ¿Qué podría hacer? ¿Invadir Corea del Norte? Absurdo. El único resultado es agudizar la paranoia de los norcoreanos e incitar a la dictadura a acelerar el programa nuclear que constituye su protección frente a un derrocamiento del régimen. Trump confiesa que «lo de Corea es más complicado de lo que imaginaba». Un descubrimiento que ya había hecho al dar marcha atrás sobre la reforma de la asistencia sanitaria y sobre la entrada de los musulmanes en Estados Unidos.

Todo esto sería gracioso si no hubiera víctimas y si ese comportamiento infantil no augurara gestos futuros. Trump, de fracaso en fracaso, buscará un éxito, incluso a riesgo de correr aún más riesgos. ¿Qué hacer? Conviene tomar nota de que Trump es una amenaza y de que la paz no puede ya depender del Ejército estadounidense: este obedece órdenes, y el entorno incompetente de Trump no lo calmará. Ahora bien, el mundo no puede estar sin vigilancia, a menos que se deje el campo libre, más de lo que ya lo está, a todos los dictadores y a todos los delirios. Solo un Ejército europeo, capaz de intervenir de lejos, podría sustituir al Ejército estadounidense. Ya sabemos que esto no es una prioridad para los europeos. Hasta que sea demasiado tarde. Recordemos que los estadounidenses, antes de Trump, esperaron hasta 1917, y después hasta finales de 1941, para socorrer a los europeos. Putin, Xi Jinping, Asad, el Estado Islámico, no son ni el Káiser ni Hitler. ¿Pero qué sabemos? O nos anticipamos, o improvisamos. Pero lo que es seguro es que entramos en una zona de turbulencias.

Guy Sorman

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