Trump y Putin contra el mundo

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Antes de la elecciones en noviembre, algunos de mis alumnos de Relaciones Internacionales, haciendo de abogados del diablo, me preguntaron: “¿No es mejor que Estados Unidos mejore su relación con Rusia?”. Y es cierto, pero las relaciones se basan en la confianza mutua y a pesar de lo que piensa el presidente electo de EE.UU., Donald Trump, Rusia no hace lo que le corresponde.

De hecho, en una entrevista en septiembre en RT, me preguntaron por la supuesta rusofobia del Partido Demócrata. A la pregunta añadieron dos noticias completamente falsas sobre la filtración de los correos electrónicos de Hillary Clinton. Intenté contestar de forma honesta pero diplomática, ya que estaba hablando con un canal de televisión que pertenece al Gobierno ruso. Mientras las palabras salían de mi boca -que las investigaciones de las filtraciones de los emails las indicaba un fuente en Rusia-pensaba: ¡Cuidado! A mí no me corresponde meterme en esta situación tan complicada. ¡Soy una simple analista! No represento a nadie.

Sin embargo, ahora no pienso ser tan diplomática. Los 17 servicios de inteligencia de Estados Unidos han concluido que sí, que el gobierno de Rusia ha interferido en las elecciones y que, además, esta intervención señala directamente a Vladimir Putin. Aunque no hay total unanimidad al respecto, todo apunta a que lo hizo con la intención de ayudar a la improbable victoria de Donald Trump. Si bien es cierto que lo hizo con el propósito de hacer el máximo daño posible a la campaña de Hillary Clinton.

El hecho de que Rusia haya intentado influir en los resultados de las elecciones americanas no es sólo grave para la candidata demócrata, su partido o sus votantes. La democracia depende de que se celebren elecciones libres y justas. Por lo que las acciones de Rusia son un grave golpe al sistema democrático no sólo de Estados Unidos, sino de todo el mundo.

Un golpe que forma parte de los esfuerzos rusos por debilitar la alianza transatlántica que ha construido el orden mundial liberal después del juramento de “nunca más” tras la Segunda Guerra Mundial. Como Trump, Putin quiere volver a hacer una Rusia great again, pero sabe que no lo conseguirá mientras el orden mundial gire alrededor de Estados Unidos y Europa.

Pero, volviendo a Estados Unidos: los senadores republicanos John McCain y Lindsay Graham no tardaron en unirse a los líderes demócratas para pedir más investigación. Además, desde que el líder del Senado, el conservador Mitch McConnell, se reunió con el portavoz de la Cámara de los Representantes, el republicano Paul Ryan, y los líderes de los demócratas, Trump se ha aislado de una forma sin precedente para un presidente electo, pero, claro, el multimillonario no es un presidente típico.

Su campaña fue en contra tanto de los republicanos como de los demócratas, de tal modo que algunos de los conservadores expresaron abiertamente su oposición a la candidatura de Trump. El empresario no es todavía oficialmente presidente electo, hace falta el voto de los electores el 19 de diciembre. Ya sabemos que perdió el voto popular por unos 2,7 millones de votos, pero venció a Clinton en el voto electoral por 74 votos. Hay un movimiento de electores republicanos que quieren votar otro candidato y otros que están pidiendo un briefing de la CIA antes de votar. Si se quiere Obama puede facilitar este informe para los electores. Además, ha prometido tomar medidas contra el hackeo durante sus últimas semanas como presidente. Hay reportajes que señalan que cada vez hay más tensiones en la transición, por una parte están los que abogan por drenar el pantano, representados por Steve Banon, su estratega principal y el establishment del partido encarnado por Reince Priebus, su jefe de gabinete. Normalmente este periodo de transición es un especie de luna de miel.

Pero, de nuevo, no hay nada normal en torno la presidencia pendiente de Trump. Es el primer presidente electo de la historia que se ha negado a recibir el briefing diario de seguridad, que rechaza los resultados de los informes de la CIA al creer que son fruto de una “teoría de la conspiración” y que, además, son “ridículos”. Trump nos asegura que es “una persona lista” y, por tanto, no necesita que nadie le repita la misma información todos los días. Con estas afirmaciones demuestra que no entiende la importancia de la Inteligencia en la Seguridad Nacional e indica una total falta de respecto por el trabajo de estos expertos.

Mientras era candidato expresó su admiración por Putin y le pidió que hackease los emails de Hillary Clinton. Nunca ha hecho públicas sus declaraciones de la renta, las cuales probablemente muestren la financiación que recibe de Rusia para sus negocios. Para más inri, Trump todavía no ha aclarado cómo va a separar sus intereses políticos de sus negocios para no tener conflictos de interés en todo el mundo.

El hecho de que los dos partidos en el Congreso estén unidos y decididos en tomarse en serio la intrusión de Rusia en las elecciones pero Trump no, es muy representativo de su poco aprecio por la democracia americana. Proteger la democracia y defender la integridad de nuestras elecciones tiene que ser más importante que cualquier lucha bipartidista.

Además, el bromance entre Trump y Putin no es simplemente retórico, nos estámostrando cómo quiere gobernar a través de sus nombramientos, sobre todo RexTillerson, para la secretaría de Estado. Este hombre, es el CEO de la empresa petrolera ExxonMobil, la cual tiene una relación muy estrecha con Vladimir Putin ya que hacen negocios juntos desde hace años. ExxonMobil tiene muchas posibilidades de ganar si Trump decide quitar las sanciones. Algunos republicanos en el Congreso ya han expresando su oposición, ya que desde la Guerra Fría el Partido Republicano se ha posicionado como antiruso.

El nombramiento Michael Flynn como asesor de Seguridad Nacional también está relacionado con Rusia. Ya que la designación incluye asistir de manera remunerada a la fiesta del aniversario de la emisora RT, sentado al lado del mismísimo Putin.

En el tercer debate entre Trump y Clinton la demócrata se refirió al líder ruso diciendo que “preferiría tener una marioneta como presidente de los Estados Unidos”. Trump, respondió de forma robótica: “No, como una marioneta, no”. El mes siguiente a las elecciones nos ha demostrado la peligrosa combinación entre la admiración por Putin, el rechazo por la información que necesita para hacer su trabajo y el desinterés en los valores democráticas.

La visión que tiene Trump del mundo es transaccional. Y aunque eso no es necesariamente malo, es fundamental tener valores. Durante estos días, hemos visto a través de los medios sociales una verdadera infierno en Alepo a manos de Putin y su aliado, Bashar al-Assad. A pesar de expresar interés en unirse con la OTAN hace años, su objetivo últimamente ha sido intentar romper la alianza de seguridad, ya que para él representa una amenaza a su habilidad de influir en los países de alrededor. Es más, sigue ayudando a los partidos populistas de la ultra derecha en Europa, especialmente al Frente Nacional de Marine le Pen.

Si valoramos el orden mundial fomentado por EE.UU. y Europa tras la Segunda Guerra Mundial, el cual ha presidido una temporada pacifista sin precedentes en la historia, si valoramos la democracia y la soberanía de las naciones, tenemos que estar muy atentos a lo que está pasando.

Los líderes de todos los partidos por ambos lados del Atlántico tienen la obligación de defender la soberanía de sus elecciones, así como de denunciar y rechazar las intrusiones de Rusia en sus comicios. Así como luchar contra la información falsa, los hackeos e infiltraciones y por supuesto, la financiación ilícita. La alianza transatlántica en estos momentos tiene que actuar de forma unida, de lo contrario tendrá repercusiones para todo el mundo. Como ciudadanos de Europa y de Estados Unidos, es nuestro deber exigir a nuestros líderes que luchen en pro de la verdad.

Alana Moceri es profesora de Comunicación Política en la Universidad Europea de Madrid y fundadora del movimiento Spain for Hillary.

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