Turquía, ¿un puente?

Por Said Aburish, escritor y biógrafo de Sadam Husein. Autor de Nasser, el último árabe. Traducción: José María Puig de la Bellacasa (LA VANGUARDIA, 12/01/08):

Todo el mundo en Oriente Medio habla del "factor turco". Distante e intencionadamente apartada de árabes y musulmanes desde los años veinte del siglo pasado, Turquía ha reaparecido en escena como importante protagonista en la región.

La actual implicación de Turquía en Oriente Medio presenta diversas facetas. Existen problemas como el acceso a los recursos hídricos en el caso de la población kurda; por otra parte, Turquía se implica de manera voluntaria en problemas como el conflicto árabe-israelí y el enfrentamiento entre el islam suní y el chií. Sea como sea, en todos los casos la presencia de Turquía, miembro de la OTAN con un ejército permanente de medio millón de soldados, ha modificado el panorama por completo, en la mayoría de aspectos en sentido positivo.

El futuro de los kurdos y sus aspiraciones históricas a tener su propio país están en manos de Turquía. La única razón por la que los kurdos que viven en Turquía, Irán, Iraq y Siria no han unido sus fuerzas para crear un Kurdistán independiente es el temor a una reacción de Turquía.

Iraq es demasiado frágil para enfrentarse a ellos y Siria e Irán no pueden controlarlos. Sólo Turquía los mantiene a raya.

De hecho, Turquía ha dejado claro que se halla presta a invadir a los kurdos en el norte de Iraq a menos que los rebeldes del PKK (partido político de los kurdos turcos) suspendan sus incursiones en el sudeste de Turquía. Independientemente de quien gobierne en Turquía, todos los ejecutivos son totalmente contrarios a conceder a los kurdos un estatus especial. Además, Turquía observa de cerca los movimientos de los kurdos en países vecinos no sea que tanto sus actividades como las concesiones de que puedan ser objeto alienten a los kurdos de Turquía a proceder por la misma senda.

El otro problema al que Turquía se ve arrastrada es el relativo a compartir las aguas del Tigris y el Éufrates. Si bien ambos nacen en Turquía, lo cierto es que resultan vitales para la prosperidad de Iraq, y las aguas del Éufrates se emplean además para regar el suelo agrícola de Siria.

Turquía ha construido presas en ambos ríos y emplea sus aguas para regar suelo agrícola y obtener electricidad. El mayor empleo del agua en origen - agua que precisan Siria e Iraq- afectaría negativamente a ambos países y conduciría a una mayor desestabilización de Oriente Medio. De todos modos, Turquía no ha hecho un uso de esas aguas que ponga en peligro las economías de sus dos vecinos árabes.

Los otros problemas en los que la presencia de Turquía ha actuado como factor moderador incluyen el conflicto histórico entre el islam chií y el suní. Recientemente, Turquía ha decidido ser parte en este antiguo conflicto porque hasta ahora ha visto cerrada la puerta de ingreso en la Unión Europea. Tal portazo le impulsó a dedicar un mayor interés político y económico a Oriente Medio, hecho que coincidió con la aparición del Irán chií en calidad de posible líder regional. Las ambiciones políticas de Irán y sus planes nucleares aceleraron la respuesta turca.

La Turquía suní se opone totalmente al dominio iraní ya sea sobre Líbano o Iraq. Temiendo que el aventurismo iraní pueda hundir Oriente Medio en el caos, ha adoptado iniciativas tendentes a apoyar a los enemigos de Irán. Manifiesta su apoyo al gobierno central iraquí y al gobierno libanés prooccidental. Y ha llegado aún más lejos hasta negociar la instrucción militar del ejército saudí (Arabia Saudí es también suní) en actual fase de expansión para responder a la amenaza iraní.

De modo simultáneo, Turquía respalda los esfuerzos tendentes a acabar con el conflicto palestino-israelí; ha declarado su oposición a la anexión israelí de Jerusalén y a la expansión de asentamientos israelíes en los territorios ocupados, posturas no explicitadas hasta ahora por temer que cualquier actitud contraria a los planes israelíes pudiera alejarle de su principal valedor, Estados Unidos.

Al obstaculizar el cumplimiento de las aspiraciones kurdas, plantear el uso y disfrute del caudal del Tigris y el Éufrates, mostrar señales de oponerse a las aspiraciones antioccidentales de Irán y adoptar una postura moderada en el conflicto palestino-israelí, Turquía se ha forjado su propia postura y dimensión en Oriente Medio. De hecho, su retirada en estos conflictos los agravaría. En el futuro, será conveniente prestar atención a las relaciones comerciales de Turquía con el resto de la región y a sus propias tendencias islámicas. Turquía ha duplicado en el último decenio sus exportaciones de productos alimentarios a los países productores de petróleo, como asimismo ha aumentado sus exportaciones de maquinaria agrícola, piel, muebles y ropa. El flujo en dirección contraria es también impresionante: los turistas de Arabia Saudí visitan a miles Estambul y otros lugares. Y las inversiones en la industria turca no se harán esperar.

Entre tanto, la solicitud turca de ingreso en la UE - pendiente desde hace 15 años- topa con mayor oposición por parte de Alemania y Francia. Si la solicitud se ve denegada, la inclinación de Turquía hacia Oriente Medio se acentuará. Si tiene éxito, Turquía encontrará las puertas abiertas para ser el puente entre Oriente y Occidente. Como si se aprestara a ello, hace cuatro meses eligió un gobierno musulmán. La influencia de Turquía hasta ahora ha sido beneficiosa, pero un rechazo europeo la radicalizaría. Occidente haría bien en alentar a Turquía a seguir llevando la flor en la mano, más razonable que blandiendo una cimitarra.